Yo decido, yo tengo la solución

Por Eugenio Solvi

Muchas veces demostramos una certeza inusual hacia ciertas situaciones, personas o momentos que consideramos tienen que ser de una forma determinada y de ese modo conseguimos que así sea.

Me explico, si entrando con el coche en una gran ciudad, nueva para mí, en la que nunca he estado pienso que sin opción alguna voy a perderme, sucederá así. Me he anticipado creyendo eso y mi propia predisposición ha sido la que me ha ayudado a perderme. He sido yo misma quien ha determinado una realidad negativa para mí, ya que en lugar a mi destino he estado dando vueltas malhumorada durante más de una hora.

Esto mismo puede suceder cuando nos presentan a alguien y ya antes de que nos la presenten estamos pensando que nos va caer mal o cuando pensamos que una situación concreta no tiene solución estamos cerrando nosotros mismo las vías para encontrarla de forma correcta.

No tenemos que malgastar nuestras energías yendo en nuestra contra, como se suele decir, tirando piedras a nuestro propio tejado, sino que esas fuerzas y ganas tienen que luchar por pensar en positivo y sacar las cosas a delante.

Muchas de estas personas no se dan cuenta que buena parte de sus problemas están dentro de ellos mismos. No se dan cuenta que esa inseguridad e insatisfacción es consecuencia del diálogo interno que tienen con ellos mismos.

Estas personas se convierten en personas infelices porque piensan que su situación ya no tiene solución, son ellas mismas las que se han metido en una trampa vital de difícil salida, piensan que ya no pueden salvarse y que además las cosas no van a mejorar ni pueden hacerlo. La falta de futuro y sobre todo la profunda insatisfacción que sienten les hace vivir una vida vacía de esperanza y llena de trampas vitales que ellos mismos se crean.

El mayor problema de estas personas son los pensamientos desmoralizadores que tienen, son pensamientos que terminan por creerse y se convierten en ciertos. Son personas que piensan que a estas alturas de la película ya no pueden cambiar, ellos mismos son quienes piensan y terminan creyendo eso.

Muchas tienen que aprender que sí es posible cambiar. Cuando ellas dicen y piensan que nos es posible hacerlo, piensan así por miedo, por pura inseguridad en ellos mismos.

Afortunadamente el control de nuestros pensamientos es posible y por lo tanto también es posible que controlemos nuestras reacciones y en consecuencia también nuestra propia conducta. Somos seres libres y capaces de dominar muchas más cosas de las que pensamos.

Una vez que inician el cambio enseguida se nota mejoría, ya que se sienten mucho más contentas y satisfechas y por supuesto totalmente orgullosas de su nueva manera de actuar y ver la vida.

La persona es un proceso permanente de crecimiento que continuamente se supera y adapta. Si alguien se atreve a negar esta realidad, está negando uno de los principios esenciales de las personas. Con ellos lo que niega también es la posibilidad de aprendizaje y enriquecimiento.


Las ranas hacen CHOP


Ricardo Ros – Las ranas hacen CHOP Cómo conseguir mis objetivos

El cerebro humano está equipado con múltiples sistemas de pensamiento. Todos los seres humanos podemos utilizar todos los sistemas de pensamiento, no solo el lógico. Tener una inteligencia práctica supone hacer las cosas de forma deliberada para producir un efecto. La inteligencia es una herramienta que sirve para ser usada de forma práctica. Hay muchas personas con un alto grado de inteligencia (Cociente Intelectual elevado), que no saben desenvolverse en la vida. Hay muchas personas con cualquier grado de Cociente Intelectual, incluso bajo, que saben resolver las cuestiones que se presentan en su vida. En eso consiste la inteligencia práctica. La Inteligencia práctica se puede aprender. Basta con saber sus secretos. CHOP: Comenzar, Hacer, Observar, Pensar. Esta es la base de la inteligencia práctica.

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