Verdades y mentiras

Por Michael Ross

Según el famoso doctor japonés. S. Nikola, Catedrático de neurología de la Facultad de Medicina de la Universidad  de Yamaguchi,  más de  un uno por ciento de nuestra actividad cerebral se dedica al análisis y comprobación de las informaciones recibidas con el fin de determinar la veracidad de las mismas. En casos de personas muy desconfiadas, este porcentaje puede llegar al 4 e incluso al 4,5 por ciento, así que teniendo en cuenta que solamente utilizamos el 10 por ciento de nuestro cerebro, resulta que casi su mitad puede estar dedicado a comprobar que los datos que recibimos son ciertos y que no se tratan de una patraña sin sentido.

Lo primero que analizamos es la fuente de la información. Según de donde proceda tendrá más o menos posibilidades de que nos la creamos o no.

Cuando consideramos que la fuente de información es de garantía, tendemos a creerlo todo sin discriminar los temas que se traten. Así que, es corriente considerar opiniones validas, las vertidas por personas que por contar con nuestra simpatía o admiración, les atribuimos el don del conocimiento absoluto.

Esta influencia la ejercen habitualmente los padres con los hijos, porque éstos toman a sus progenitores como referencia y ejemplo de sabiduría, aunque sean a veces las personas más torpes de la tierra.

Capítulo aparte merecen las directrices emanadas por los mandatarios de cualquier doctrina religiosa. Cualquier cuestión divina o humana sobre la que se pronuncien u opinen sus dirigentes, viene con el marchamo de la verdad para sus respectivos seguidores, y no por lo que se dice, sino por quien lo dice.

De esta tendencia humana se valen los publicistas para provocar la compra de algunos productos. Es corriente ver como un cantante de fama anuncia un reloj determinado, un habilidoso futbolista procedente de otras tierras, hábitos y culturas, nos diga qué producto es el más recomendable para que desayune un señor de Albacete, o un guapo actor nos recomiende lo qué debemos comer para mejorar nuestro tránsito intestinal y así parecernos mucho a él. ¿No sabrán más de estas cosas un relojero, un dietista, un especialista en digestivo o un cirujano estético?.

Si buscamos una opinión de garantía sobre un tema concreto, deberíamos pedírsela a las personas concretas especialistas en dicho tema, porque aunque su opinión pueda ser discutible y discutida por otros científicos u otras tendencias, su punto de vista seguro que tiene el fundamento necesario como para enriquecer nuestra opinión y nuestra cultura.

Pero lo más común, lamentablemente, es pedir la opinión de cualquier cosa a los personajes populares, como si por el mero hecho de salir en las revistas del corazón, ser una excelente cantante de ópera o un político de actualidad, mereciese la pena conocer su opinión sobre cualquier tema, y su criterio fuera más atractivo y creíble que el del tendero de la esquina.

Es corriente preguntar a la famosa modelo, no solo por el régimen alimenticio y el tipo de vida que hay que llevar para mantener su escultural y a veces anoréxica figura, sino que también se le pregunta sobre política, religión o modelo ideal de relación entre padres e hijos. Lo más probable es que su análisis de la política internacional no tenga ni pies ni cabeza y, además, el régimen alimenticio que le recomiende, no le vaya a usted nada bien y es muy poco probable que se le ponga a usted un tipo tan mono como el suyo.

Sería más aconsejable que leyéramos y escucháramos a especialistas en historia y política internacional para formarse una opinión sobre la situación en el mundo y, si nos preocupa nuestra dieta, fuéramos a la consulta de un especialista en nutrición. El profesional valorará nuestros datos personales: edad, fisiología, tipo de vida, etc y nos recomendará un régimen de acuerdo con nuestros datos, no con los de la escultural modelo de cinturita de avispa.

En resumen, que solo debería opinar el que es un entendido del tema, pero como no es así, nuestro cerebro dedica casi el 5% de su capacidad a analizar las informaciones que recibimos, para intentar evitar que cualquiera pueda darnos gato por liebre.

Todos tenemos posibilidad de ser timados y manipulados si la información está suficientemente bien presentada, sobre todo si lo dicen en la televisión, como si la llamada caja tonta fuese la máquina de la verdad.

Sin ir más lejos y como ejemplo de esta idea, debo confesar a mis lectores que el nombre del profesor japonés que figura al principio de este escrito, así como cargos académicos y datos sobre la distribución de la actividad del cerebro humano, son absolutamente falsas y si hay algo de cierto en ello, será por pura casualidad, porque todo es fruto de mi imaginación, con la única intención de demostrar que cualquier opinión, sobre todo si es por escrito, puede ser creída.

Seguramente algunos de ustedes se han percatado inmediatamente del truco, otros habrán dudado, pero, probablemente, un sector de lectores de este escrito habrá dado por ciertos mis datos. A estos últimos les agradezco especialmente su confianza, pero les aconsejo que no se fíen de nadie en el futuro, sin contrastar los datos. Ni siquiera de mí.

Stop a la AgorafobiaRicardo Ros – Stop a la Agorafobia

Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.

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1 Comentario

  • “E pur si muove”, como diría Galileo. Vaya renovación. Se agradece el cambio, ha mejorado mucho la navegación y visualmente es mucho más agradable. Suelo visitar la web para proponer temas a mis alumnos y les recomiendo que la visiten como material de apoyo y formación de criterio. Creo que les va a facilitar aún más el trabajo. Buena idea.

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