Medio lleno o medio vacío

Por Elisa Hernández

Aquellas personas cuya tendencia sea más positiva y con una predisposición mucho menor hacia la ansiedad les va a costar mucho más creer y aceptar que el pesimismo defensivo puede tener algún tipo de efecto positivo. Si de un modo “artificial” tratamos de que un pesimista vea las cosas desde un punto de vista más optimista, es decir, si alteramos su ensayo mental habitual lo que conseguimos es que se complique su funcionamiento.

Una de las características de los pesimistas defensivos es el siempre recurrente diagnóstico sombrío. Así ante una misma prueba y con preparaciones académicas muy parecidas las expectativas y nervios antes de la misma son muy diferentes. Los pesimistas tendrán los nervios a flor de piel y ante la pregunta de cómo creen que les va a ir la prueba, sus respuestas serán mucho más negativas y pesimistas que las del otro grupo.

Los pesimistas defensivos deben su gran capacidad de actuación a los propios miedos que ellos mismos se crean que al final les sirven como motor e impulso efectivo.

Otra de sus características más comunes es la de que su ansiedad alcanza su punto más álgido antes de la prueba concreta, lo que les lleva a enumerar mentalmente todas las posibles catástrofes antes del momento “X” lo que les permite liberarse para el momento cumbre, permitiéndoles liberarse y obtener mejores resultados.

La forma en la que pensamos y nos sentimos está íntimamente ligada, por lo tanto resulta interesante averiguar cómo los estados de ánimo de los pesimistas defensivos pueden influir en su estrategia y en su comportamiento.

Muchos pesimistas defensivos se quejan de que el resto de la humanidad trata de cambiarlos para que piensen en positivo y traten de ver el vaso medio lleno, sin embargo muchos de ellos simplemente prefieren seguir así ya que han comprobado que esa forma de pensamiento es la que realmente les ayuda a ellos.

“Creen que animándonos constantemente y pidiéndonos que pongamos buena cara nos están ayudando, cuando en realidad no es así.”

La forma que tiene para superar sus miedos es justamente esa actitud y por lo tanto no desean ni necesitan que nadie les “cure”. Esa forma de hacer frente al mundo les funciona y por lo tanto no van a cambiarla.

Otras muchas veces las personas ni siquiera son conscientes de las estrategias que están asumiendo. Lo hacen de un modo totalmente inconsciente, se trata de un hábito muy arraigado que les permite sacar a delante aquello que se han propuesto y por lo tanto ni siquiera se plantean el actuar de otro modo.

Estas personas muchas veces ni siquiera encuentran incentivos que les hagan probar un nuevo sistema. ¿Para qué van a cambiar algo que les funciona bien? Siempre priorizamos aquello que conocemos en contra de algo nuevo que nos da auténtica pereza probar y empezar desde cero.

Por otro lado puede que una persona tenga una actitud pesimista defensiva en el trabajo pero sea totalmente positiva en su vida familiar por ejemplo. No suele ser lo más común pero se conocen casos así, e incluso casos de personas que ante los buenos resultados obtenidos con el empleo del pesimismo negativo en el trabajo les hace extenderlo al resto de sus áreas.

Lógicamente cada sistema tiene su precio pero por lo que he podido comprobar a las personas pesimistas defensivas les compensa actuar y pensar de eso modo concreto.

 

Las ranas hacen CHOP


Ricardo Ros – Las ranas hacen CHOP Cómo conseguir mis objetivos

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