Una enseñanza eficaz

Foto: Natalie Bowers(Licensed Undeer Creative Commons)

Foto: Natalie Bowers(Licensed Undeer Creative Commons)

Por Eloísa Milton

Los maestros que parecen más eficaces proporcionan experiencias que facilitan la participación de los alumnos.

Suelen reconocer que las fases iniciales de cualquier aprendizaje son importantes y por eso tratan de ayudar a los alumnos a recordar experiencias anteriores y a saber con qué tienen que relacionar lo que tiene que aprender.

Un buen maestro utiliza el potencial del alumno y le hace pensar en voz alta.

Este es un magnífico ejercicio que nos permite aclarar las ideas además de estimular al resto de la clase.

La presentación de nuevos materiales e ideas también estimula la participación.

Las mejores relaciones entre profesor y alumno se basan en una consideración positiva hacia los alumnos. Se basan ,a sí mismo en la comprensión y muestran que la comunicación con los alumnos supone tanto escuchar como hablar.

En este tipo de clases los alumnos pueden elegir y asumir riesgos sin temor a ser censurados o ridiculizados por sus opiniones.

La esencia de esta relación se describe como “consideración positiva incondicional”.

El profesor debe demostrar coherencia y justicia en sus acciones. Los alumnos no esperan otra cosa de sus profesores sino que hagan “lo que tengan que hacer” y “hagan lo que dicen”.

Desarrollar destrezas de escucha es otra de las claves para conseguir una clase eficaz. Los profesores están muy atentos a lo que ocurre en clase, sin embargo esto no siempre refleja una comunicación, puesto que en muchas ocasiones más parece que estén vigilando de que se respete el orden en lugar de responder a las expectativas académicas de sus alumnos.

Un profesor debe estimular las conductas de elección, enseñar al alumno a responsabilizarse y a que asuma sus propios riesgos. Para ello hay que ofrecerles experiencia nuevas y oportunidades de experimentar nuevas conductas, incluso experimentar el fracaso como parte importan del aprendizaje.

El profesor debe establecer unos límites , no para restringir las capacidades del alumno sino para liberarlas. Esto incide directamente en el clima de la clase. Las reglas deben de ser claras y basadas en los intereses del alumno. Se deben establecer unas recompensas y sanciones que promuevan la autodisciplina y la autoestima. El profesor debe tener consistencia a la vez que flexibilidad al responder a los alumnos ya los acontecimientos.

La motivación y el elogio eficaz dirige la atención hacia el progreso y el rendimiento. El elogio debe ser sencillo y directo, sin aspavientos, variado, acompañado por la adecuada comunicación no verbal, evitando enunciados ambiguos y deben ser expresados, por regla general, en privado.

La información a los alumnos, acerca de su actuación, a medida que van realizando sus tareas, es esencial para que los alumnos atribuyan sus logros a sus propia motivación intrínseca.

La planificación de las clases y actividades es fundamental para el éxito.

Las destrezas necesarias se desarrollan a través de la experiencia profesional.

Estas destrezas pueden ser de organización (ordenar materiales e información), de análisis (analizar fuentes complejas de información), de síntesis (crear argumentos con las ideas), de presentación (clarificar la información) o de evaluación (juzgar el trabajo para darles información adecuada).

La eficacia de un profesor está en él mismo, en sus diversos modelos de enseñanza, en su diversidad de estilos y enfoques, en su conjunto de destrezas y en su capacidad para hacer de la enseñanza un arte.

Siguiendo con nuestro análisis sobre la actual situación de la educación y su aplicación en la escuela, debemos incidir en que el desarrollo profesional del profesorado alcanza su mayor eficacia cuando dentro del centro existe una espíritu de colaboración entre los integrantes del equipo docente.

La colaboración con el resto de colegas se convierte así en uno de los principios básicos sobre los que se debe asentar la educación.

A través de ella se transforma el aprendizaje individual en un aprendizaje compartido, que permite que los docentes sigan mejorando en su trabajo, no sólo a través de sus propias experiencias sino que también pueden incorporar a su bagaje las de otros colegas.

Este objetivo comienza con la creación de un entorno favorable al diálogo entre los profesores.

Mediante el diálogo se pueden plantear estrategias de enseñanza así como los pasos a seguir en la aplicación en el aula. También pueden recogerse orientaciones, análisis y comparaciones entre todas las estrategias escogidas.

Este clima de diálogo y colaboración debe permitir, igualmente, un criterio uniforme de evaluación del alumnado en base a unas pautas creadas al efecto.

La obtención de unos parámetros unitarios que sirvan para todos los docentes pueden ser de gran ayuda para la investigación educativa, además de constituir un marco mucho más homogéneo y justo para el alumno, que de esta manera pude evitar evaluaciones enquistadas y subjetivas por parte de determinados profesores.

A través de la celebración de seminarios, los docentes pueden tener la oportunidad de poner en común sus diferentes visiones, estrategias y experiencias del método educativo, así como su aplicación.

No obstante, la asistencia a un seminario no es suficiente porque la adopción de determinadas estrategias requieren una aplicación inmediata y un apoyo por parte del centro educativo en el que el docente desempeñe su trabajo.

Debe existir una continuidad entre lo que el profesor aprende en estos seminarios y su aplicación en la escuela.

Generalmente el profesor se suele encontrar muy solo y con muchas dificultades para poner en práctica estos nuevos métodos, bien por falta de medios, de colaboración, de comprensión, etc.

El ideal sería de que el propio profesor recibiera una formación en la propia escuela donde desarrolla su labor, dedicando parte de su tiempo docente a su propia formación.

También la investigación y la reflexión son elementos importantes para la mejora de la enseñanza.

Se ha observado que las escuelas que dan la debida importancia a estos dos factores les resulta mucho más fácil hacer un seguimiento del desarrollo metodológico así como de los objetivos alcanzados y de las metas que todavía no han podido conseguirse, de los métodos desarrollados con éxito y de los fracasos.

Suele coincidir que son precisamente los profesores que son más autocríticos con su propia actuación los que tiene un mayor número de destrezas para desarrollar sus clases y dotarlas de un mayor dinamismo y creatividad.

En resumen, cualquier escuela que quiera mejorar su calidad de enseñanza debe plantearse una serie de cuestiones básicas como cual es realmente su situación en ese momento, cual es la situación en la que quiere verse y cuales son los métodos para conseguir ese estado deseado.

Este planteamiento implica una actualización constante que sin duda redundará en beneficio de los alumnos.


Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.
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