Trastornos el aprendizaje de la lectura: la dislexia

Foto: Drews(LCC)

Por Adriana S. Linares

La capacidad humana para aprender a leer es una de las más complejas que el sistema nervioso del ser humano puede desarrollar y por tanto es también una de las más delicadas y vulnerables. La lectura es una actividad que exige una alta maduración de todo este sistema. Por eso los niños tienen la capacidad para aprender a leer a partir de una determinada edad y no antes. En primer lugar se necesita una maduración de los sistemas sensoriales, que el individuo sea capaz de centrar la mirada, de discernir entre una figura y el fondo que la rodea.

Así mismo es necesario que sus movimientos, incluida su vista, estén coordinados convenientemente, para ello es importante que los músculos del ojo estén bien formados.

Aprender a leer es para el niño la adquisición de un segundo lenguaje.

Mientras las escrituras ideográficas (como la egipcia o la azteca) están basadas en la representación más o menos exacta de las cosas por medio de signos, en las escrituras fonéticas como la nuestra las letras representan sonidos (son escrituras fonéticas).

Por eso el niño debe primero asociar cada signo, cada letra, con su sonido correspondiente. Esta asociación debe ser automatizada por el cerebro de tal manera que cada letra nos evoque inmediatamente el sonido que representa y la asociación de sonidos nos recuerde también inmediatamente las ideas u objetos que nombran.

Se han realizado muchos estudios sobre el movimiento de los ojos en la lectura, estableciéndose que estos no trazan un movimiento suave, continuo, sino que saltan de unas palabras a otras. Las palabras más familiares son leídas de un modo global, mientras que otras que nos resultan más extrañas hacen que nuestra vista se fijen en ellas con mayor detenimiento, intentando averiguar su significado.

Sin ninguna duda, la lectura no tendría sentido si no llegáramos a la comprensión de lo leído.

Se han analizado algunos de los trastornos más frecuentes que pueden afectar al aprendizaje y posterior desarrollo de nuestra lectura.

Podemos distinguir entre los más comunes aquellos que se deben a defectos sensoriales, aquellos que se deben lesiones o malformaciones cerebrales y por último aquellos motivados por trastornos emocionales.

Detengámonos a analizar los demás problemas que pueden afectar a este aprendizaje.

Es evidente que una buena visión es fundamental para aprender a leer. La gran mayoría de niños con problemas en este campo es porque de entrada tenían algún defecto de visón (miopía, hipermetropía, astigmatismo, estrabismo, etc…)

Aunque en menor medida también el tener algún defecto auditivo puede ser causa de dificultad o retraso en el aprendizaje de la lectura.

Aunque cualquier de estos defectos físicos pueden ser la causa más frecuente, lo primero que se nos viene a la cabeza cuando un niño tiene dificultades para aprender a leer es que tiene algún tipo de defecto o de lesión cerebral que se lo impide. Con los actuales controles médicos y su seguimiento a través de un historial clínico detallado el control sobre una posible lesión cerebral es mucho más minuciosa.

Otra posible causa de retrasos en el aprendizaje puede ser debido a problemas emocionales derivados de un ambiente familiar conflictivo, hogares desestructurados, problemas de alcoholismo, drogadicción, malos tratos, delincuencia, nomadismo, etc., que influyen negativamente en un correcto aprendizaje.

Por último hablaremos de la dislexia como una causa específica de retraso en el aprendizaje del lenguaje y de la lectura.

Sólo se debe hacer un diagnóstico de dislexia después de haber excluido cualquiera de las causas anteriores. La dislexia es una dificultad específica que afecta en campos relacionados con el lenguaje a individuos con un desarrollo normal en el resto de las actividades intelectuales.

Los síntomas que caracterizan al niño disléxico se presentan tanto en el aprendizaje de la lectura como de la posterior escritura, manteniéndose intactas las demás funciones como la memoria, el cálculo, la imaginación, la creatividad, la inteligencia, etc…

El niño disléxico tiene dificultades para comprender el lenguaje escrito, confunde algunos sonidos y su representación gráfica correspondiente. Presenta, así mismo, alteraciones en la escritura.

Muchos de estos niños han presentado ya trastornos en el lenguaje, aprendiendo a hablar más tarde de lo normal y exhibiendo una manifiesta torpeza en sus movimientos . Esta torpeza está relacionada con la dificultad en la escritura.

Existe un innegable componente genético en la dislexia, siendo muchas veces hereditaria, aunque sea casi tres veces más frecuente en el hombre que en la mujer.

La lectura del disléxico tiene una serie de rasgos característicos que la identifican y que ha sido incluso denominada “lectura en espejo” ya que algunos de los trastornos típicos son confundir las letras b con la p y la d, la p con la q o la n con la u.

Generalmente el niño disléxico distingue perfectamente estas letras cuando se le presentan aisladas pero no puede evitar confundirlas cuando se le presentan combinadas con otras letras formando palabras o frases.

Este trastorno no es sólo propio de los niños disléxicos, puesto que esto es relativamente frecuente en más de la mitad de los niños que comienzan a leer. Pero, por el contrario, esto es algo que tiende a desaparecer en la mayoría de los casos al cabo de pocas semanas.

El segundo rasgo típico de los disléxicos son las llamadas “palabras adivinadas”. Es normal que durante la lectura nuestros ojos “rastreen” las palabras periféricas sin fijar plenamente su atención en ellas, adivinando así lo que van diciendo. No nos es necesario fijar nuestra mirada en ellas para saber lo que dicen.

Esto ocurre en mucho mayor grado en el caso de los disléxicos, ya que procuran subsanar su dificultad mediante una mayor “imaginación”, convirtiendo cualquier texto coherente en un cúmulo de absurdos.

Es frecuente igualmente en los disléxicos, que tengan dificultad en la continuidad de la lectura, confundiendo la línea en la que van, saltando de una a otra o leyendo dos veces la misma línea. Si en alguna ocasión se distraen les cuesta muchísimo encontrar donde iban para volver a la lectura.

Todo esto muestra como esta actividad se convierte en algo realmente fatigoso para los disléxicos.

Un trastorno especifico relacionado con la dislexia es la disgrafía, que como su nombre indica se trata de una dislexia aplicada a la escritura.

Los rasgos que caracterizan la disgrafía son comunes a los de la dislexia: se confunden las letras d por q o b por d y n por u. También se confunde ou por uo y otras inversiones de letras.

En otras ocasiones repiten varias veces la misma palabra escrita como si se hubieran olvidado que acababan de escribirla. También presentan un trastorno en su orientación espacial confundiendo la derecha y la izquierda.

El resultado de todo esto es una escritura ininteligible, con mala caligrafía y numerosas faltas de ortografía.

Las dificultades que encuentra el escolar tanto por la dislexia como la disgrafia tienen normalmente negativas repercusiones en su rendimiento escolar. Tanto la lectura como la escritura se convierten en un suplicio para el niño que requiere de un sobre esfuerzo continuo.

Este problema trasciende al entorno familiar en que se suele dudar de la capacidad intelectual del niño, se le toma como un retrasado mental o como un mal escolar que no hace el suficiente esfuerzo.

Esto crea en el niño un sentimiento de inferioridad y de frustración que le llevan a la agresividad e incluso a problemas de sonambulismo o enuresis.

Para la mayoría de los expertos la dislexia no es sino una asimbolia, un trastorno en el reconocimiento, orientación y ritmo de los símbolos, de las letras. Es la falta de reconocimiento entre el objeto, los símbolos que la representan y los sonidos que se utilizan para expresarlas.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia
Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.


Más información

 

2 Comentarios

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR