Todo comportamiento tiene un efecto: nuestros estados de ánimo

imaginacionPor Jaime González

Cuando decimos que una persona es difícil nos referimos a que su comportamiento crea problemas, tanto a uno mismo como a los demás. Cuando nos relacionamos con personas complicadas lo hacemos con sus actitudes o comportamientos. No podemos controlar la actitud de los demás pero con un buen dominio sobre la nuestra podremos llegar a influir sobre el resto.

Cuando decimos que una persona es difícil nos referimos a que su comportamiento crea problemas, tanto a uno mismo como a los demás. Cuando nos relacionamos con personas complicadas lo hacemos con sus actitudes o comportamientos. No podemos controlar la actitud de los demás pero con un buen dominio sobre la nuestra podremos llegar a influir sobre el resto.

Muchas veces cuando nos encontramos en el camino con una persona complicada en vez de actuar inteligentemente y dominar la situación acrecentamos el problema respondiendo de una forma mordaz y incluso poniéndonos a la defensiva.

Por poner un ejemplo imaginemos que usted trabaja de cara al público y aunque el 90% de las personas con las que le toca lidiar son educadas y respetuosas queda un 10% que se muestra irritable y enojada en todo momento. Por la posición que tiene no puede levantar la voz y además si se lo trabaja conseguirá controlar su reacción rechazando la negatividad con la que le están agrediendo.

Para eso lo que tenemos que hacer es tomarnos nuestra tiempo antes de responder y darnos cuenta de que la ira del cliente no va contra nosotros sino contra la situación, por lo tanto no tenemos ninguna razón para reaccionar a la defensiva.

Para alcanzar este grado de madurez y saber controlar nuestros actos, antes tenemos que tener control sobre nuestros propios actos. Para tener una buena salud mental es prioritario mantener el control sobre las situaciones complicadas que se nos dan a lo largo del día.

No podemos dejar que nuestro estado de ánimo sea de eufórico un momento y que a la vuelta de la esquina decaiga en picado. El único que tiene control sobre sus propios sentimientos y comportamientos somos nosotros mismos.

Deberíamos tener la capacidad de analizar nuestras reacciones físicas ante una situación de tensión o nervios por ejemplo. Deberíamos darnos cuenta de si nuestros músculos se tensan, opresión en la cabeza, palpitaciones, respiración acelerada, sudor, etc. En ese caso parar a pensar unos segundos y recapacitar si estamos reaccionando exageradamente o por el contrario la situación requiere de dicha tensión. Si las contamos en un 80% de las veces estaremos reaccionando exageradamente, permitiendo que sea el otro quien controle la situación.

En ocasiones permitimos que sean otras personas quienes controlen cómo nos sentimos, nuestro estado de ánimo. Y aunque no siempre podemos tener control sobre la actitud de los demás sí que podemos tenerlo sobre nuestras propias reacciones ante su comportamiento.

El que seamos conscientes en todo momento de eso puede hacer que nuestra vida cambie. Si aprendemos a controlar esa situaciones con pequeñas dificultades, aprenderemos a controlar mucho mejor aquellas que realmente son complicadas e importantes.

 

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