Timidez


Por R. Ros

Algunas personas sienten pánico por las alturas; otras no pueden soportar encerrarse en un ascensor; otros sienten un terrible agobio al verse rodeados de gente. Ciertos individuos no soportan la presencia de determinados animales, como serpientes , cucarachas o ratones. Muchos tienen miedo a la muerte, a las enfermedades o al dolor físico. La mayoría de la gente no puede superar un terror que le paraliza y que hace que un sudor frío les recorra el cuerpo: hablar en público.

¿Qué tendrá la timidez para que una gran parte de las personas nos consideremos, o no hayamos considerado en algún momento de nuestras vidas, como tímidos?

La timidez es una percepción mental que predispone a las personas a una evaluación negativa por parte de las demás personas. El tímido piensa que los demás siempre le observan y le juzgan…negativamente.

El tímido desarrolla una especial sensibilidad hacia cualquier tipo de crítica o comentario sobre su apariencia o su conducta.

Podríamos decir que la timidez es algo natural en todo ser humano cuando se enfrenta a una situación o entorno desconocido. Es una especie de actitud defensiva ante todo aquello que no controlamos, que no dominamos.

Cuando esta actitud de prudencia se desboca y el individuo pierde los papeles se pude hablar de la timidez como de una fobia social caracterizada por el miedo a los demás.

Como toda conducta humana se ha debatido hasta la saciedad sobre el componente genético o heredado de la timidez. Para algunos está clara la relación: si un niño es tímido es porque uno de sus padres (o los dos) también lo es.

No obstante, también podemos afirmar lo contrario ya que es frecuente encontrar parejas no-tímidas con hijos tímidos, o parejas de tímidos con hijos no-tímidos. También es frecuente encontrar hermanos en los que uno de ellos se podría definir como tímido y el otro como no tímido.

De lo que sí podemos estar seguros es que la timidez también pude aprenderse. La actitud defensiva ante los demás, la inseguridad, o la excesiva dependencia de las opiniones ajenas son factores que directamente influyen en la generación de un tímido. Y esto son, sin duda, patrones de comportamiento.

Si queremos, desde luego, hacer que un niño sea tímido el día de mañana, no tenemos más que afirmar que lo es, llamarlo así y tratarlo como tal.

La sociabilidad es un valor que debe aprenderse, por lo que si aislamos a un individuo desde pequeño, le negamos el necesario contacto social y le inculcamos el miedo a lo distinto y a lo desconocido también estaremos ayudando a crear las bases para un carácter tímido.
Otro factor invariablemente unido a la timidez es la vergüenza.

Avergonzarse de sí mismos, de su familia, de su nivel social, de algún determinado rasgo físico puede ser, en muchos casos, el desencadenante de la timidez.

Nuestra propia cultura judeo-cristiana, con su arraigado sentimiento de culpa, es una mal aliado para paliar los efectos de la timidez. Nos sentimos avergonzados de nuestra conducta, sea cual sea, ya que no somos otra cosa que “pecadores”.

La timidez viene aderezada en la mayoría de los casos por una actitud física. El tímido presenta una actitud contraria al del arrogante, orgulloso de sí mismo, del “echado para adelante”.

Al contrario, el tímido manifiesta una postura física retraída, la cabeza gacha, los hombros caídos, la mirada huidiza, el tono de voz bajo, una sonrisa nerviosa, etc…
Hasta incluso el peinado del tímido intenta ocultar su rostro, hacerle pasar desapercibido.

Por último, podemos apuntar que otro rasgo significativo que tienen en común muchos tímidos es que se tratan de personas poco comunes en algunos aspectos de sus vidas; podríamos definirlos como “especiales”.

Estas personas suelen ser personas con algún tipo de debilidad física o que creen tenerla, personas más sensibles que los demás, niños más inteligentes que la media (superdotados), niños excesivamente maduros para su edad, hijos únicos, niños con poca relación social con otros niños de su edad o que sólo se relacionan con adultos, o personas criadas en entornos aislados. Todos ellos nutren los ejércitos de la timidez y del apocamiento.

Pero como ya hemos apuntado, la timidez no es sino una predisposición mental y como tal pude corregirse. Pero de eso ya hablaremos en otro artículo…

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El niño que iba a resolver los problemas del universo


Ricardo Ros – El niño que iba a resolver los problemas del universo

El mundo funciona con sus leyes. Los objetos caen al suelo por la Ley de la Gravedad y si no respiras, te ahogas. Superman vuela y no necesita respirar, pero sólo es una película. La vida real es como es. Nuestra vida no es una película. Un Supermán real se partiría el fémur si saltara entre dos edificios. Pero todos imaginamos que triunfamos, nos vemos rodeados del éxito, en el amor, en el trabajo, en los negocios. Es fácil soñar. Para poder modificar algo primero hay que reconocer que existe. Para poder modificar la realidad, primero tenemos que centrarnos en la realidad. Si negamos la realidad nunca vamos a poder cambiarla. Puedes soñar, pero si no trabajas en contacto con la realidad, la realidad te superará y te absorberá. No estar bien psicológicamente significa no saber distinguir entre nuestros sueños y la realidad. Tienes que soñar, pero es necesario que sepas que eso no es la realidad, es sólo un sueño, un deseo, una fantasía, una ilusión. Por un lado está la imaginación, y por otro lado está la realidad. Son dos cosas diferentes. Saber diferenciarlas es la frontera entre poder realizar los sueños o quedarnos estancados en la fantasía. No aceptes las cosas como están, lucha por cambiarlas. Pero tienes que tener claro que
sólo puedes cambiar las cosas si estás en contacto directo con la realidad. Las fantasías no necesitan de tu ayuda para cambiar, se cambian solas.

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