Tengo un hijo hiperactivo

Por Margarita Soto

Un niño hiperactivo es aquel que no puede inhibir una conducta desordenada y por tanto no puede evitar su comportamiento. Los principales rasgos de la hiperactividad son la falta de concentración y de atención en cualquier actividad acompañado de una actividad motora excesiva.

Los primeros casos de hiperactividad fueron ya descritos en algunos tratados médicos durante el siglo XIX y principios del XX como un problema neurológico. No fue hasta la década de 1960 cuando comenzó a considerarse un problema de comportamiento asociado una movilidad excesiva y la incapacidad por mantener la atención. Desde entonces se ha investigado mucho sobre las causas de esta conducta con resultados, en general poco concluyentes.

Suele ser bastante frecuente que el fenómeno de la hiperactividad no represente ningún problema durante los primeros años de vida y que no se le dé ninguna importancia hasta que el niño no es escolarizado.

El comportamiento más o menos agitado de los niños durante los primeros años no representa ningún problema para los padres que suelen considerarlo como algo normal, incluso como una muestra de que el niño goza de buena salud.

Esa actividad excesiva es difícil de cuantificar si se encuentra dentro o no de lo que se considera “normal”. Al fin y al cabo gritar, correr y correr en público, en un restaurante por ejemplo, o molestar a las visitas que vienen a casa e importunarlas suele ser algo casi generalizado en todos los niños, que nunca se comportan como los padres esperan de ellos.

No obstante, al llegar al colegio el niño hiperactivo comienza a padecer el verdadero problema que le afecta: la falta de concentración.

El niño no puede estarse quieto ni un momento y eso le repercute en que no atiende las explicaciones de sus profesores ni presta la debida atención para hacer las cosas que se le mandan.

Estos niños pasan de una actividad a otra de manera aleatoria, se levanta sin necesidad, saltan, corren, son incapaces de permanecer quietos en su sitio. Si el profesor no identifica el problema (algo cada vez más infrecuente) puede pensar que se trata de un alborotador.

Esta falta de atención repercute en un menor rendimiento académico: se distrae con frecuencia, no capta los detalles de lo que se le explica y comete muchos errores. Tiene dificultades para organizarse e incluso puede mostrarse agresivo y colérico si se le fuerza en exceso.

El niño hiperactivo es un niño impulsivo que carece de autocontrol. Cuando comienza una acción es incapaz de detenerse y olvida rápidamente el por qué la ha iniciado, cual es el objetivo que esperaba conseguir.

Según algunos estudios, todo parece indicar que la hiperactividad se encuentra muy relacionada con la falta de inhibición en el comportamiento. El niño hiperactivo hace lo primero que se le pasa por la mente y no se detiene a analizar sus consecuencias. Existe como un resorte en su comportamiento que le impulsa a actuar.

Los niños hiperactivos tienen un nivel de inteligencia similar al de cualquier otro niño. No son más o menos inteligentes que los demás por ser hiperactivos, pero se enfrentan a un serio problema en la escuela porque son incapaces de adaptarse al ritmo de aprendizaje de los demás. Es relativamente frecuente que estos niños suspendan en el colegio, que repitan curso y que en ocasiones, incluso, terminen por abandonar sus estudios.

Los niños hiperactivos tienen también un problema de adaptación social. No son capaces de adaptarse a las normas sociales y pueden llegar a ser rechazados por sus compañeros.

No obstante, la hiperactividad tiene muchos grados, y sólo en un pequeño porcentaje persiste hasta la edad madura.

Normalmente, la hiperactividad va desapareciendo con la edad o por lo menos va diluyéndose.

Todos conocemos adultos envueltos en una continua actividad frenética. Esto no quiere decir que hayan sido o no hiperactivos de pequeños.

En muchos países se ha desarrollado el tratamiento con fármacos (estimulantes como el metilfenidato o dextroanfetamina) como la panacea para el tratamiento de estos trastornos, pero en la mayoría de las ocasiones esto no hace sino agravar el problema.

Los tratamientos psicológicos centrados en la conducta requieren un mayor esfuerzo por parte de los padres y educadores, que no administrarle la correspondiente pastilla, pero sin duda a la larga se muestran mucho más eficaces. Hablaremos sobre ellos en un próximo artículo.

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Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.
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