Técnicas naturalistas de hipnosis

Foto: Jonathan Danker(Licensed Under Creative Commons)

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Por Milton H. Erickson

(Artículo publicado con la autorización de Ediciones Paidós. Publicado en español. Escritos esenciales de Milton H. Erickson vol. I)

El enfoque naturalista al problema de la inducción de trances hipnóticos —en oposición a los procedimientos formalizados o ritualísticos de inducción de trances— merece mucha más investigación, experimentación y estudio de lo que se le ha concedido hasta el momento.

Por enfoque naturalista se entiende la aceptación y utilización de la situación que nos encontramos (en el paciente) sin emprender ninguna reestructuración psicológica. Al hacerlo así, la conducta del paciente se convierte en una ayuda decisiva y forma parte de la inducción al trance, más que un posible obstáculo. A falta de una terminología definitiva, el método, que se basa en cierta forma en un conjunto de técnicas que usan el principio de sinergia, puede recibir la denominación de enfoque naturalista.

Las interrelaciones e interdependencias que describió este autor en 1943, y que su experiencia ha confirmado desde entonces, son principios básicos en este enfoque. En esos estudios se puso énfasis
en el deseo de utilizar una modalidad de respuesta como parte integral de la provocación de respuestas en otra modalidad y en la interdependencia de modalidades de conducta diferente (análoga al aumento de tensión en los músculos de la rodilla cuando se tensan los del brazo).

Para ilustrar y clarificar esos principios se describen una serie de casos reales.

CASO N” 1

Un hombre de unos treinta años de edad interesado en la hipnosis se presentó voluntario para algunos estudios experimentales que se llevaban a cabo en la universidad. En la primera sesión se descubrió
que era un excelente sujeto hipnótico, aunque más adelante perdió el interés por el tema.

Años después, ese mismo sujeto acudió a su dentista para someterse a varios trabajos odontológicos. Como tenía mucho miedo al dolor le pidió a éste que le aplicase hipnosis.

Su dentista le hizo entrar en estado de trance muy rápidamente y, sin ninguna dificultad, desarrolló una excelente anestesia de la mano, aunque después fue imposible transferirle la anestesia o alguna forma
de analgesia a la boca. Curiosamente, parecía todavía más sensible que antes. Por otro lado, los esfuerzos que se emprendieron para desarrollar directamente la anestesia o analgesia oral también fracasaron.

Más tarde, el mismo dentista y otro colega decidieron probar otros métodos para provocarle la anestesia deseada, pero de nuevo sólo la consiguieron en zonas diferentes a la boca. Finalmente y tras muchos es-
fuerzos, se le consideró como un caso especial y se le derivó al autor.

Una vez en nuestra consulta, se le indujo rápidamente a un estado de trance y se le recordó, de una manera informal, su deseo de no sentir dolor en el sillón del dentista. A partir de ahí, se le instruyó para que prestase atención a las instrucciones dadas y las ejecutase totalmente.

Se le hicieron sugestiones respecto a que su mano izquierda se haría especialmente sensitiva a todo estímulo, de hecho incluso de manera dolorosa. Ese estado hiperestésico continuaría hasta que recibiese instrucciones de lo contrario. Durante todo ese tiempo, se tuvo mucho cuidado de proteger su mano de contactos dolorosos.

El paciente respondió completa y adecuadamente a estas sugestiones. Además de la hiperestesia de la mano y sin ninguna sugestión a tal efecto, desarrolló una anestesia espontánea en la boca, permitiendo que se le practicasen los trabajos dentales necesarios sin la participación de ningún otro agente analgésico.

En todas las experiencias posteriores, nunca se le pudo inducir directamente ni anestesia ni analgesia a no ser que se practicase la técnica anterior. Sin embargo, hay que decir que no se trata de un caso aislado. De cuando en cuando, nos encontramos con conductas similares.

Aparentemente, el paciente asociaba psicológicamente cualquier trabajo mental a hipersensibilidad. Sólo cuando se satisfacía esa asociación era posible conseguir la anestesia dental, de manera parecida a como la relajación de un músculo permite la contracción de otro.

CASO N” 2

En este caso, asistimos a un dentista que había fracasado repetidamente cuando intentaba hipnotizar a su esposa. En todos los intentos, según nos decía ella misma, «estaba absolutamente aterrada hasta el punto de que no podía moverme y, entonces, empezaba a llorar. Simplemente no podía hacer nada de lo que me pedían. No me podía relajar, no podía levitar la mano, no podía cerrar los ojos; lo único que podía hacer era asustarme y llorar».

De nuevo, aplicamos un enfoque naturalista y usamos la «sinergia» fisiológica. Se le resumió la situación, más o menos, con las siguientes palabras: «Usted desea usar la hipnosis para su tratamiento dental. Su marido y sus colegas también, pero siempre que se ha intentado hipnotizarla, usted no ha podido caer en trance. Se pone tensa y rompe a llorar. Estaría bien que se pusiese tensa pero sin llorar. Usted quiere que la trate desde un punto de vista psiquiátrico, pero creo que no será necesario. Lo que haremos es que yo la pondré en trance, de manera que en el futuro su dentista podrá hipnotizarla».

Ella respondió: «Pero me pondré tensa y lloraré».

Se le señaló: «No, usted primero se pondrá tensa. Eso es lo primero que tiene que hacer; hágalo. Vaya poniéndose más y más tensa, sus brazos, sus piernas, su cuerpo, su cuello—completamente tenso— in-
cluso más tenso de lo que estaba con su marido.

“Ahora cierre los ojos y ponga los labios tensos, tan tensos que ni siquiera pueda abrirlos.»

Sus respuestas eran las adecuadas.

«Ahora tiene que asustarse y romper a llorar. Por supuesto, no quiere hacer eso, pero tiene que hacerlo porque así lo ha aprendido, pero no lo haga todavía.

“Será mucho más fácil si toma aire, se relaja y se pone a dormir profundamente.

“¿Por qué no intenta eso, en vez de asustarse y llorar?”

Su respuesta a esta última sugestión fue inmediata y relativamente buena.

La siguiente sugestión fue: «Por supuesto, puede continuar durmiendo más profundamente en este estado de trance y sentirse más y más relajada y cómoda. Pero siempre que lo desee puede volver a ponerse tensa y llorar, aunque puede que ahora que ya sabe cómo hacerlo, preferirá tranquilizarse y dejarse hacer cualquier trabajo dental que necesite sin ningún problema».

Después se le administró una sugestión poshipnótica para permitir la inducción en futuros trances.

Acto seguido, se le preguntó si estaba interesada en descubrir que ella era un sujeto muy competente. Por voluntad propia se le provocaron varios trances de sonambulismo placenteros y satisfactorios.

Desde entonces, por un período cercano a un año, ha sido uno de los sujetos más competentes que hemos tratado.

CASO Nº 3

Otro tipo de caso en el cual se utilizó este mismo enfoque es el de una recién casada que deseaba consumar su matrimonio, pero que desarrolló un estado de pánico extremo con respecto a abrir las pierna en cada ocasión que intentaba el acto o, simplemente, cuando su marido le proponía hacerlo.

La paciente entró en el despacho con su marido y, con la voz entrecortada, explicó su problema. Quería dejar bien claro que necesitaba arreglar el asunto ya que existía la amenaza de que su matrimonio se declarase nulo. Su marido confirmó la historia y añadió otros interesantes detalles.

La técnica empleada fue esencialmente la misma que la que utilizamos en una media docena de casos similares.

Se le preguntó si quería aplicar algún procedimiento razonable para corregir su problema. Su respuesta fue: “Sí, cualquier cosa excepto que me toquen, porque me pongo frenética cuando me tocan-. Efectivamente, su marido corroboró tai afirmación.

Se le informó de que se le aplicaría la hipnosis a lo que ella consintió, aunque dudando. Una vez más, insistió en que no se la tocase.

Se te dijo que su marido permanecería todo el tiempo sentado en la silla situada al otro lado de la oficina y el autor al lado de éste. Ella, a su vez, tomaría la silla y la llevaría a la parle opuesta de la sala. Así
lo hizo, se sentó y observó a su marido con atención. Si éste o el autor se levantaban de sus asientos, ella simplemente saldría de allí inmediatamente (,su silla se hallaba al lado de la puerta).

La páctenle se hallaba sentada en la silla con las piernas extendidas, los pies cruzados y todos los músculos tensos. Estaba tan concentrada en su marido que sólo lo veía a él y quizá también al autor por
el rabillo del ojo. Sus brazos estaban cruzados frente al pecho y las manos cernidas con los puños apretados.

Empezamos el proceso hipnótico y, en un inicio, la paciente siguió todas las indicaciones. Se le dijo que se durmiese; más y más profundamente, Que no viese nada más que a su


 

Bernardo Sokner – Como hipnotizar

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marido y al autor. A medida que
caía en un sueño profundo, la paciente se fue asustando, incapaz de moverse o hacer nada más que mirarnos. Cuanto más profundamente entraba en el trance, mayor era su estado de pánico.

Ese estado de pánico, según se le dijo, liaría más profundo el trance y, al mismo tiempo, se quedaría rígidamente pegada a la silla.

Entonces, gradualmente, sentiría a su marido tocándola íntimamente, acariciándola, aunque seguiría viéndolo al otro lado de la habitación- Se le preguntó si quería experimentar tales sensaciones, que su
cuerpo se relajaría lo suficiente como para contestar con la cabeza y que podía darnos una respuesta sincera y reflexionada.

Muy despacio movió la cabeza para decirnos que aceptaba. Se le pidió que atendiese a que su marido y el autor iban a girar la cabeza y mirar a otro lugar, porque ella no sentiría una progresiva y más íntima caricia hasta que no se sintiese feliz y relajada.

Unos cinco minutos más tarde se dirigió al autor; “Por favor, estoy muy avergonzada. ¿Podemos irnos a casa ahora? Porque ya estoy bien”.

Nos despedimos ese día no sin antes indicarle al esposo que esperase a ver pacientemente cómo evolucionaba la situación.

Dos horas más tarde recibimos una llamada de teléfono en la que nos dijeron simplemente: «Todo está bien ya».

Una semana después hicimos una llamada para confirmar que todo iba bien. Aproximadamente quince meses después trajeron orgullosos al mundo a su primer hijo.

También hemos tenido casos de impotencia nupcial en los que usamos la misma técnica o similares. De los ocho que han llegado hasta nuestra consulta, sólo citaremos uno, a modo de ejemplo.

CASO N” 4

Este recién licenciado de veinticuatro años de edad y su mujer volvieron a la ciudad, tras sus dos semanas de luna de miel, absolutamente abatidos. Ella acudió inmediatamente a su abogado para iniciar los trámites de la anulación y él, buscando ayuda psiquiátrica, acudió nuestra oficina.

Lo primero que hicimos fue persuadirle para que trajese a su mujer a la consulta. Ella accedió amablemente y, además, no puso objeciones a participar en la hipnoterapia de su marido.

Iniciada la sesión, se le dijo al paciente que mirase a su mujer y que experimentase de nuevo y con toda su intensidad ese sentimiento de absoluta humillación, vergüenza e indefensión que sentía delante de ella.

Así lo hizo. Se podía ver cómo, acosado por esas sensaciones, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para escapar de esa mísera situación. Se le dijo que ahora sería incapaz de ver nada más excepto su mujer, incluso no podría ver al autor, aunque sí oiría su voz. En ese punto, le indicamos que se iba a dar cuenta de que estaba entrando en un trance hipnótico profundo y que perdería el control sobre todo el cuerpo. Después, según nuestras indicaciones, empezaría a tener alucinaciones en las que vería a su mujer desnuda y, después, a él mismo desnudo. Esto le conduciría, a su vez, al descubrimiento de que no podía mover su cuerpo y que no tenía ningún control sobre él. Continuamos diciéndole que, por otro lado, empezaría a sentir contacto físico con su esposa y que éste se haría más y más íntimo y excitante, y que
no podría hacer nada para controlar sus respuestas físicas. Sin embargo, no podría completar el acto hasta que se lo pidiese a su mujer. El estado cíe trance se desarrolló de forma completa y de acuerdo con las instrucciones detalladas arriba.

Al final de la sesión se le indicó: «Ahora ya sabe que sí puede; ya está .seguro de sí mismo. De hecho ha sido todo un éxito, y no hay nada que pueda impedir que a partir de ahora sus relaciones intimas
funcionen a la perfección”.

Esa misma noche consumaron el matrimonio. La pareja volvió a !a consulta, esta vez buscando consejo familiar, y sallemos que su matrimonio ha sido feliz durante más de diez años,

Otro caso muy diferente es el del niño que acudió a la consulta en contra de su voluntad. Sus padres le obligaron y hasta lo tuvieron que sobornar para que viniera,

CASO Nº 5

En este caso acudió a nuestra consulta un chico de unos ocho años con problemas de enuresis. Sus padres, que literalmente tuvieron que arrastrarlo hasta nosotros, habían intentado curarlo de diferentes maneras, incluso la comunidad cristiana en la que vivían había rezado públicamente por él. Ahora y como ultimo recurso, habían decidido llevarlo a ver a un doctor para “chiflados”, eso sí, con la promesa de que después le llevarían a comer a uno de sus restaurarnos preferidos. Su hostilidad y resentimiento hacia la consulta era evidente.

Empezamos la terapia diciéndole: «Estás loco y vas a seguir estándoto; tú piensas que no hay nada que hacer sobre ello, puro ahí te equivocas, porque sí lo hay. No te gusta ir a ver a un doctor para “chiflados” ¿verdad?, pero aquí estás; ya sé que te gustaría cambiar la situación, pero no sabes cómo. Tus padres te han traído aquí, te han hecho venir. Bien, ¿por qué no los echas de la oficina? Puedes hacerlo, podemos hacerlo —vamos, diles que se vayan, se lo diremos los dos—. Les hicimos una señal a los padres para que se fuesen y así lo hicieron ellos entendieron que se trataba de una estratagema). El chico se quedó sorprendido, pero satisfecho a la vez.

Entonces, el autor siguió diciéndole: “Pero tú todavía estás enfadado y yo también lo estoy porque me han ordenado que te cure. Sin embargo, ellos no me pueden dar órdenes como hacen contigo. Pero antes de
que les digamos cuatro cosas sobre ello», con un gesto lento, elaborado y persuasivo le señalé un punto de la sala, «mira a esos perritos que hay allí. A mí me gusta más el marrón, pero yo creo que a ti te gusta más el blanco y negro, porque sus patas son blancas. Si tienes cuidado, te dejo que acaricies el mío también. Me gustan los perritos. Y a ti, ¿te gustan?».

Aquí, el chico se sorprendió de tal manera que desarrolló un trance sonambulístico al momento. Se dirigió hacia el final de la sala e hizo como si acariciase a dos perros. Cuando finalmente dirigió la mirada al autor, se le dijo: «Me alegro de que ya no estés enfadado conmigo. Creo que no tenemos que decirles nada a tus padres sobre esto. De hecho, les estará bien merecido que te esperes hasta el final del curso
para dejar de mojar la cama. Pero te diré algo de verdad, puedes apostar lo que quieras que si estuvieses un mes sin mojar la cama, te regalarían un perrito como éste. Ahora cierra los ojos, respira hondo, duerme profundamente y despiértate con un hambre feroz».

El chico salió de la consulta con sus padres, a los que se les habían dado las instrucciones necesarias. Dos semanas más tarde el mismo paciente estuvo ante un grupo de médicos como sujeto de la práctica. No se llevó a cabo, sin embargo, ninguna terapia.

Durante el último mes de la escuela el chico iba tachando todas 1as mañanas los días del calendario.

Pocos días antes del final del mes le dijo enigmáticamente a su madre: «Será mejor que te prepares”.

El día 31, su madre le dijo que había una sorpresa para él. Su contestación fue: «Mejor que sea blanco y negro». En ese momento su madre entró con un perrito. En la excitación del momento, el chico se olvidó de hacer preguntas.

Dieciocho meses más tarde, la cama del muchacho seguía seca.

CASO N” 6

Este caso es el de una chica de dieciséis años que todavía se chupaba el dedo, hecho que preocupaba a sus padres y profesores, además de provocar la aversión de todos a su alrededor, compañeros de escuela, amigos e incluso del conductor del autobús escolar —de hecho, de todo el mundo que se acercaba a ella.

Después de muchos esfuerzos por parte de los padres, la ayuda de los vecinos, la intervención (como en el caso precedente) de la oración pública, el forzarle a llevar un cartel donde se leía “me chupo el
dedo”, en fin, todas las estrategias posibles, se decidió —como último desesperado y vergonzoso recurso— visitar al psiquiatra.

Lo primero que dijeron los padres al entrar en la consulta era que esperaban que la terapia se atuviese a los principios religiosos que profesaban. Después de unas pocas sesiones,,se les arrancó la promesa de que una vez aceptada la chica como paciente, los padres no interferirían en la terapia, pasase lo que pasase, ni dirían una palabra sobre su tratamiento.

La chica vino forzada por sus padres y allí estaba, amamantándose ruidosamente con el dedo. Los padres salieron de la consulta y en cuanto el autor se puso enfrente de ella, se sacó el dedo de la boca
.sólo lo .suficiente como para declarar que no le gustaban los “doctores para chiflados”,

Se le contestó: -Y a mí no me gusta cómo tus padres me han ordenado que te cure a ti. Me lo han ordenado, ¡vaya! Se trata de tu dedo y de tu boca, ¿por qué diablos no puedes chapártelo si así lo deseas?
Ordenarme que te cure. ¡Vamos! Lo único que me interesa saber es por qué, cuando quieres ponerte agresiva no te pones agresiva, en vez de ir por ahí como un bebé que no sabe cómo chupar un dedo agresivamente.

“Me gustaría enseñarte a chuparte el dedo tan agresivamente que volvieras locos a tus padres. Si te interesa, te lo diré; si no.,, bueno, pues me reiré de tí.”

El hecho de que usase la palabra «diablos” la fascinó por completo —ella sabia que un profesional no debía usar ese tipo de lenguaje con una jovencita que iba a la iglesia regularmente—. Y poner en
entredicho la efectividad de su agresividad todavía le llamó más !a atención.

El ofrecimiento de enseñarle a enfadar a sus padres, hizo que fijase más y más la atención en mí, de manera que en breve estaba ya bajo trance hipnótico.

Acto seguido, en un tono de voz resuelto, se le dijo: «Todas las noches después de cenar, como un reloj, tu padre va a la sala de estar a leerse el periódico de cabo a rabo. Todas las noches, tú entrarás allí y
empezarás a chuparte el dedo sonoramente poniéndole de los nervios durante los veinte minutos más largos de su vida.

“Después, entrarás en la sala de coser, donde tu madre cose durante una hora todos los días antes de lavar los platos. Siéntate a su lado y chúpate el dedo ruidosamente durante veinte minutos como lo
has hecho con tu padre.

“Hazlo todas las noches y hazlo a conciencia. Y, de camino a la escuela, escoge al estúpido que te cae peor y, siempre que te lo encuentres o te mire, ponte el dedo en la boca hasta que veas cómo gira la cabeza con asco. Y prepárate a volvértelo a poner si te mira de nuevo

“Piensa en tus profesores y escoge al que realmente te disgusta más y siempre que te mire, dedícale una chupada de dedo. Estoy seguro de que puedes ser muy agresiva si te lo propones».

Después de algunas indicaciones más, despedimos a la paciente y les recordamos a los padres su promesa de no interferir en la terapia. Si mantenían su palabra, la niña dejaría de chuparse el dedo en un mes. Ambos confirmaron su intención de atenerse a las condiciones impuestas.

De camino a casa, nuestra joven paciente ya no se chupó el dedo y permaneció en silencio durante todo el viaje. Sus padres estaban tan contentos que me llamaron para darme las gracias.

Esa misma noche, sin embargo, para su horror, la niña empezó a obedecer las instrucciones que le había dado. Los padres me llaman horrorizados al día siguiente y nosotros les recordamos su promesa el pronóstico que les había dado el autor.

Todas las noches durante las diez noches siguientes la chica fue fiel a su compromiso. Después empezó a aburrirse. Cada día dedicaba menos tiempo a esa actividad hasta que, al final, ¡se olvidó de ella!

En menos de cuatro semanas había dejado de chuparse el dedo en casa y fuera de ella. Inmediatamente empezó a interesarse por las actividades de los adolescentes de su entorno. Su adaptación mejoró en todos los sentidos.

Al cabo de un año, cuando el autor se encontró casualmente con la ex paciente en un acto social, ella le reconoció, lo miró durante unos minutos y le dijo: «No sé si me cae bien o no, pero le estoy aagradecida”.

Resumen y discusión

Una de las consideraciones más importantes en la inducción hipnótica es la de satisfacer adecuadamente las necesidades de los sujetos, tratarlos como personalidades individualizadas. Con demasiada frecuencia el esfuerzo se centra en encajar al paciente dentro de la técnica de -sugestión proyectada, en vez de adaptar la técnica a los pacientes de acuerdo con la situación real de su personalidad. Para llevar a cabo esa adaptación es necesario que el terapeuta intente usar esos estados psicológicos, esas interpretaciones y actitudes que lodo paciente trae consigo. Si omitimos esos factores en favor de algún ritual del procedimiento, podemos —y frecuentemente lo hacemos— dilatar, impedir, limitar o incluso evitar los resultados deseados. La aceptación y utilización de esos factores, por otro lado, permite una inducción más rápida del trance, el desarrollo de trances más profundos y una mayor facilidad para manejar toda la situación terapéutica.

Otra consideración importante es !a necesidad de evitar un fustigamiento repetitivo de lo obvio. Una vez que los pacientes y el terapeuta tienen una idea clara de lo que se debe hacer, la reiteración sólo causará fatiga. La aceptación de los deseos y necesidades de los pacientes como última y omnipresente finalidad, el saber lo que se ha de hacer y la confianza en .sus capacidades, es todo lo que se necesita para conseguir los resultados deseados y no la repetición de una serie de instrucciones para conseguir unas respuestas específicas.

Resumiendo, en cada uno de los casos expuestos se ha intentado ilustrar la utilización de la conducía y las necesidades del paciente como técnica naturalista de inducción hipnótica. Por otro lado, se ha hecho un esfuerzo para demostrar que la adaptación de las técnicas hipnóticas a tos pacientes individuales y sus necesidades conduce rápida y tácitamente a resultados terapéuticos efectivos,

Lecturas recomendadas

“Hypnotic Investigaron of Psychosomatic Phenomena; Psychosomatic intcrrelationships Studied by I^xperimentai Hypnosis-, Psychosom. Mecí., enero de 1943, 5, págs. 51-5tí.
M. H. Erickson, y Richard M. Brickner, «The Development of Aphasia-Like Reactions from Hypnotically Induced Amnesias: Experimental Observations and a Detailed Case Report», Psychosom. Mecí., enero de 1943, 5, págs. 59-66.

«A Controlled Experimental Use ofHypnotic Regression in the Therapy of an Acquired Food Intolerance», Psychosom. Mecí., enero de 1943, 5, págs 67-70.

«Experimentally Elicited Salivary and Related Responsos to Hypnotic Visual Hallucinations Confirmed by Personality Reactions», Psychosom. Med., abril de 1943, 5, págs. 185-187.

«The Therapy of a Psychosomatic Headache», /. Clin. and Exper. Hyp., octubre de 1953, 1, págs. 2-6.

«The Development of an Acute Limited Ohsessional Hysterical State in a Normal Hypnotic Subject”,/. Clin. and Exper. Hyp., enero de 1954, 2, págs. 27-41.

«Special techniques of Brief Hypnotherapy”, ./. Clin and Exper. Hyp., abril de 1954, 2, págs. 109-129.

«A Clinical Note on Indirect Hypnotic Therapy”,./. Clin. and Exper. Hyp., julio de 1954, 2, págs. 171-174.

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