Lo traumático no existe

Por Alexandra Mort

Vivimos de espaldas al dolor. En una sociedad hedonista como la nuestra, todo lo que pueda resultar negativo, traumático, no existe.

Contemplamos las catástrofes, la guerra y la desolación en los telediarios con indiferencia, como algo muy lejano que no va con nosotros.

Por eso cualquier situación de emergencia que nos afecta directamente en nuestras vidas nos resulta especialmente traumática.

Ante una situación, que percibimos como extrema, nuestro cuerpo reacciona en consecuencia.

Básicamente existen tres tipos posibles de reacciones ante una situación que nos supera: la agresión, la huída y la inmovilidad.

Todos hemos oído historias que nos hablan de personas que ante el pánico que sentían ante una situación han reaccionado de manera agresiva y han sido tomados como verdaderos héroes.

Aquellas personas que han reaccionado de esta manera no son, a mi manera de entender, más valientes o más cobardes que otras que reaccionan de otra de las maneras posibles. El valor tiene poco que ver con la inconsciencia y la irresponsabilidad, y mucho con el sentido común.

La huída es otra de las grandes alternativas ante una situación extrema.

Nada hay tan “lógico” como intentar evitar una situación desagradable.

Napoleón reconocía que no había “mayor victoria que una retirada a tiempo”.

La tercera posibilidad, y la que más tiene que ver con el tema que nos ocupa, es la inmovilidad.

Hace un tiempo, después de asistir en el cine a la proyección de la recientemente galardonada “Gladiator” de Ridley Scott, un amigo me hacía la siguiente confidencia: “Yo me hubiera hecho el muerto”.

Esto es la inmovilidad: hacerse el muerto, relajar los músculos y el sistema nervioso y esperar que pase el peligro. Cuando este haya pasado, el cuerpo podrá recuperar la vitalidad perdida.

En ocasiones esta inmovilidad no es simplemente consciente. Ante una amenaza la victima queda paralizada, a merced de su agresor. No ofrece la menor resistencia, porque ha quedado literalmente “congelada” y hasta su nivel de consciencia ha descendido posiblemente para sufrir menos.

Esta situación de inmovilidad, de inacción, de impotencia ante una situación extrema es el origen de la mayoría de los traumas.

La agresión, la muerte, el accidente, la enfermedad grave, los desastres naturales, las pérdidas súbitas, la violación y la violencia son simplemente los desencadenantes del trauma, aunque su verdadero origen está en no haber sabido enfrentarse convenientemente a ellos.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia

Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.

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