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En cualquier otro ámbito de nuestra vida, el individuo elige
con quién estar y las condiciones en los que quiere estar. Si por una u otra
causa estas condiciones no son las que uno desea, puede elegir libremente
cambiar de aires.
Cuando nosotros elegimos pertenecer a un club o una
asociación, lo hacemos porque tenemos algo, por pequeño que sea, en común con
el resto de las personas que pertenecen a ese club. No obstante, si no nos
sentimos lo suficientemente integrados, o no queremos tratar con alguna de esas
personas que pertenecen a ese mismo ámbito, tenemos nuestros propios recursos
para evitar ese trato: mostrarnos ariscos, eludir los encuentros, etc… Si
tampoco logramos evitarlo, siempre tenemos la opción de darnos de baja y no
volver más por allí.
Incluso en el ámbito familiar, una persona tiene más
libertad y recursos que en el mundo laboral. Sabemos con qué persona de nuestra
familia nos relacionamos mejor, sabemos de qué temas hablar y en qué registro.
Podemos incluso dejar de tratarnos con nuestros padres, hermanos, primos, tíos,
etc… Podemos separarnos o divorciarnos de nuestra mujer si así lo deseamos.
Podemos, incluso, legar a nuestros hijos en adopción si no nos sentimos capaces
de educarlos o cuidarlos…
Ni que decir tiene que, por supuesto, puedes elegir a tus
amigos, aunque Gracián nos advierte: "Hay pocos amigos de la persona y
muchos de la suerte". Aunque también admite: "Es más útil el buen
entendimiento de un amigo que muchas voluntades de otros". Y así sentencia:
"Tener amigos es el segundo ser. Todo amigo es bueno y sabio para el
amigo. Uno valdrá tanto como quieran los demás". No hay duda, por tanto:
en el ámbito de las amistades podemos y
debemos elegir.
Las escapatorias que nos brinda la vida son inmensas en
todos los terrenos de nuestra existencia, menos en el mundo del trabajo.
"Esto son lentejas. Si quieres la tomas y si no las dejas." Así es el mundo del
trabajo.
Gente de todas las clases(económicas y culturales), colores
(físicos e ideológicos), condiciones(físicas y económicas), estaturas (físicas
y mentales), opiniones y creencias se juntan codo con codo contigo con el fin
de realizar un mismo trabajo.
La mayoría de estas personas no es que no las hayas elegido
tú como compañeros, si no que, posiblemente en otras circunstancias ni las
tratarías, ni les mirarías a la cara (ni ellas a ti). Es posible que puedas
elegir a tus subordinados (en la mayoría de los casos tampoco), pero nunca a
tus jefes. Es posible que puedas elegir a tus proveedores, pero nunca a tus
clientes.
Si el panorama es tan horrible siempre podemos abandonar,(
lo mismo que unas líneas más arriba nos hemos divorciado de nuestra mujer)
pero, eso sí, hay que tener presente que en el siguiente trabajo tampoco
podremos elegir.
En el mundo laboral además de relacionarte con gente de todo
tipo se te exige que actúes en sinergia con ellos ( el colmo) y que contribuyas
con ellos a conseguir determinados objetivos.
Se te impone que seas amable con tus compañeros y respetuoso
con tus jefes y precisamente por eso en el mundo laboral nos encontramos con
multitud de problemas interpersonales que la empresa te exige superar para
conseguir realizar tu trabajo con eficacia.
El trabajo no es sólo aprender unas habilidades técnicas
sino que, sobre todo, se convierte en un campo de desarrollo interpersonal.
En el mundo en que vivimos, las cualidades técnicas se
presuponen. Todos las tienen.
El verdadero factor determinante son las relaciones
personales. Quien sepa desarrollarlas adecuadamente progresará y se
sentirá bien en su trabajo. El que no lo
haga así…
Para terminar un último consejo de Baltasar Gracián sobre
este asunto: "Evitar las victorias
sobre el jefe. Toda derrota es odiosa, y
si es sobre el jefe es necia o es fatal. Siempre fue odiada la superioridad y
más por los superiores."
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