| Metas y obstáculos en negociaciones |
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Rafael Sábat
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| Podemos considerar que en todo proceso de negociación existen tres componentes importantes: personas, metas y obstáculos |
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-¿Podría decirme, por favor, qué camino he de tomar desde aquí?
- Eso depende, en buena medida del lugar adonde quieras ir, dijo el gato.
- No me importa mucho adonde... dijo Alicia
- Entonces, no importa por donde vayas, dijo el gato
LEWIS CARROLL, Alicia en el País de las maravillas
.
La venta, un ejemplo de negociación, posee como meta el intercambio
de bienes (o servicios) por dinero. Para graficar este modelo podemos
imaginar la meta como un ‘regalo’ que una persona desea obtener, y como
obstáculo, un muro que le impide llegar hasta su meta.
Planteada
como en el gráfico, la situación es complicada. Los obstáculos no
permiten a la persona ver la meta. Y por lo tanto es fácil que la
persona se desanime rápidamente.
¿Qué pasaría si la situación fuese distinta? Por ejemplo:
Ahora,
el obstáculo es menor, y fácilmente salvable, la meta es visible y ha
tomado mayor importancia. La persona puede alcanzarla fácilmente, y lo
más probable es que no se detenga hasta obtenerla.
Pues bien, usted me dirá: “así cualquiera... ¿pero que pasa cuando las
cosas son como en el primer ejemplo?”
Mi respuesta es sencilla. En negociaciones muy pocas veces las cosas
son como en el primer ejemplo. Lo que sí pasa frecuentemente es que las
cosas aparentan ser así. En otras palabras, solemos distorsionar
nuestra percepción y representación de las situaciones. Solemos tomar
puntos de vista parciales y limitados, lo cual nos hace ver las
situaciones como en el primer ejemplo más veces de lo razonable.
Y aún en los casos en que las situaciones sean así en realidad, podemos
usar nuestros ‘poderes distorsivos’ a favor. O sea, exagerar la
importancia de la meta. Y así darnos ánimo para resolver situaciones
complicadas.
¿Qué pasaría si nos olvidáramos por un momento de que existen los obstáculos? Lo
más probable es que nos enfocaríamos mejor en nuestras metas, y al
hacerlo, y tener plena conciencia de su valor y efectos, podríamos
volver a pensar en los obstáculos, pero ahora de manera ventajosa. Por
lo tanto, siempre es recomendable iniciar el proceso haciendo todo el
hincapié posible en las metas a obtener. Imaginar todos los beneficios
que el obtenerlas nos acarrearía. Ello tiene una ventaja adicional, que
es que podríamos darnos cuenta de que la meta no es tan deseable, y
entonces no vale la pena hacer el esfuerzo, con el consiguiente ahorro
de tiempo y energía.
Contar con metas es de gran importancia porque ellas guían nuestras
acciones, como en la cita del libro Alicia en el País de las Maravillas
que inicia este artículo. Sin esa guía, estamos en situaciones
inciertas y muchas veces, a merced de la voluntad de las otras partes
que participan del proceso de negociación. La respuesta común de las
personas al dirigirse a una negociación en la que no saben qué es lo
que van a buscar (o a qué atenerse, lo cual es frecuentemente resultado
de lo primero) es confundirse, estar inseguras, hasta sentir algo de
miedo. Y así disminuyen aún más sus probabilidades de éxito.
Razón de más, entonces, para empezar siempre que sea posible por la
definición de las metas.
¿Y con lo que no depende de nosotros? Hemos dicho que en un
proceso de negociación o ventas, interactuamos con otras personas,
cuyos actos también influyen en el curso del proceso. Nuestra mejor
herramienta para influir en los actos de los demás es nuestra
comunicación, nuestros lenguajes (verbal gestual, etc.).
Ocurre que a veces estas personas, a sabiendas o no, dirigen su
atención hacia los obstáculos en lugar de hacia las metas (que es lo
opuesto a nuestros deseos). En esos casos, podemos usar algunas
herramientas básicas de lenguaje verbal para redirigir la atención de
nuestros interlocutores hacia donde nosotros creamos conveniente. El
ejemplo primordial es:
La
palabra ‘pero’, en este caso, hace que se fortalezca la importancia del
obstáculo y se debilite el deseo de obtener la meta.
El primer impulso
que tiene la mayoría de la gente ante esta salida es responder “¿por
qué no puede?”, lo cual es un error tremendo. Fijémonos lo que ocurre
cuando preguntamos ‘por qué’ en esta situación.
1.Le estamos diciendo a nuestro interlocutor, de manera implícita, que
dudamos de su palabra o punto de vista, y pensamos que puede estar
equivocado. Nuestra duda puede ser fundada, pero no conviene expresarla
directamente: podemos predisponer mal a la persona, que se prepara
entonces para una disputa. La venta no tiene porqué ser una disputa, y
la negociación, por definición, es un proceso colaborativo.
2.Inducimos a la persona a pensar en el obstáculo (nosotros buscamos
que no lo haga).
3.Hacemos que la persona justifique la existencia del obstáculo,
buscando una razón (y a veces hasta una excusa).
4.Al encontrar la justificación, la persona, en lugar de cambiar su
postura, la ha fortalecido. Veamos un ejemplo:
Ahora,
luego de que preguntamos ‘por qué’, no tenemos que salvar un solo
obstáculo, sino dos. Y encima, lejos de lograr cambiar la situación
negativa, la hemos fortalecido. No es sorprendente, entonces, que
tantos cursos de ventas hagan hincapié en el manejo de objeciones; dado
que la mayoría de las veces la gente pregunta ‘por qué no podés’, los
buenos de los vendedores se la pasan teniendo que manejarlas.
Veamos cómo hacer para ir hacia la meta y enfrentarse a las objeciones
de manera ventajosa.
Nuevamente, insistimos en que si la persona está
suficientemente motivada, los obstáculos le parecerán menos
importantes, así que comenzamos por invertir los términos de su frase:
Y con
ello
1.Dirigimos la atención hacia la meta.
2.La palabra ‘pero’ ahora nos ayuda, fortaleciendo el deseo.
3.Nos evitamos decirle a la persona que dudamos de su palabra, al
repetirle que ‘no puede’. Esto no es mentirle (los equivocados podemos
ser nosotros), sino postergar el momento en el que trabajaremos sobre
la objeción.
Luego, podemos combinar esta acción con las siguientes herramientas:
Y las preguntas:
¿Para qué lo quiere?
¿Qué pasaría si pudiera?
¿Qué podemos hacer para que sea posible?
¿Me pregunto si hay algo que lo impida?
Todas estas preguntas obedecen a los principios de enfocar en las
metas, inducir a las personas a pensar en que la venta es un proceso
colaborativo, e inducir los cambios de postura sin contradecir a
nuestro interlocutor, estableciendo, en último caso, que el equivocado
puede ser uno y no el cliente.
Después de todo, si el cliente siempre
tiene razón, ¿por qué contradecirlo?
Nosotros, por supuesto, podemos tener de antemano las respuestas a esas
preguntas, pero siempre es mejor que la respuesta provenga del
interlocutor. Ello es de gran importancia, pues al provenir de sí
misma, la persona tenderá a aceptar la alternativa. Colocamos al
interlocutor en el rol de colaborador nuestro, y nosotros asumimos el
de colaborador suyo, facilitando enormemente la tarea.
Si a nuestros interlocutores no se le ocurren alternativas, o las que
proponen son poco interesantes, recién entonces es el momento apropiado
para sugerir las nuestras.
Es importante tener paciencia y esperar las
sugerencias del cliente, por los motivos antes enunciados. Y además,
para que acepten las nuestras deberemos, casi seguramente, realizar un
esfuerzo mayor.
De la combinación de todas estas herramientas, utilizadas de acuerdo
con los principios que enunciamos, más los naturales de respeto e
integridad, surge, a mi parecer, una manera sencilla y efectiva de
poner en marcha cualquier proceso de negociación o venta.
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