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Un buen comercial
Hasta hace pocos años se estilaba un estilo de vendedor agresivo, rápido.

Parece sencillo, pero no lo es tanto.

 

Las relaciones comerciales van cambiando a una velocidad vertiginosa.

 

Lo que ayer era la última moda, hoy ya es obsoleto, ya no vale.

 

Hasta hace pocos años se estilaba un estilo de vendedor agresivo, rápido. El establecía el ritmo de la relación y cerraba el trato con celeridad.

 

Hoy los tiempos han cambiado porque el mercado también ha cambiado y la mentalidad y necesidades del cliente también han cambiado.

 

Es el propio cliente quien marca el ritmo. Nosotros debemos saber adaptarnos a él.

 

Las grandes empresas dan cada vez más importancia a la preparación de sus comerciales. En el proceso de producción, la elaboración de los productos con la tecnología actual es cada vez más sencilla, más dinámica y más barata, el problema estriba en dar salida a esos productos con una venta eficaz.

 

Los principales fundamentos de un buen vendedor sí son inalterables.

 

Las técnicas cambian porque el mundo cambia, pero existen ciertas particularidades que siguen vigentes y que son convenientes conocer con respecto a la venta.

 

Un buen vendedor es siempre un buen observador. En el proceso de la venta nadie está libre de cometer errores, pero el buen vendedor es aquel que sabe observar donde se encuentra el fallo y aprende de él.

 

En definitiva como nos enseña la PNL no existe el fracaso sólo retroalimentación: aprendemos de los errores del pasado.

 

Actualmente las técnicas de ventas se basan mucho más en establecer una buena relación con el cliente, sentar las bases de una relación emocional sólida, que en cerrar la venta a todo correr.

 

Se suele decir que el cierre nunca hay que forzarlo, viene por sí mismo. Somos nosotros los que debemos estar al tanto de cuando es el momento oportuno.

 

Por eso es más importante hacer las cosas, aunque sea mal, que no hacerlas.

 

Nadie nace aprendido y nadie espera de nosotros que seamos infalibles y que hagamos todo bien a la primera. Los errores y las caídas nos harán mejorar un poco más cada día.

 

La mayoría de los grandes vendedores, o de los grandes pintores, o de los grandes albañiles toman su oficio como algo interesante y divertido. Es importante para todo ser humano divertirse, pasárselo bien con lo que está haciendo.

 

Un buen vendedor disfruta con su trabajo, la remuneración económica viene después como algo añadido. Es inevitable no ganar dinero con un trabajo bien hecho y con el que estamos disfrutando.

 

A veces esto es complicado de creer, pero siempre podemos encontrar algo agradable y que nos guste de nuestro trabajo, por muy descontentos que nos encontremos de él.

 

Por último, y no menos importante debemos asumir que somos nosotros mismos los responsables de nuestra propia vida, de nuestros éxitos y de nuestros fracasos.

 

No podemos ni por un minuto dejar la responsabilidad de nuestra existencia en manos de los demás.

 

Es muy fácil echar a los demás la culpa de todo o incluso culpar al destino y a la mala suerte de unos malos resultados, cuando está en nuestra mano mejorarlos, aprendiendo de los errores pasados.

 

Pero sobre todas las cosas aquello que nos hará triunfar en cualquier campo, y la venta no es una excepción, es saber realmente lo que queremos hacer.

 

Si nuestra meta es clara no habrá nada ni nadie que pueda pararnos. Sabremos establecer nuestras prioridades en cada momento y prestaremos la atención debida en cada una de nuestras acciones para que vayan encaminadas hacia el resultado deseado.

 

Los inevitables sinsabores no nos harán desviarnos ni un ápice de la dirección marcada.


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