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Ante
un mismo problema tratamos automáticamente de aplicar una misma solución sin
tener en cuenta los matices de ese problema y por eso en muchas ocasiones
fracasamos ya que la solución no es la más adecuada para ese problema concreto.
El
fracaso de aplicar una solución errónea puede ser en realidad el desencadenante
de un nuevo problema, quizá más grave que el original, ya que origina nuestra
frustración.
La
PNL nos ayuda a reprogramar este gran ordenador cuando algo falla.
El
mayor problema al que se enfrenta, a mi
juicio, la PNL no es el ayudar a
establecer nuevos circuitos neurológicos en el cerebro para resolver problemas
o situaciones cada vez más concretas.
Afortunadamente la mayoría de los profesionales saben establecer en sus
consultas las técnicas más adecuadas para que el paciente establezca en sus
cerebros ese proceso de cambio. Sin embrago, en ocasiones nos encontramos con
pacientes que, nada más salir de nuestro despacho, son conscientes de esa
necesidad de cambio pero no saben como aplicarlo a sus vidas, a su día a día.
El
cerebro, como ya hemos dicho, es una gran ordenador y como tal cuenta con unos
programas sobre los que se vertebra su funcionamiento práctico.
La
PNL se centra precisamente en estos programas que, la mayoría de las veces,
presiden nuestros comportamientos habituales.
La
PNL analiza las manifestaciones externas de la conducta, tanto las verbales
como las no verbales, y trata de modificar el programa que las rige para así
corregir los comportamientos erróneos.
Se
trata, en el fondo, de una reprogramación del cerebro para conseguir los
resultados deseados, además de compatibilizar nuestros programas con los de los
demás.
Los
programas cerebrales están a su vez englobados en otros más complejos que rigen
su funcionamiento.
Los
denominados metaprogramas son clasificados por la PNL en varios grupos.
Ningún
metaprograma es más importante que los demás a la hora de analizar el cerebro humano. Todos tienen su importancia
en mayor o menor medida, al igual que pueden ser más o menos responsables de la
falta de adecuación de nuestros comportamientos a las diferentes situaciones
que se nos presentan.
Los
metaprogramas son innumerables pero destacaremos de entre ellos
el de buscar el acuerdo o el
desacuerdo, las similitudes o diferencias con respecto a una situación dada. Existen personas básicamente
"acordadoras" y otras "desacordadoras". Las primeras tienen
mayor facilidad para generalizar, buscar parecidos y encontrar espontáneamente
acuerdos con la postura del otro. Los segundos destacan las excepciones a las
generalidades, buscan las diferencias y llegan rápidamente al desacuerdo con
los demás. El primero considera al segundo una persona difícil, un
"criticón". El segundo considera al primero un "simple" con
el que no hay manera de confrontar ideas.
Un
segundo metaprograma íntimamente relacionado con el anterior es la tendencia a
orientar el pensamiento hacia lo positivo o hacia lo negativo. Hay personas que
tienden a buscar el lado positivo y otros el lado negativo de las cosas. De
cualquier modo, tanto en un caso como en el otro, lo que todos necesitamos es
ser reconocidos ya sea positiva o negativamente ("strokes").
Los
"strokes" son respuestas externas a nuestros comportamientos. Estos
pueden ser positivos (caricias, besos, abrazos, felicitaciones, etc…) o
negativos (broncas, reprimendas, castigos, etc..).
En
definitiva, volvemos a donde habíamos comenzado: las similitudes de nuestro
cerebro con un poderoso ordenador. Necesitamos un 1 o un 0 para funcionar, un premio o un castigo,
algo positivo o algo negativo, pero en cualquier caso necesitamos un
"stroke", un reconocimiento.
Más
vale un "stroke" negativo, que no recibir ninguno.
El
gran ordenador necesita un estímulo para funcionar. Una caricia o una bofetada
serán suficientes.
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