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El
cerebro humano necesita de estos mecanismos para el aprendizaje. En la mayoría
de los casos no somos conscientes de estos metaprogramas y espontáneamente
analizamos la información de acuerdo con unos parámetros ya dados.
Estos
metaprogramas son innumerables y ser consciente de su aplicación no suele ser a
veces tan sencillo.
Si
somos conscientes de ellos pueden ser de gran utilidad, pero de no ser así nos
podemos encontrarnos con situaciones en las que no sólo no ayudemos a las
personas si no que ahondemos aún más en
su incomprensión.
Un
metaprograma con que se corre claramente
este riesgo, es el que se basa en la desviación entre sujeto y objeto.
Alguien te habla de sus problemas, de lo que
siente y tu lo interpretas como si lo importante para esa persona fueran las
consecuencias de sus actos.
Cuando alguien te dice "no puedo",
te está hablando de sí mismo, de sus frustraciones y sus temores ante el
fracaso de hacer algo, de sus miedos y de su inseguridad. Nosotros tendemos a
interpretarlo como que lo importante es el objeto, la consecución de ese logro
y nos empeñamos en animarle a conseguirlo, a decirle que sí puede lograrlo y en
cómo hacerlo. De esta manera no estamos comprendiendo a esa persona y corremos
el riesgo de que se sienta cada vez más frustrada e irritada.
Otro
de estos metaprogramas, de los que
estamos hablando, se refiere a la orientación que tengamos de las relaciones
con los demás.
Para
algunas personas (para que nos vamos a engañar, la mayoría), el centro de su
existencia son "ellos mismos". Para otros (tampoco nos vamos a
engañar, unos pocos), el centro son "los demás".
Tanto
en un caso como en el otro, si son tendencias extremas son muy peligrosas, ya
que no conseguir integrar nuestros propios intereses en los de los demás, y
viceversa, tiene obviamente muchas desventajas ya que vivimos en sociedad.
No
es natural en el ser humano despreocuparse por entero de los demás, y eso
podemos comprobarlo en el comportamiento de gente centrada únicamente en "
sí mismos", que más tarde tiene la necesidad de compensar esta tendencia
integrándose en asociaciones altruistas o realizando "obras de
caridad".
De
la misma manera, la tendencia contraria de volcarse únicamente en los demás
trae consigo gran cantidad de frustraciones ya que, en el fondo, siempre
solemos esperar una compensación, un reconocimiento de nuestro esfuerzo.
De
la elección de un metaprograma u otro puede depender el avance o el
estancamiento en nuestro proceso de aprendizaje.
No
es lo mismo, ante una misma situación, adoptar una actitud activa o pasiva
(otro metaprograma). La elección de una u otra determinará de manera importante
nuestro éxito, pero no nos desanimemos. Esto es sólo un primer paso.
La
elección de un metaprograma erróneo
suele llevar al fracaso y es entonces cuando debemos preguntarnos si nuestra
elección ha sido la más correcta para esta situación concreta en ese instante
preciso.
Una
primera elección puede que no sea las más acertada, pero eso no debe ser
obstáculo para realizar una segunda, una tercera…
Esa
"elasticidad" para cambiar de criterio y de enfoque es sin duda una
garantía de éxito.
Todos
los metaprogramas tienen su utilidad, ya sea porque son los más adecuados, o
como paso previos para la aplicación de otro más idóneo.
Este
proceso exige, eso sí, una máxima concentración y ser consciente de los
metaprogramas que se han utilizado y de los resultados obtenidos con ellos.
Esto nos permitirá analizar los fallos, realizar nuevas selecciones y ser cada
vez más eficaces.
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