Tres actitudes para hacer frente a situaciones difíciles

Por Margarita Soto

Ante cualquier tipo de situación difícil o complicada, los seres humanos tendemos a mostrar tres actitudes, que podríamos llamar naturales. Este tipo de reacciones nos salen de un modo natural, sin mayor reflexión. En primer lugar estarían aquellas personas que sin dudarlo ni un solo segundo optan por el ataque. Se trata de responder a fuego enemigo, contraatacar. Mostrando una actitud inflexible.

Ante este tipo de reacciones las posibles respuestas son dos. En primer lugar, aunque la menos probable, es que su contrincante se dé cuenta de que usted también sabe jugar a ese juego y decida ceder.

Sin embargo en la mayoría de los casos, esta estrategia solo nos lleva a largas confrontaciones que no conducen a nada. Creándose una situación de tensión que aumenta de forma gradual.

Esta actitud de contraataque raras veces aporta un resultado positivo a largo plazo, además suele generar un empeoramiento de las relaciones.

En segundo lugar tenemos la opción totalmente opuesta a la primera, y no es otra que la de ceder. Aunque también es cierto que en ocasiones nos arrepentimos de haber cedido, ya sea por propia convicción, o por presiones externas.

Así generalmente nuestra sensación final no resulta tampoco positiva, no nos parece satisfactoria ni nos deja buen sabor de boca.

Esto se debe a que nos hemos rendido por evitar una situación incómoda o simplemente por considerar que no somos capaces de hacer cambiar de opinión a nuestro contrincante.

Y la tercera opción que se nos suele presentar es directamente la de romper las relaciones. Sin embargo cuando tomamos esta opción, finalmente, muchas veces sentimos que nos hemos equivocado.

Hay personas que toman este medio como el más recurrido de sus vidas, por lo que siempre rompen con todo, en cuanto se les presenta un problema, y así siempre están partiendo de cero.

En general lo que nos sucede es que en los primeros momentos al reaccionar, en cierto modo perdemos de vista nuestros propios intereses.

Así cuando se encuentre en una situación de crisis, procure no dar una respuesta instantánea. La mejor respuesta es aquella que ha sido meditada y analizada objetivamente. Y no aquella que damos de golpe sin mayor tiempo para la negociación y meditación.

Lo que tiene que conseguir, en cierto modo, es distanciase del problema. Siendo lo más objetivo posible, para así encontrar la solución más adecuada para ambas partes.

Por lo tanto procure no apresurarse y tómese su tiempo para recapacitar, el peor enemigo que podemos tener a la hora de tomar una decisión es la prisa.

De modo que cuando esté negociando algo de suma importancia para usted, lo primordial no es tratar de dominar a su opositor, sino saber controlarse a usted mismo, su propio comportamiento.

Y por supuesto tómese el tiempo que considere oportuno para pensárselo.

 

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