Sistemas

Foto: FMartiness(LCC)

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Por IGRM

Un sistema es un conjunto de objetos y de relaciones entre los objetos y entre sus atributos, en el que los objetos son componentes o partes del sistema; los atributos son las propiedades de los objetos y las relaciones mantienen unido al sistema. Esta es la definición de sistema. ¿Pero qué hay detrás de este galimatías? Una familia, un grupo de trabajo, una pandilla de amigos son ejemplos de sistemas abiertos. En los sistemas abiertos, el sistema trasciende con amplitud las características individuales de los miembros que lo forman. Un sistema no es la suma de sus partes, sino que tiene una originalidad propia y cualquier cambio en una de las partes produce inmediatamente un cambio, no sólo en el resto de las partes, sino en todo el sistema.

Los sistemas se autorregulan por medio de la homeostasis. La alimentación de retorno (feed-back) que informa al emisor de los cambios que se producen en el receptor como consecuencia de haber recibido el mensaje, lo llevan a volver a producir una comunicación, con una serie de mensajes sin fin. La alimentación de retorno puede ser positiva o negativa. El feed-back positivo provoca la transformación y el cambio, mientras que el negativo mantiene la homeostasis y, por lo tanto, elimina el impulso al cambio.

Las relaciones que se producen dentro de un sistema no son causales, sino que son independientes unas de otras y no dependen de las condiciones iniciales. Lo que determina el resultado no es, por lo tanto, cómo empieza la relación, sino los parámetros organizativos del sistema en un momento concreto.
Dentro de cada sistema se establecen dos fuerzas, una que lleva a la transformación, al cambio, y otra con tendencia estacionaria que lleva al inmovilismo. Mientras existe un equilibro entre estas dos tendencias, el sistema funcionará bajo parámetros de salud. En el momento es que se rompe el equilibro funcional entre esas dos tendencias, el sistema entrará en crisis. Si gana la tendencia al cambio, lo más probable es que el sistema se rompa.

Los sistemas tienden, por su propia naturaleza, al estado estacionario. Sin embargo, como todos los sistemas abiertos se ven influidos constantemente por factores externos, permanentemente se ven sometidos a estímulos que lo llevan hacia la transformación. La mayor parte de los sistemas consiguen equilibrar estas dos tendencias por medio de la flexibilidad.

Cuando un sistema es demasiado rígido, tenderá hacia la homeostasis, hacia la estabilidad. Si uno de sus miembros amenaza la estabilidad, el sistema pondrá en marcha todos los mecanismos necesarios para equilibrar el sistema. Si el sistema pone en marcha mecanismos para desplazar las relaciones en el interior del sistema, nos encontraremos con un cambio interno dentro del propio sistema que llevará al inmovilismo (la Escuela de Palo Alto le llama “cambio uno”), mientras que si el sistema pone en marcha operaciones que impliquen un cambio en toda la organización del sistema, se producirá un cambio de clase (“cambio dos”). En el primer caso el sistema permanece inmutable y en el segundo el sistema como tal tiene que cambiar.

Cuando una organización (llámese familia, empresa o centro educativo) entra en crisis debido a que alguno de sus miembros tiende al cambio, y llaman a un especialista para que los ayude a equilibrar el sistema, generalmente lo que buscan es un cambio de tipo uno. No quieren que se produzcan cambios en el sistema, sino que sólo se vuelva al equilibrio original (“cambia algo para que no cambie nada”). Por ejemplo, si se llama al psicólogo en una empresa porque un empleado genera problemas, lo que la empresa está solicitando es que el psicólogo genere un cambio de tipo uno, pero que en ningún caso ponga en tela de juicio al propio sistema. La empresa no quiere que se produzcan cambios en la empresa, sino que se vuelva a estar como antes del problema.

En los sistemas patológicos se tienden a repetir de forma rígida las operaciones que en algún momento han llevado al sistema hacia la homeostasis. Si una vez funcionó una solución, esta solución se tiende a repetir constantemente aunque el contexto sea diferente.

En toda comunicación, los mensajes tienen un contenido y una definición de la relación. No sólo decimos algo, sino que junto con lo que decimos establecemos el tipo de relación que tenemos con la otra persona. Para que el profesional que interviene dentro de un sistema no sea atrapado por la homeostasis del propio sistema es necesario que centre su atención, no en el contenido de las comunicaciones, sino en la relación.


 

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