Lider eficaz

Por Susan Quiroz

Para ser un líder realmente eficaz en el marco de unas relaciones laborales es necesario, en primer lugar, ser lo suficientemente receptivo como para percibir qué tipo de liderazgo es el que nuestros colaboradores nos están demandando. En mi experiencia en uno de los campos más agresivos y competitivos del mundo como es el de la automoción siempre me ha sorprendido encontrarme con directivos que han aplicado unos mismos patrones de trabajo y unas mismas relaciones de trabajo allá donde han estado.

Posiblemente este error no es culpa de esos directivos, que pensando en que si han sido recompensados y ascendidos siguiendo unas determinadas pautas de comportamiento y de liderazgo, encontrarán en la repetición de esas mismas pautas un éxito parecido.

Esto también me sucedió a mí.

Desempeñaba labores de dirección en un pequeño departamento, en una de las pequeñas filiales de una gran empresa.

Debido a mi juventud y a la de mis directos colaboradores, la sintonía entre todos nosotros fue inmediata. No sólo éramos compañeros de trabajo si no que fuera del negocio también éramos amigos. Solíamos quedar los fines de semana para tomar unas copas o salíamos a cenar junto con nuestras respectivas parejas.

Como éramos muy jóvenes y entusiastas veíamos nuestro trabajo como un reto constante, una gran aventura, algo realmente divertido y yo les estimulaba para que siguieran viéndolo así.

El tipo de liderazgo que yo ejercía en aquel equipo se basaba en un continuo estímulo intelectual de mis colaboradores. Mi confianza en ellos era absoluta y así se lo hacía saber siempre que hacía falta. Enfatizaba su inteligencia y les hacía ver los problemas desde diversas perspectivas hasta dar con la solución adecuada.

Los resultados fueron tan espectaculares que en muy poco tiempo fui ascendido a un puesto de mucha mayor responsabilidad dentro de la Empresa.

Nada más llegar a mi nuevo puesto de trabajo noté que todo iba a cambiar. No es que el recibimiento fuera frío o no fuera bien acogido. Mis nuevos colaboradores se mostraron en todo momento con absoluta corrección y amabilidad, pero aquella sintonía que yo había experimentado en mi etapa anterior había desaparecido.

Rápidamente percibí que mis palabras no eran entendidas tal y como yo hubiera querido que se interpretasen y de la misma manera (como pudieron confirmarme estas personas unos meses más tarde) yo tampoco les entendí a ellos.

La influencia de nuestra relación en el trabajo no se hizo esperar. Las ventas se estancaron y el trabajo se almacenaba sin que pudiéramos dar abasto con él.

El Director General me llamó a su despacho

Era un hombre carismático dentro de la empresa. Su sola presencia inspiraba confianza y respeto y era famoso por no intervenir nunca directamente en los procesos productivos, por eso aquella llamada me sorprendió tanto. ¿Sería el fin de mi sueño?

Me recibió con una sonrisa y me invitó a que me sentara en un gran sofá de piel marrón. Me invitó a tomar una copa de coñac y durante casi tres cuartos de hora estuvimos hablando de mi etapa al frente de aquel pequeño departamento en provincias. Al final me estrechó la mano y me despidió con una sonrisa.

Ni una sola mención a mi nuevo trabajo, ni una sola advertencia, ni un solo consejo.

Me volví en la puerta y reclamé su atención sobre ello.

Si está aquí es por que confío en usted- me dijo-. Aquí solo estamos los mejores. También en su departamento. Usted sabrá cómo solucionarlo.

Yo era quien debía dar nuevas soluciones a los nuevos problemas. Mi anterior etapa ya había terminado. Debía enfrentarme a una nueva responsabilidad.

Convoqué a todos a una reunión en la Sala de Juntas.

Desarrolle mi discurso poniendo todas mis cartas sobre la mesa. Eran un equipo magnífico. Eran los mejores profesionales y, sin embargo, nuestros resultados no eran buenos. Entre nosotros no existía la comunicación adecuada y nuestras relaciones no eran las adecuadas. Cada uno debería asumir sus responsabilidades. No eran tan jóvenes como yo pero su menor entusiasmo lo suplían con su enorme experiencia y profesionalidad.

No éramos amigos pero tampoco teníamos por qué serlo. Cambié mis registros y también mi manera de ejercer el liderazgo. Yo era el jefe y ellos no. Eso era lo que esperaban de mí.


Rapport y otros temas de comunicacion


María R. Valencia, Rapport y otros temas de comunicación

El Rapport (la relación) es uno de los ingredientes imprescindibles para establecer una comunicación efectiva con los demás. Utilizamos la palabra “acompasar” para describir el proceso de acercarnos al modelo del mundo de la otra persona. Este proceso, utilizado de forma intuitiva por muchísimas personas, puede ser aprendido y practicado para mejorar la comunicación. Existen tantas vías diferentes de acompasamiento como experiencias sensoriales seamos capaces de analizar y describir en el proceso de retroalimentar a la otra persona.

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