Sentirnos “conectados”

Foto: cigcardpix(Licensed Under Creative Commons)

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Por Patricia S. Oliveira

Nos suele suceder con más frecuencia de la que estamos dispuestos a admitir que nuestros objetivos chocan contra lo que es socialmente aceptable. Nuestros deseos de mejor en cualquier aspecto tienen que pagar el precio de no conseguir “conectarnos” a los demás.

Yo era una fumadora empedernida. No hacía falta que los medios de comunicación nos bombardeasen constantemente con mensajes amenazantes para saber que aquello que yo hacía era malo para mi salud.

Me levantaba por las mañanas con una tos espantosa y el permanente deseo de encender mi primer cigarrillo. Mi salud no dejaba de sentir el asedio de la nicotina.

Estoy segura que mi determinación de acabar con la adicción al tabaco se hubiera producido mucho antes si no hubiera sido porque la mayoría de mis amigos, familiares y conocidos también fumaban.

Mis pequeños intentos de dejarlo acababan siempre con la cara de extrañeza que provocaba entre quienes me ofrecían un cigarro que yo rechazaba. “No, gracias. He decidido dejar de fumar.”

Con el paso del tiempo muchos de ellos han dejado también el tabaco.

Yo también lo conseguí, pero después de muchos intentos y de darme cuenta de que lo que realmente más me costaba vencer no era la dependencia física o psíquica del tabaco sino la dosis de integración social que me proporcionaba.

Es posible que esta tendencia, gracias a la intervención de los medios de comunicación social se haya visto invertida y que ahora precisamente sean los fumadores los que se vean rechazados por la sociedad…

Los casos en que esto sucede son mucho más numerosos de lo que creemos.

Estudiar una determinada carrera, comprar una determinada marca de coche, invertir todo nuestro esfuerzo y dinero en comprar una casa que no necesitamos, casarnos con alguien, tener o no tener un hijo, vestir de una determinada manera, comportarnos adecuadamente en sociedad son solo una muestra de las decisiones que tomamos buscando la aceptación social.

La elección de una forma de vida no es en la mayoría de los casos una opción personal, sino que es la misma sociedad donde queremos vernos integrados la que marca las pautas a seguir.

Distribuimos nuestras casas según lo correctamente establecido (la televisión en el comedor, la habitación con su cama de matrimonio, su armario y su tocador, el perro en el jardín y el perro de porcelana en el recibidor) sin tener en cuenta nuestras propias necesidades y preferencias.

Compramos la berlina último modelo porque es la que mejor se ajusta a lo que la sociedad espera de nosotros. El joven consume coches pequeños, rápidos, de colores llamativos. El padre de familia debe comprarse un coche serio, aburrido y funcional, donde quepan fácilmente la silleta y los pañales. El ejecutivo deberá comprarse un coche con el prestigio y prestaciones adecuados aunque no le guste conducir, o no le guste ese coche o económicamente no pueda permitírselo. Da lo mismo. Es lo que la sociedad exige de él. La sociedad no podría tolerar que se comprara una furgoneta, aunque le hiciera mejor papel.

Muchos drogadictos siguen consumiendo a pesar de querer desengancharse porque si lo hacen se verían apartados del círculo social en que se mueven. Lo mismo sucede con muchas otras personas que saben que sus hábitos son malos para su salud, pero que gracias a los cuales se ven “conectados” con el resto de la sociedad.

Gran cantidad de alcohólicos o mujeres maltratadas continúan apegados a la botella o a sus maridos maltratadores respectivamente, porque tiene miedo a romper con esas vidas desgraciadas pero a través de las cuales se sienten socialmente integrados.

No solemos ni siquiera plantearnos la mayoría de estas cuestiones. Nos parece lo normal aceptar aquello que nos va viniendo, sin pensar si es o no esto lo que queremos realmente para nuestra vida.

Ricardo Ros – Cómo dejar de fumar en un día


Si estás leyendo este texto es porque tienes el deseo de dejar el tabaco y necesitas unas instrucciones para poder hacerlo sin pasarlo mal. Es muy importante esta idea: generalmente has oído decir que dejar de fumar es un proceso duro y doloroso. No tiene por qué serlo si sigues las instrucciones que te voy a dar y aceptas las herramientas que te voy a proporcionar
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