El sentido auditivo

Por Ray Lotka

La base del sentido auditivo es el órgano de la audición, el oído, al cual, en ningún caso, podemos considerar menos complicado que el ojo humano. El oído capta las vibraciones sonoras de nuestro alrededor y a través de los nervios las conduce hasta el centro auditivo del cerebro. De igual forma que en el sentido de la vista, existen en este órgano dos funciones. Por una parte puede percibir la diversidad de tonos, basada en la diferencia de frecuencia vibratoria, mientras que por otra es capaz de distinguir la intensidad de los distintos sonidos. Además, gracias al oído, somos capaces de distinguir entre tonos y ruidos. Los tonos constan de vibraciones simples y periódicas, mientras que los ruidos están formados por vibraciones complicadas y arrítmicas.

La altura del tono se mide gracias a la frecuencia de las vibraciones y se utiliza como unidad el «Hertz» que es igual a una vibración completa por segundo. La zona auditiva del hombre está comprendida, según la edad, entre los 10 y los 20 000 Hertz. La intensidad del sonido se mide en fons. Se puede decir que 20 fons equivalen al susurro, 40 fons a la intensidad de una conversación normal, 80 fons a la «sonoridad» de una calle en cualquier ciudad grande, 100 equivalen más o menos al ruido de los martillazos sobre hojalata y 120 al ruido de un motor de hélice. Al llegar a este nivel, se alcanza el límite superior que el oído humano es capaz de percibir como sensación acústica. Más allá de los 120 fons el estímulo se interpreta como sensación dolorosa.

Situación espacial del sonido

El ojo, gracias al efecto estereoscópico, es capaz de percibir las diferencias de profundidad. De una manera semejante, con los dos oídos podemos localizar la «dirección» de un sonido. En efecto, el oído es capaz de determinar la dirección de un sonido dado con una sensibilidad relativamente exacta. Esta propiedad no se desarrolla lo bastante en aquellas personas que perciben mucho más exactamente con la vista que con el oído. La localización de la dirección de un sonido determinado, se hace posible porque las vibraciones no alcanzan los dos oídos al mismo tiempo, sino que llegan a uno algunas décimas de segundo antes que al otro. Esta diferencia temporal que se produce entre la excitación de los dos órganos sensoriales, es la causa de que apreciemos la sensación de dirección. Por supuesto, nos parece obvio mencionar que la diferencia entre la percepción por un oído y por el otro, es extraordinariamente pequeña. Por lo tanto, la sensibilidad del oído debe ser inusitadamente «grande» para poder percibir estas diferencias tan pequeñas.

El oído y la vivencia de “forma”
En la audición percibimos más bien combinaciones de sonidos que sonidos aislados. El conjunto de una sucesión de tonos forma una melodía. Esta melodía es algo más que la suma de tonos aislados; en efecto, en su conjunto es también una «forma», un todo complejo dotado de una regularidad interna. Esta «forma» se mantendrá invariable aunque cambiemos sonidos por separado, siempre y cuando conservemos las relaciones internas de los sonidos entre sí.

Por este mecanismo, podemos cambiar el tono de una melodía y reconocerla como la misma. Sin embargo, debemos aceptar que en la nueva melodía todos los sonidos han sido cambiados, puesto que, físicamente hablando, las notas corresponden a un número distinto de vibraciones. Así pues, los sonidos aislados no pueden reconocerse, ya que han sido cambiados, pero sí reconoceremos a la melodía puesto que ofrece el mismo sistema de relaciones, es decir, la misma «forma».

Con un mecanismo similar a este de la melodía, podemos afirmar que «oímos» la modulación de una palabra como un todo completo. Podemos emplear al hablar una intensidad fuerte o débil, un tono superior o inferior, pero sea como sea, la «forma» será siempre la misma. En relación con este problema de la «forma» debemos distinguir también, dentro de un conjunto de sonidos, las llamadas consonancia y disonancia. La consonancia es la sensación agradable producida por la acción de varios sonidos y desde el punto de vista físico se origina cuando las frecuencias de los distintos sonidos poseen entre sí una relación numérica sencilla. Esta observación, aunque ya fue realizada por los filósofos griegos, se encuentra todavía hoy sin explicación científica definitiva.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia

Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
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