Interpretar signos

Por Jean-Pascal Lafitte

Con frecuencia me encontrado en a lo largo de mi experiencia profesional, con muchas personas que parecían que entendían a los demás, que comprendían lo que les estaban diciendo, que se “situaban en el lugar del otro”. Más tarde, cuando les interrogaba sobre lo que habían entendido, era sorprender constatar como la mayoría de las palabras, del mensaje verbal que la otra persona había transmitido no había sido comprendido en absoluto por el individuo en cuestión. De la misma manera que las palabras no habían sido captadas (“verba volant” como decían los latinos), el mensaje no verbal que transmitía el otro sí que había sido captado en gran medida por el sujeto de nuestra observación.

Es curioso comprobar cómo los seres humanos somos mucho más perceptivos con respectos a los gestos, los estados de ánimo de los demás, su tono de voz, su vestimenta, etc… que a mil discursos.

Para el desarrollo de nuestra profesión “saber ver”, saber comprender por encima de las palabras de nuestros clientes es fundamental.

Algunos han llamado a esta percepción de la realidad, al margen del mensaje verbal, “calibrar” la conducta de los demás.

Todos los seres humanos somos un poco “voyeurs”. Nos gusta observar a los demás sentados en la terraza de un café o en el banco de un parque, advertir su conducta y hacer elucubraciones sobre quienes son, de dónde vienen, cual es su estado de ánimo, etc…

El profesional de psicología debe ir más allá de todo esto. No basta con “intuir”las emociones, los sentimientos de nuestros clientes. No es suficiente con hacer conjeturas sobre sus personalidades o sus estados de ánimo. Debemos cerciorarnos de las verdaderas razones de su conducta, hilar muy fino para encontrar en muchas ocasiones contradicciones muy evidentes entre lo que nos pretenden transmitir con sus palabras y lo que verdaderamente entendemos a través de sus gestos, su postura, sus exclamaciones, sus actitud en general.

Como todos sabemos, muchos clientes nos ocultan información conscientemente, esperando que nosotros descubramos la verdad.

Las personas no somos realmente conscientes de la cantidad de información que, de manera involuntaria e inconsciente, proporcionamos a los demás sobre nosotros mismos.

Nuestra manera de vestir, de movernos, de comportarnos, delatan muchas cosas sobre nosotros.

La manera de vestir, por ejemplo, no sólo nos indica simplemente si alguien usa ropa cara o barata, su estatus económico, sino también nos habla sobre el concepto que tiene de sí mismo, si es una persona limpia o sucia, escrupulosa o descuidada, agresiva o pacífica, moderna o conservadora, etc…

La manera de moverse delata la predisposición que esa persona tiene a la acción, si es extravertida o introvertida, si se encuentra a gusto o se siente cohibido, si sufre algún tipo de enfermedad o deficiencia física, etc…

Todos estos factores son los denominados “indicadores conductuales”son los gestos externos que delatan los verdaderos sentimientos, la manera de pensar de una persona.

Son especialmente significativos los cambios de postura, en la respiración, en los gestos, en la expresión de la cara, en el tono de voz, en las pausas, en el ritmo.

No obstante todos los profesionales también sabemos que hay que ser especialmente cuidadoso a la hora de interpretar todos estos signos.

No conviene malinterpretar algunos signos que pueden ser especialmente específicos de esa persona: su manera de hablar, algunos tics o gestos muy personales pero que no tienen especial significación en ese momento concreto.

Tamborilear con los dedos sobre la mesa puede significar que esa persona se encuentra incómoda o nerviosa, pero también puede no significar nada y que sea un tic característico de esa persona.

 

Como olvidar a una persona

Ricardo Ros. CÓMO OLVIDAR A UNA PERSONA

Técnicas efectivas que te ayudarán a olvidarte de esa persona que ya no tiene derecho a invadir tu vida. Ricardo Ros nos da técnicas efectivas para lograrlo. Las causas son muy variadas, pero las consecuencias son siempre las mismas: no podemos olvidar a una persona, es como si nos invadiera, como si ocupara un lugar en nuestros pensamientos que no le corresponde. Hay muchas personas —dice el autor— que necesitan olvidar a otra persona, cambiar sus relaciones afectivas con ella, pero no saben cómo hacerlo: nos quedamos atrapados en recuerdos de personas que nos hacen sentirnos mal, situamos a una persona en un lugar que no le corresponde, tenemos dos sentimientos contradictorios hacia alguien, una persona nos atrae, pero al final siempre acaba por hacernos daño, racionalmente no tenemos ninguna atracción por una persona, pero no podamos evitar sentirnos fascinados emocional o sexualmente… Las causas son muy variadas, pero las consecuencias son siempre las mismas: no podemos olvidar a una persona, es como si nos invadiera, como si ocupara un lugar en nuestros pensamientos que no le corresponde.
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