Las cinco riquezas básicas

Foto: Hollis(LCC)

Por Marta Eugenia Ortiz Zapata

Un día mi maestro de vida, el  Doctor Herinulfo Londoño Correa, me hablo de cinco riquezas básicas y me dijo: “Si eres consciente de poseer y mueves esta cinco riquezas serás una mujer verdaderamente rica; la riqueza no tiene que ver específicamente con la cantidad de dinero que posees,  y estas cinco riquezas son energías que naturalmente se transmutan en dinero”. También me enseñó mi maestro de vida que el placer es el negocio de la vida, vivimos para el placer, al fin esa sensación de plenitud de gozo por la vida misma es el dinero de la vida. Bien dice un comercial de tarjetas de crédito “Hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás existe…” Las cinco riquezas básicas, son precisamente esos bienes que no se pueden comprar con dinero, en su orden son: SALUD, CONOCIMIENTO, FELICIDAD, LIBERTAD Y BELLEZA.

Jerarquía de las cinco riquezas o bienes básicos

Es común escuchar a las personas decir: mientras tenga salud puedo sostener a mi familia, lo único que le pido a Dios es salud. Un famoso entrenador deportivo en mi país sufrió un atentado que lo dejo cuadripléjico, ahora solo puede mover su cabeza, hablar con dificultad y depende de un respirador; una colega – yo soy enfermera – tuvo la oportunidad de atenderlo cuando fue dado de alta en el hospital y se encargó de instalarlo en su residencia, ella le dijo con el animo de animarlo: “dese cuenta cuanta gente se ocupa de usted, como lo quieren y ahora hacemos todo para que esté cómodo en su hermosa casa, cuente conmigo, es usted un hombre afortunado.” A lo que nuestro amigo contesto con profunda tristeza y tono cortante: “le cambio todo esto por su salud”.

La salud es la primera riqueza, el primer bien que posee un ser humano y sobre este bien, cuya expresión emocional es la seguridad, se fundamenta el poder de pensar y crear soluciones de sobrevivencia dando paso a la segunda riqueza o bien de un humano: El conocimiento, nuestro conocimiento de nosotros mismos, los otros y el mundo que nos rodea, nuestras habilidades, destrezas y competencias para solucionar los problemas y hacer fácil nuestra existencia en todas las áreas de la vida produce placer y gozo. Uno de los más poderosos motivadores del ser humano es el conocimiento, nos hace felices por naturaleza aprender cosas nuevas, comprender y entender un concepto, aprender y mover una habilidad, darnos cuenta de nuestro poder creativo y afirmarlo. La expresión emocional del conocimiento es el amor, amor y realidad son una misma cosa; porque amar, y por lo tanto la capacidad de dar y recibir, depende de la capacidad que se tiene para percibir la realidad sin distorsiones. Todo esto genera nuestra tercera riqueza o bien básico: La felicidad ganas de vivir, placer: seguridad, amor y alegría. Y cuando estamos felices, sentimos el poder de disfrutar lo que hacemos y vivimos, la compañía de los otros, nuestras relaciones, el poder de elegir. Elegir a los seres y las acciones que cultiven este estado interno de bienestar. Lo invito a recordar un momento en el que se sintió feliz, en ese instante seguramente pensó “ahora nada puede dañarme” , sintió ese poder de ser usted mismo, de mostrar su ser real sin máscaras, se sintió libre para ser y hacer su destino, en ese instante generó la cuarta riqueza o bien básico: La libertad abrir las alas con sentido de seguridad desde adentro, capaz de ser, libre de las expectativas de otros, fiel a sus propios principios y leyes de vida, orgulloso y amoroso de si mismo, entonces los demás le dicen: “estas deslumbrante, te ves radiante”. La libertad genera la quinta riqueza o bien básico: La belleza.

Este proceso es una ley natural, la expresión máxima de un ser humano es la belleza que se fundamenta en: salud, conocimiento, felicidad y libertad. Lo invito a traer a su mente la imagen de un niño que está dando sus primeros pasos, quiero que dé nitidez, brillo y claridad a esa imagen para que vea las cinco riquezas y bienes básicos de un ser humano en movimiento y por favor ponga volumen a esa imagen, escuche su risa y permítase contagiarse de los sentimientos de ese niño que está en sus recuerdos.

Usted es un ser humano rico y próspero por naturaleza, deje ser al niño natural que existe en su ser y acóplelo con el adulto que conoce el mundo y con el padre que cuida, protege y guía su pensamiento, su sentimiento y sus acciones hacia el logro de sus metas y propósitos de vida.

Con mis reflexiones de cada una de las riquezas básicas, abro las puertas para explorar en mi propio ser y en el de cada lector la vivencia de de ellas y así fomentar nuestro crecimiento en humanidad.

La salud

La salud es nuestra riqueza fundamental, puedo afirmar que si estoy y me siento sana mi vida fluye naturalmente y mi ser se expresa tal como es. Entonces si poseo salud y además soy consciente de ella las cuatro riquezas básicas compañeras brotan como los tiernos tallos lo hacen naturalmente de la semilla que decide germinar. Como crece un niño cuidado y amado.

Una cosa es estar sana, otra es mi percepción mi afirmación de ser sana y otra muy distinta es mi sentimiento, sentirme segura y sana.

Los seres humanos conocemos más de la fisiología de las enfermedades y sus mecanismos que de la salud, claro está que por el camino de la enfermedad hemos aprendido a conocer y describir los procesos fisiológicos normales y nos hemos acercado a un concepto de salud que hasta ahora es teórico. Desde mi punto de vista no hemos integrado totalmente el concepto de salud a nuestro sentimiento y comportamiento, sigue siendo solo un pensamiento. Algún día el concepto de salud será realmente nuestro, será un órgano, una certeza, pensada, sentida y en movimiento.

En la naturaleza no existe la enfermedad, todos los procesos naturales fomentan la salud, el bienestar, el placer. Los organismos entran en desequilibrio y buscan automáticamente la homeostasis, la vida es movimiento, acontecimientos.

Según la OMS, la evidencia de salud es el bienestar y la define como “Estado de completo bienestar, físico, mental y social.

Bien – estar. ¿Qué es? ¿Quién define lo que es el bienestar para cada ser humano? Piense en cuantas distorsiones pueden existir en la mente de los humanos respecto a lo que para usted específicamente es el bienestar. Esta reflexión nos introduce en asuntos complejos porque el concepto y la vivencia del bienestar dependen de los parámetros que lo definan en cada cultura. También podemos aventurarnos a definir el bien estar en términos generales, aunque una generalización tiene sus limitantes conceptuales.

En este marco de ideas la salud y la enfermedad son experiencias subjetivas.
Creo que a cada uno de nosotros le corresponde crear su propia salud cada día, cada instante de su vida, y, ¡sí que tenemos responsabilidades!

¿Ha pensado usted en la responsabilidad como un poder? Generalmente asociamos la responsabilidad con obligación, carga, sacrificio. Ahora yo lo invito a sentir su responsabilidad como su poder para responder, su poder para crear opciones de placer, de bienestar, de asertividad. ¿El asunto se hace más sencillo? ¿Le gusta saber que posee el control de su existencia? Pues quiéralo o no, usted es el único responsable de su bienestar y de los resultados que obtiene en su vida.

Estar sano es algo en lo que el individuo participa activamente, algo que él hace. Involucra su comportamiento; estar sano es pensar, sentir y moverse sanamente. La expresión emocional de la salud es la seguridad, este sentimiento es el fundamento de las emociones naturales; si estamos seguros podemos amar y si amamos y somos amados podemos experimentar la felicidad.

La representación mental de la salud, como un bien, como un valor, como una riqueza se relaciona con la consciencia de la capacidad, la competencia natural que usted posee, la decisión que declarada desde su identidad: “Soy sano, ser sano es mi propósito, es mi naturaleza.”

Las sensaciones, los sentimientos, la representación sensorial de la salud es la que confirma y afirma realmente el bienestar. Me siento sana, me siento bien y mejor aun siento seguridad, siento amor, siento alegría; también puede ser siento miedo porque algo amenaza realmente mis tejidos y mi vida, siento ira porque alguien me ha quitado algo que considero mío o me ha negado un derecho, siento tristeza porque he perdido definitivamente algo o a alguien que consideraba mío o de los míos. Mi salud es resultado de la congruencia entre mi realidad interna y mi realidad externa. Quiero decir que la salud involucra la capacidad de sentir y expresar las polaridades emocionales naturales que acompasan con la vida. Esto es ser fiel a lo que siento y expresarlo sin dañarme sin dañar a otros.
La congruencia entre ser, estar y sentirme sana es lo que realmente determina mi nivel de salud. La salud es el resultado de un proceso que involucra esta congruencia, es vivir, es mover la vida.

Lo invito a retornar a la subjetividad en nuestra percepción de esta riqueza. Usted puede ser sano. El médico le hace un chequeo general y afirma que todo su organismo funciona bien – está sano – no existe evidencia alguna de enfermedad y sin embargo usted se “se siente mal” y sigue buscando insistentemente la causa de su mal – estar, ¿puede declarar que usted es sano?

Estar bien en lo físico puede describirse como el estado de no dolor, no bloqueo funcional; la evidencia de no dolor, no tener lesiones , síntomas de enfermedad o daños; poderse mover, poder hablar, respirar, mirar, oír y sentir; comer, tocar, dormir y descansar; es decir, no estar impedido en ninguna de las funciones físico – orgánicas.

Los seres humanos somos energía

El Ser humano es una unidad integrada por seis esencias o energías básicas, tres de ellas están dentro de la piel y constituyen su realidad interna, son: pensamiento, sentimiento y movimiento; las otras tres constituyen su realidad externa, son: Comunicación, ambiente y símbolos.

La sexta esencia, la energía simbólica, impregna y traduce todas las demás.

Nuestra tarea como humanos es vivir y manejar dos realidades: una interna dentro de la piel y otra externa. En ambas realidades intervienen nuestras seis esencias, que en un continuo se traducen la una a la otra.

La manera como acompasamos nuestra realidad interna, tres energías adentro de nuestra piel: pensamiento, sentimiento y movimiento; con nuestra realidad externa: tres energías fuera de nuestra piel que también nos constituyen: comunicación, ambiente y símbolos; incide en nuestro estado de salud.

Las energías externas además de constituirnos son la expresión de nuestro ser y por lo tanto definen nuestras relaciones y, la salud, en este caso se evalúa por la calidad de las mismas. La calidad de nuestras relaciones con el ambiente natural y con los otros humanos da cuenta de nuestro nivel de salud. Vale preguntarse ¿Es fiel a la vida el resultado que hasta hoy obtengo de mis relaciones? ¿Mi comportamiento en relación con los otros y el ambiente es constructivo, o destructivo?

Entonces ¿De quien depende mi salud? ¿La salud es un asunto social? ¿Depende del ambiente? ¿Soy sana por naturaleza?

¿Soy realmente la única responsable de mi salud y mi bienestar?

¿Como influiría esta ultima creencia en mi proceso de salud?

Puede ser tan desequilibrado creerse completamente responsable de su salud como lo es delegar totalmente la responsabilidad en la profesión médica en los otros o en el ambiente social o natural.
La vida es relación, es movimiento, es cambio y evolución, adentrarse en el propósito de la vida implica exponerse, relacionarse arriesgarse a generar cambios, respuestas, interacciones. La vida es relación, comunicamos lo que somos y respondemos al movimiento de los otros y el ambiente. Este riesgo de vivir sanamente en armonía con los otros y el entorno, solo puede asumirse con responsabilidad, con conciencia.

Ningún ser humano escapa totalmente a la enfermedad, a la pérdida y a la consiguiente tristeza. Sentir miedo para protegernos y ser protegidos; ira para reclamar lo nuestro comprendernos y ser comprendidos y tristeza para consolarnos y recibir consuelo nos impulsa a retornar al placer. La vida es un continuo de placer y gozo con una polaridad no placentera cuyo único propósito es recordarnos que existe el placer y podemos retornar al él.
Somos salud y no somos conscientes de ella hasta que enfermamos.

Nuestros cuerpos poseen formidables capacidades innatas de curación que a menudo descalificamos deslumbrados por los avances de la ciencia médica. Claro está que cuando enfermamos necesitamos ayuda externa en formas de tratamiento médico para potenciar nuestro proceso curativo natural y retornar a la salud.
Hipócrates enseñaba, hace 25 siglos que estar sano era la prueba de que un individuo había alcanzado un estado de armonía consigo mismo y con el entorno y que aquello que afecta la mente también afecta al cuerpo. Frecuentemente nos encontramos pensando como lo hacían los antiguos.

Quiere decir que de nada sirve que me ocupe de mi salud individual si no me ocupo de mi entorno y de los seres que comparten conmigo. Mi responsabilidad trasciende mi ser y se extiende a los otros y al ambiente. Toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa. Querámoslo o no los seres humanos nos afectamos unos a otros. La vida es relación y es en relación como los humanos sobrevivimos, comunicamos, crecemos y trascendemos.
La salud potencia y sustenta a las otras riquezas básicas. Ser estar y sentirse sano es consciencia, responsabilidad con nuestra existencia y congruencia en nuestros propósitos de vida en armonía con nuestro ambiente social (pareja, familia, y grupos sociales) y natural.

Conocimiento

Crecer en conocimiento no es sólo terminar la Escuela, acumular información, obtener buenas notas, ser admitido en una Universidad o adquirir un titulo; es ser capaces y competentes para pensar, sentir y movernos aprendiendo, decidiendo y evaluando nuestros resultados, es conocer las capacidades de nuestro cerebro y utilizar este poder en beneficio propio y de nuestros seres amados.

Nuestro conocimiento de nosotros mismos, los otros y el mundo que nos rodea, nuestras habilidades, destrezas y competencias para solucionar los problemas y hacer fácil la existencia en todas las áreas de la vida nos produce placer y es uno de nuestros más poderosos motivadores. Nos hace felices por naturaleza aprender cosas nuevas, comprender y entender un concepto, aprender y mover una habilidad, darnos cuenta de nuestro poder creativo y afirmarlo.

Crecer en conocimiento, madurar intelectualmente es un proceso cuya meta es canalizar y dirigir la energía de nuestro cerebro efectivamente para vivir. Madurar intelectualmente es un paso seguro a la felicidad y no se relaciona directamente con la cantidad de conocimientos o títulos obtenidos.

Descubrir como cada uno de nosotros percibe el mundo y como nuestro cerebro recibe la información y darnos cuenta de lo que cada uno hace con ella es autoconocimiento. Un hombre que conoce del mundo y de los otros humanos es un hombre de ciencia, el que además se conoce a sí mismo es un sabio. Conocimiento y amor confluyen en esta frase de Paracelsus: “Quien entiende también ama; entre más conocimiento inherente más amor”, o en esta otra de Erich Fromm: “Tengo que conocer objetivamente a la otra persona y a mi mismo para ver la realidad; solo de esta objetividad puede florecer el amor”.

Nuestras células procesan constantemente la experiencia y la metabolizan, cada célula sabe y es nuestra anterior experiencia del mundo y del evento que experimentamos. No nos limitamos a absorber datos crudos por los ojos y los oídos; cada una de nuestras células es una partícula de consciencia que se convierte físicamente en la interpretación al interiorizar la experiencia, construyendo mapas físicos en conexiones neuronales visuales, auditivas y/ o sensoriales de cada experiencia.

Desde el momento de la concepción nuestras células están recibiendo y grabando información. Como especimenes humanos cada uno de nosotros integra la información asimilando y relacionando sus experiencias de ahora con experiencias anteriores y paso a paso construye sus estructuras personales o mapas mentales del mundo, de si mismo y de los otros.

La forma como aprendemos, asimilamos y estructuramos finalmente nuestras experiencias da cuenta de la calidad de nuestros conocimientos. Mientras más cercana esté nuestra estructura a la realidad real, más claro y confiable es nuestro conocimiento.

La coherencia interna es otro indicador de la calidad del conocimiento adquirido, se refleja en la armonía expresada entre lo que sentimos, pensamos y hacemos. Cuando una persona expresa esta armonía, ella se convierte en la idea que quiere comunicar y genera automáticamente confiabilidad, y quien confía está listo para amar.

El real conocimiento suma conceptos o ideas, habilidades y/o destrezas con sentimientos y sensaciones que confirman que estamos haciendo las cosas para lograr lo que queremos, su aplicación es un complejo proceso que cuando está totalmente instalado, cuando realmente lo hemos aprendido se realiza sin la intervención de nuestra consciencia, entonces decimos que somos hábiles, diestros, competentes para pensar, sentir y mover un proceso creativo. Somos creadores y creamos lo que creemos, en primera persona estos verbos se conjugan igual Yo creo, Yo creo. Y cuando realmente creo algo lo realizo, por eso ya no tengo que pensar como hacerlo, simplemente lo hago.

Aprendemos habilidades y destrezas en pensamiento, sentimiento y movimiento y es la integración de estos procesos internos en cada área de nuestra vida el indicador de calidad en términos de bienestar o malestar.

El aprendizaje de habilidades, destrezas y/o competencias en cualquier aspecto de nuestra vida pasa por cuatro etapas:

Incompetencia inconsciente: Ignoramos lo que hemos de hacer y no tenemos ninguna experiencia de ello. Es la etapa de la “ignorancia dichosa”. Para un niño la conducción de un coche es magia.

Incompetencia consciente: Comenzamos a hacerlo y surgen los problemas: esta etapa exige toda nuestra atención consciente, es la etapa más incomoda y en la que más asimilamos experiencia y aprendemos.

Competencia consciente: Somos capaces de hacerlo solo con atención y concentración. En esta etapa se requiere permanencia en el propósito y práctica.

Competencia inconsciente: Nos convertimos literalmente en la habilidad, una serie de hábitos automáticos funcionan sin nuestra intervención consciente y por ejemplo manejamos el coche y al mismo tiempo sostenemos una conversación con alguien o escuchamos música.
Así hemos aprendido una cantidad de competencias para sentir, pensar y movernos en bienestar y también aprendimos de la misma manera hábitos para pensar, sentir y movernos automáticamente hacia el malestar.
Puedes revisar tus aprendizajes y darte cuenta que la mayoría de las cosas que realmente has aprendido hasta la competencia inconsciente no las aprendiste en la Escuela o en la Universidad, las aprendiste en la vida, relacionándote contigo mismo, con las otras personas y el ambiente.

Y en muchas de las habilidades y competencias que se incluían dentro de tu proceso de formación profesional solo llegaste a la segunda o tercera etapa del proceso.

Tu conocimiento es una de tus riquezas básicas, porque tu conocimiento organizado con un propósito te permite hacer realidad tus ideas y convertirlas en dinero en efectivo. Puedes crear cualquier cosa que puedas imaginar.

¿Sabes lo que quieres?

La sabiduría no esta en lo que haces, está en lo que eres y entre otras cosas eres tu conocimiento.

Te invito a reflexionar en esto: cuatro etapas de la evolución: Reflejos automáticos, conciencia, entendimiento y conocimiento. Comenzamos la vida en automático, nuestro inconciente gobierna todo automáticamente, llega la consciencia aproximadamente a los 7 años y con ella comenzamos a entender conceptos y situaciones y por ultimo conocemos.

Cuando realmente conocemos nos convertirnos en la experiencia. Entrega conciente, confianza en lo que soy fe. Sentimiento, pensamiento y movimiento en una misma honda, acompasados, unidos. Conocer es lograr la unidad interna, al menos acercarse a ella.

La experiencia del amor es en primera instancia el intento de percibir la realidad múltiple de la otra persona.
Amar y por lo tanto tu capacidad de dar y recibir, depende de la capacidad que se tiene para percibir la realidad con una visión clara.
Amor es saber ahora, amor es objetividad, amor es conocimiento. Es proceso de conocer, descubrir tu ser y tu realidad cada día.

La felicidad

Y ¿que es la felicidad?

Para mi es esa sensación de que todo está bien, que la vida fluye en mi y a través de mí, es plenitud, riqueza, placer. Placer ahora, placer sostenido, placer vivo.

Sentimos alegría por instantes cuando logramos una meta o un poder, cuando satisfacemos una necesidad o un deseo, cuando reponemos un recurso que habíamos perdido, cuando nos sentimos amados y aprobados. Felicidad es la alegría del espíritu, que no está sujeta a ninguna condición. Felicidad es un estado permanente del alma. La felicidad es la disposición de acompasar con la vida día a día. Y este proceso requiere de madurez emocional, esto es crecer emocionalmente, realizar mi energía sentimental o emocional.

Yo creo que “la real academia de la creación”, “La consciencia”, “El Universo”, “El creador”, como usted lo quiera nombrar; yo elijo llamarlo Dios, cuando nos creo, nos doto de energía emocional y especificó esta energía en sentimientos naturales, propios, dignos, correspondientes a un ser humano. Y estos sentimientos están presentes en un recién nacido, él está programado para sentir y sus sentimientos naturales como todo lo que él es requieren madurar y desarrollarse para cumplir el propósito del creador.

Entonces un niño está inmaduro emocionalmente y necesita padres que le modelen el como sentir y expresar sus sentimientos naturales. Así como requiere apoyo, cuidado, guía y protección para pensar y moverse en correspondencia con sus propósitos.

Los sistemas educativos a nivel mundial, elaboran y ejecutan complejos planes y programas para acompañar a los niños, jóvenes y adultos en los procesos de entrenamiento físico y desarrollo intelectual. No conozco planes específicos para entrenarnos en el desarrollo de nuestra energía emocional. El tema de las emociones apenas se toca cuando “tratamos” de descubrir las causas de los grandes problemas de la humanidad.

Solo quien está maduro emocionalmente puede vivenciar el conceptos como: “La felicidad es el camino”, seguro de quien es, de su conocimiento, de sus limites, sus medidas y distancias para compartir con otros y pertenecer; dispuesto al cambio, la renovación y la evolución.

Y la meta del proceso de maduración emocional es la felicidad, para entrenarnos en ella es necesario que maduremos nuestros sentimientos naturales. Nuestra energía emocional natural está integrada por tres parejas de sentimientos cada una con un polo placentero y otro no placentero. Estas parejas también tienen una jerarquía que indica el prerrequisito de madurar en una escala u orden emocional. Físicamente es necesario que un niño camine antes de correr, bailar o hacer gimnasia olímpica.

En su orden las emociones o sentimientos del polo placentero son la seguridad, el amor y la alegría; en el polo no placentero en igual orden están el miedo, la ira y la tristeza. La vida comienza con una lucha por la supervivencia el primer sentimiento que siente un recién nacido es el miedo, al recibir la protección de su madre siente seguridad; seguro de su derecho a la vida y del apoyo de su madre siente ira cuando interpreta que le están negando su derecho a ser protegido y cuidado, reclama lo que considera propio y con la comprensión y la atención de la madre confirmar su derecho a amar y ser amado ; en este nivel cuando no logra lo que quiere siente tristeza y si es consolado retorna a la alegría.

Transitar por esta escala emocional acompañados de nuestros padres no lleva a crecer emocionalmente y, como adultos, estaremos en capacidad de comprender que el propósito es vivir en el polo placentero, aceptando que podemos sentir miedo, ira y tristeza, sentimientos que expresados adecuadamente reconstruyen las parejas emocionales con la seguridad, el amor y la alegría en un flujo constante de vida.

Entonces ser feliz, esa actitud frente a la vida de gozo permanente, incluye la posibilidad de sentir miedo, ira y tristeza. La polaridad de la vida se expresa especialmente en nuestras emociones y ninguna de estas seis es destructiva cuando funciona en el propósito y las leyes de la creación. Felicidad es ser y estar seguros, amorosos y alegres, la certeza de merecer la vida sin ninguna condición para sobrevivir, comunicar, crecer y trascender.

La felicidad contiene la capacidad de sentir y expresar lo sentido, la apertura para recibir, pedir, darse y dar que son las competencias reales de un ser humano adulto, que realmente ha crecido respondiendo al diseño de la creación. Padre, adulto y niño en un solo ser. El misterio de la unidad, realizado, no entendido si comprendido.

La felicidad es la gracia de ser, sentirse y estar realizados en nuestras potencialidades.
Felicidad es competencia para atraer con responsabilidad, bienes y seres a nuestro lado, implica conocimiento de si mismo y el entorno, implica sentido de merecimiento, pertenencia a la especie humana.

Fe, solidaridad y felicidad que constituye la escala del crecimiento espiritual. Entonces cuando maduramos emocionalmente logramos vivenciar nuestra espiritualidad, logramos la anhelada iluminación de ser quienes realimente somos.

Alexander Lowen dijo que la felicidad es la consciencia del crecimiento: Crecer es el propósito de los propósitos; estamos en el mundo para crecer, no podemos dejar de hacerlo pues todo lo que está vivo está en constante movimiento, evolucionando.
La felicidad es la extensión espiritual de la alegría que es la emoción del cambio, la renovación y el logro.

La felicidad es el Santo Grial de la existencia.

Libertad

Quien es feliz es libre, la libertad es consecuencia de la felicidad, la persona feliz, es libre y nada ni nadie puede coartar su libertad.

Este es nuestra cuarta riqueza, estoy segura que usted ha descubierto que estas riquezas están tan unidas entre si que si poseemos el valor y la virtud que cada una de ellas representa las cuatro riquezas compañeras están a nuestro alcance en una escala ascendente que nos califica como seres humanos al nivel de la evolución, lo que Maslow llamó seres auto actualizados y John Grinder llama estado de excelencia.

Mi maestro decía: “Es libre quien cumple aquello con lo que se compromete”.

Todos somos libres de crear nuestro destino, algunos sentimos y realizamos esta creencia; otros creen que somos esclavos del destino, del tiempo, de la sociedad y hasta de Dios e igualmente realizan su creencia, lo cual únicamente confirma nuestra libertad.

Creamos nuestras cadenas, nuestras celdas, nuestras creencias, ataduras y condicionamientos. Nos encerramos en relaciones destructivas por miedo al amor y este sentido de pobreza y esclavitud representa la ausencia de las riquezas básicas que preceden a la libertad.

Un ser humano que se sabe libre, decide y elige enmarcado en su propio territorio, esto es en los límites que conoce y gobierna. Sus elecciones y decisiones en todo caso corresponden a su propia teleología, al para qué o propósitos de su vida.

Libre es entonces aquel que hace lo que quiere; fundamentado en sus propósitos, con sentido de responsabilidad para darse cuenta de sus resultados y ajustar sus planes de acuerdo a ellos. Un ser humano que es y se siente libre se compromete profundamente con lo que quiere y los que quiere, está presente en sus amores y en sus bienes. Un ser humano libre cuida sus tesoros, conoce y desarrolla sus virtudes y sabe defender y reclamar sus derechos.

Mi libertad no puede coartar la tuya y cuando uno de los dos acepta imposiciones es tan responsable del malestar generado como el que las impone y estoy hablando de las circunstancias cotidianas de la vida y las relaciones. En estos casos ambos son esclavos de una relación coodependiente y destructiva. El amor es libertad y solo puede vivirse en libertad, no puede asignarse como una obligación.

En una relación profunda entre dos seres humanos la libertad de cada uno se expresa en un sentido de unidad en le que se comparte el poder y cada uno hace sinergia a los propósitos comunes, manteniendo su individualidad.

Es libre quien se siente amado siendo el que es y ama al otro por ser el que es sin condicionamientos, sin posesión y con profundo compromiso.

El estar y sentirse bien en lo psíquico: Incluye estar bien físicamente y además, ser libre para escoger y variar a voluntad el qué, el con qué, el cómo, el para qué, el donde, cuando y con quien actuar las funciones físico- orgánicas. Es decir sentirse bien resulta de la autonomía para la interacción constructiva con el ambiente y seres con los que compartimos. Exige el sentirse y moverse en libertad.

Es la extensión espiritual de la autonomía, esta riqueza se estructura en el poder de ser Yo, ser el que soy.

Cuando somos libres poseemos y ejercemos con alegría el poder de la responsabilidad, nuestra mente y corazón están abiertos al cambio, somos seguros, amorosos y alegres y erradicamos de nuestra vida el sufrimiento.

La persona libre hace su camino al andar y sabe para donde va.

La belleza

La gracia y el poder reflejo de la vivencia de las riquezas básicas anteriores: salud, conocimiento, felicidad y libertad se expresa en belleza, más allá de los patrones sociales y culturales.

Gracia en mis movimientos, soltura en mis pensamientos, disposición a cambiar a fluir con la vida, belleza es ser realmente quien soy y además saberlo, tener consciencia de ser la que soy.

Un cuerpo vibrante que se mueve con soltura y flexibilidad está vivo y dispuesto a percibir y gozar de la belleza de otros seres y la naturaleza.

La belleza natural es ilimitada, todavía no alcanzamos a conocer nuestro planeta y sus infinitas expresiones. Lo mismo ocurre con el conocimiento de nuestro ser, somos un mar de opciones de vida y bienestar.

La belleza refleja merecimiento, pertenencia, amor. Es la imagen de nuestro tesoro, somos bellos, estamos bellos y nos sentimos bellos.

¿Posee usted estas cinco riquezas?, estoy segura que en muchos momentos de su vida usted ha sido consciente de su existencia, en esos momentos se sintió rico, capaz, libre, feliz. Somos ricos por naturaleza y con frecuencia nos olvidamos de las leyes de la naturaleza. Basta entonces con recordarlas para activarlas, pensando, sintiendo y moviendo nuestros deseos.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia
Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.


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2 Comentarios

  • me parece ejemplar, y muy didáctico este articulo. queda muy bien reflejado como vivir una vida plena y consciente. excepcional herramienta para reflexionar y facilitarnos un equilibrado desarrollo personal.
    yo tb soy enfermera, comparto esta visión y gracias por este resumen tan completo de una evolución en armonia con nuestro entorno y con nosotros mismos

  • Articulo completo sobre el SER y el HACER humano, donde se es conciente del SER para luego el HACER, dandonos primero a nosotros mismos y luego a los demas. Benefico para los practicantes del area de la salud en general, en pro de un conocimiento mas amplio del quehacer del humano, evitando asi, las perturbaciones emocionales que llevan al uso de drogas de todo tipo con el fin de encontrarse y llenar su vacio emocional. Considero adecuado una mayor difucion de este articulo, en los diferentes ambitos escolares. Felicidades a la autora.

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