Relaciones personales en el trabajo

Foto: Chris(Licensed Under Creative Commons)

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Por G.L.

El ambiente laboral es uno de los campos de batalla más complejos en los que una persona debe batirse a lo largo de su vida. Además, es posiblemente el único en el que uno no elige al resto de la gente que le rodea.

En cualquier otro ámbito de nuestra vida, el individuo elige con quién estar y las condiciones en los que quiere estar. Si por una u otra causa estas condiciones no son las que uno desea, puede elegir libremente cambiar de aires.

Cuando nosotros elegimos pertenecer a un club o una asociación, lo hacemos porque tenemos algo, por pequeño que sea, en común con el resto de las personas que pertenecen a ese club. No obstante, si no nos sentimos lo suficientemente integrados, o no queremos tratar con alguna de esas personas que pertenecen a ese mismo ámbito, tenemos nuestros propios recursos para evitar ese trato: mostrarnos ariscos, eludir los encuentros, etc… Si tampoco logramos evitarlo, siempre tenemos la opción de darnos de baja y no volver más por allí.

Incluso en el ámbito familiar, una persona tiene más libertad y recursos que en el mundo laboral. Sabemos con qué persona de nuestra familia nos relacionamos mejor, sabemos de qué temas hablar y en qué registro. Podemos incluso dejar de tratarnos con nuestros padres, hermanos, primos, tíos, etc… Podemos separarnos o divorciarnos de nuestra mujer si así lo deseamos. Podemos, incluso, legar a nuestros hijos en adopción si no nos sentimos capaces de educarlos o cuidarlos…

Ni que decir tiene que, por supuesto, puedes elegir a tus amigos, aunque Gracián nos advierte: “Hay pocos amigos de la persona y muchos de la suerte”. Aunque también admite: “Es más útil el buen entendimiento de un amigo que muchas voluntades de otros”. Y así sentencia: “Tener amigos es el segundo ser. Todo amigo es bueno y sabio para el amigo. Uno valdrá tanto como quieran los demás”. No hay duda, por tanto: en el ámbito de las amistades podemos y debemos elegir.

Las escapatorias que nos brinda la vida son inmensas en todos los terrenos de nuestra existencia, menos en el mundo del trabajo.

“Esto son lentejas. Si quieres la tomas y si no las dejas.” Así es el mundo del trabajo.

Gente de todas las clases(económicas y culturales), colores (físicos e ideológicos), condiciones(físicas y económicas), estaturas (físicas y mentales), opiniones y creencias se juntan codo con codo contigo con el fin de realizar un mismo trabajo.

La mayoría de estas personas no es que no las hayas elegido tú como compañeros, si no que, posiblemente en otras circunstancias ni las tratarías, ni les mirarías a la cara (ni ellas a ti). Es posible que puedas elegir a tus subordinados (en la mayoría de los casos tampoco), pero nunca a tus jefes. Es posible que puedas elegir a tus proveedores, pero nunca a tus clientes.

Si el panorama es tan horrible siempre podemos abandonar,( lo mismo que unas líneas más arriba nos hemos divorciado de nuestra mujer) pero, eso sí, hay que tener presente que en el siguiente trabajo tampoco podremos elegir.

En el mundo laboral además de relacionarte con gente de todo tipo se te exige que actúes en sinergia con ellos ( el colmo) y que contribuyas con ellos a conseguir determinados objetivos.

Se te impone que seas amable con tus compañeros y respetuoso con tus jefes y precisamente por eso en el mundo laboral nos encontramos con multitud de problemas interpersonales que la empresa te exige superar para conseguir realizar tu trabajo con eficacia.

El trabajo no es sólo aprender unas habilidades técnicas sino que, sobre todo, se convierte en un campo de desarrollo interpersonal.

En el mundo en que vivimos, las cualidades técnicas se presuponen. Todos las tienen.

El verdadero factor determinante son las relaciones personales. Quien sepa desarrollarlas adecuadamente progresará y se sentirá bien en su trabajo. El que no lo haga así…

Para terminar un último consejo de Baltasar Gracián sobre este asunto: “Evitar las victorias sobre el jefe. Toda derrota es odiosa, y si es sobre el jefe es necia o es fatal. Siempre fue odiada la superioridad y más por los superiores.”


 

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