Relaciones entre hermanos

Foto: Denin(LCC)

Por Rally Wynne

La rivalidad entre hermanos es una constante no sólo entre los humanos sino en cualquier especie animal. Las crías de cualquier animal compiten con sus hermanos desde el mismo momento de su nacimiento por captar toda la atención de sus padres. Esta atención se traduce directamente en mayor atención, cariño y alimento.

La racionalidad del ser humano, lejos de suavizar este conflicto, lo que hace es aumentarlo puesto que el niño pequeño piensa que todo el amor de sus padres se va a dirigir hacia su nuevo hermanito dejándole a él completamente solo.

A pesar de su propia experiencia como hermanos, muchos padres no están preparados para la hostilidad que despierta esa competencia entre sus propios hijos. Además aparece un cierto sentimiento de culpabilidad puesto que se sienten responsables de no haberles sabido inculcar el cariño mutuo entre ellos.

Que dos hermanos se lleven bien es una felicidad para sus padres, que de esa manera descansan de parte de sus responsabilidades. Si, por el contrario, se llevan mal los padres se sienten frustrados.

Sin embargo, y aunque todos conocemos casos extremos tanto en un sentido como en el otro, todos sabemos que las relaciones fraternales pasan por distintos estadios, épocas, momentos puntuales. Hay ratos buenos y hay ratos malos.

Elegimos a nuestros amigos y a nuestra pareja, pero no elegimos a nuestra familia, ni a nuestros padres, ni a nuestros hermanos. Saber convivir con ellos es algo a lo que debemos adaptarnos. Debemos aprender a tratarnos con nuestros hermanos y es lógico que no todo sea un camino de rosas.

Los padres no son totalmente responsables de las relaciones entre los hermanos. Lo que si pueden es a ayudar a crear un clima favorable entre ellos. El resto es cosa suya.

No obstante, y aunque sea pura lógica convendría que nos fijáramos en algunos errores en los que los padres suelen caer a menudo y que no favorecen en absoluto las relaciones entre hermanos.

Cuando los padres tienen un preferido al que dedican todos sus piropos y todo su afecto, el otro se siente arrinconado y celoso.

Lo mismo ocurre cuando uno de ellos es puesto como ejemplo de comportamiento ante el otro. “Ves lo bien que lo hace Ramón, no como tú que…” Lo único que causan es envidia y que el perjudicado en la comparación sientan ansias de venganza hacia su hermanito modélico.

Las actitudes excesivamente autoritarias de los padres también fomentan la agresividad entre los hermanos que toman como ejemplo la supremacía del más fuerte sobre el más débil y por tanto crea relaciones de poder que lógicamente se manifiestan en peleas constantes.

Aunque haya que enseñar que los juguetes se deben compartir, y de hecho existan juguetes que son de todos los hermanos, es un poco ingenuo y excesivamente idealista pensar que “todo debe ser de todos”. Cada uno debe tener su propio espacio y sus propios juguetes.

Las peleas entre hermanos suelen ser a veces la única manera que tiene los niños de llamar la atención de sus padres, demasiado ocupados en otras cosas.

En otras ocasiones no son sino un reflejo de la propia conflictividad de la pareja. Los niños son especialmente sensibles y notan cualquier tipo de conflictividad entre los padres, incluso aquellas tensiones que no se manifiestan exteriormente.

Debemos dejar que los niños resuelvan sus propios conflictos a su manera. Esto no quiere decir que debamos dejar de estar vigilantes y pendientes de intervenir en caso de necesidad. De lo que no hay duda de que van a tener que resolver conflictos por sí mismos durante toda su vida y en familia puede ser un buen momento para iniciarse.

Hay ocasiones en que los conflictos entre hermanos se ven venir. La tensión flota en el ambiente. Sería aconsejable entonces iniciar cualquier tipo de actividad que redujera esa tensión o que la distrajese: iniciar una nueva actividad, algo que requiera toda nuestra atención, cantar, pintar, bailar, jugar a cualquier cosa todos juntos, hacer ejercicio, cansarse físicamente, etc…De esta manera evitaremos muchos conflictos innecesarios.

No hay mayor riqueza para un ser humano que tener un hermano en el que poder confiar, al que poder acudir, al que poder amar, con el que poder convivir durante los años de la infancia y con el que compartir muchas experiencias, pero esto no quiere decir que todo esto sea fácil. La labor de los padres debe favorecer en todo momento esta relación pero sin forzarla en absoluto.

No se puede obligar a un niño a llevarse bien con su hermano, pero si que se puede crear el clima propicio para que esto se produzca.


Nuevos enfoques en educacion
Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.
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