El cascabel del gato

Por Rosetta Forner

Si te dicen que, siendo como eres, «no llegarás a nada».
Si te empeñas en hacerle la pelota al «status quo».
Si consideras que eres un fracaso sin remedio.
Si estás convencida/o de que sin tal o cual titulación académica no puedes dedicarte a tal o cual cosa.

Si te echaron de muchos y diversos clubes por no acatar las normas.
Si tu pareja es «ex» porque no quisiste pasar por el aro.
Si no tienes pareja porque estás bien contigo misma/o.
Si crees que la edad cronológica no afecta a la capacidad de pensar, sentir, vivir, reír, divertirte, disfrutar, crear…
Si has decidido tener ideas propias.
Si no te rindes ante un obstáculo.
Si lo vuelves a intentar siempre que no logras tu objetivo.
Si no te importa «volver a empezar».
Si crees que eso de ser mujer o ser hombre es «el traje de identidad humana».
Si consideras que nadie es más ni menos que nadie.
Si usas el respeto para relacionarte con tus semejantes pero pasas del servilismo.
Si te atreves a pensar por tu cuenta.
Si tienes ideas singulares.
Si pasas de que te hagan la ola, la pelota.
Si crees que puedes lograr todo lo que te propongas.
Si quieres que te amen por el SER y no por el TENER.
Si te importa más tu alma que tu cuenta bancaria.
Si crees que los del CdR (Club del Redil) son todos una panda de hipócritas, demagogos, sectarios y atontadores.
Si no sigues a ningún gurú ni gurusa.
Si no te has pasado de una religión a otra sino a tu alma.
Si tienes hijos porque te da la gana.
Si no tienes hijos porque no te la da la gana.
Si cuidas y amas a tus padres.
Si te llevas bien con tu familia de origen estelar y humano.
Si crees que «lo que siembras, recoges».
Si te consideras artífice de tu destino (acción y omisión).
Si asumes la responsabilidad sobre los acontecimientos de tu vida.
Si no te importa que te critiquen por no doblegarte a las órdenes de otros.
Si pasas de caerle bien a la gente y sólo te importa quedar bien contigo.
Si te uniste a la persona que ama tu alma pasando de todo.
Si te tomas los fracasos como «resultados no deseados».
Si crees que un traje de mujer no es más ni menos que uno de hombre.
Si la cuenta bancaria o éxito social de la gente te trae al pairo.
Si lo ídem con lo tuyo.
Si tienes criterio propio.
Si estás hasta la coronilla de todos los memos y de todas las damiselas de diadema floja.
Si te gusta innovar.
Si no te resistes a los cambios.
Si aún tienes sueños.
Si estás a punto de tu segunda adolescencia.
Si quieres ser SINGULAR y averiguar si tu lámpara tiene genio…
Si ha llegado la hora de dejar de ir a la escuela tradicional y aventurarte en los dominios privados de tu SER.
Si te encanta ser un hada o un ángel en excursión humana.
Si te lo pasas pipa dándoles en los morros a todos los monstruos del Club del Redil.
Si te encanta llevar la contraria a todos esos que nunca creyeron en ti.
Si escoges en vez de esperar a que te escojan.
Si eres quien eres, y eso te fascina.
Si crees en el alma y pasas de los que te etiquetan de ser la versión ñoña de «la Fuster».
Si te chifla comprarte el bolso que te pasa por la corona y no el que dicen las revistas de moda-engaña-damiselas-dediadademafloja que se lleva para que así todos vean «tu cuenta corriente».
Si pasas de ligar aunque por ello piensen que no eres una mujer o un hombre liberada/o.
Si… te gusta ser HUMANO y no HUMANOIDE.

Pregunta: ¿Quién le pone el cascabel al gato?
Respuesta: Aquel que se atreve a abrir las puertas de su ser y vive su vida humana acorde a quien es a nivel de alma.

Mucho he escrito acerca de la importancia de ser uno mismo, de lo decisivo que es aventurarse a descubrir que, dentro, mora la genialidad. No obstante, sin libertad no es posible la genialidad. Y, sin rebeldía, el genio no sale a pasear. La singularidad sólo amanece cuando permitimos que sea el alma la que rija el destino humano, no la SOCIEDAD (la que yo he bautizado como CdR: Club del Redil). No soy un número de la Seguridad Social. No soy una «tarjeta» que ficha en Hacienda y paga el tributo de la esclavitud todos los años. Por no ser no soy ni mi cuenta bancaria, ni mi coche, ni mi casa, ni el barrio donde vivo, ni mis éxitos profesionales, ni mis títulos académicos. Lo he dicho millones de veces, soy un HADA. Ésta es mi misión humana, y me empeño en ejercerla.

Y, tú, ¿quién eres?

En Pídeme la luna (Planeta, 2007), conté cómo apuntarse a la ESCUELA VIPSS. Parece una contradicción que sostenga por un lado que la genialidad no va a la escuela y por otro que «cree una escuela VIPSS».

A veces, las cosas no son lo que parecen.

En mi escuela VIPSS se aprende a mandar a la porra a todos los condicionamientos sociales impuestos por el CdR, y, al hacerlo, el genio, o la genialidad que somos, aparece, nace, se muestra, abre los ojos, sale al exterior.

Nunca te tapes la boca.

No te pases tu vida humana siendo un zombi social.

Nadie te agradecerá que hayas malgastado tu vida humana en las cloacas de la inanición emocional. La muerte física sólo duele a aquellos que olvidaron vivir sus vidas. De ahí que la enfermedad sea la alarma que avisa de que estamos malgastando o malviviendo nuestros destinos humanos. En vez de hacerle caso y averiguar qué nos queremos contar, qué nos pasa o des-pasa, le tapamos la boca con esparadrapo y nos atiborramos a pastillas para así atontar el latido de nuestro primigenio corazón y obtener el Oscar a la mejor interpretación de zombi humano.

Déjalo ya, olvídate de conseguir el premio al mejor. En el CdR nunca te premiarán, pues dejarían de tener argumentos para manipularte y atontarte. Si quieres que se te reconozca, premie, ame, alabe, admire, etc., vete a buscarte y averigua quién eres. Y, una vez lo hayas hecho, ponte el cascabel, verás qué divertido y provechoso es ser el alma que eres de verdad y no la calcomanía de humanoide que había preparado el CdR para ti.

Te animo a que te pongas la corona, asumas las riendas de tu vida y te conviertas en ganador. Todos los integrantes del CdR son unos perdedores.

¿De verdad?

Obviamente. Porque amasar dinero, conseguir premios, prestigio social y lo que quieras a costa de haber renegado de la singularidad y de haber proscrito el alma que somos, no es éxito, sino FRACASO estrepitoso.
Ahora bien, cada uno está en su derecho a apuntarse al tipo de triunfo que quiera. No obstante, recuerda que la Genialidad no va a la escuela… tradicional, porque ésa es la del CdR, y en ella se cargan siempre invariablemente la singularidad, al menos lo intentan. Asimismo, el secreto no está en libro alguno de autoayuda de «tres al cuarto» (me refiero a esos libros que te cuentan cómo triunfar o lograr tus sueños entonando mantras tontos o dándole a las ensoñaciones vanas), sino dentro de ti.

¿Por qué?

Porque en tu interior, en el mío, en el de todos nosotros, están todas las habilidades, los talentos, los dones, el corazón del alma, las emociones, las claves de nuestro devenir humano, las preguntas y las respuestas… Por eso, lo único que necesitas es una «manera» (plan, estrategia, fórmula, protocolo…) para despertar a ese genio que eres en esencia.
Todos tenemos un destino humanamente divino y un alma divinamente humana. No me importa que me tachen de esto o de lo otro, forma parte del plan de navegación (era de esperar que, si mostraba mi singularidad, me diesen hasta en el carné de identidad). Me he hecho mayor, he asumido mi misión humana, y disfruto provocando al personal del CdR. A cambio, hay mucha gente que me da las gracias por existir y por mostrarles el camino para ser ellos mismos y disfrutar de su existencia humana. Sólo por esos pocos humanos (cada día son más), merece la pena el esfuerzo. No obstante, si no existiesen, seguiría mereciendo la pena porque lo hago por mí. He venido a la Tierra porque me dio la real y hadada gana, y sólo por eso me siento dichosa. Hago (lo procuro) lo que me pasa por la varita. Me puse la corona para llegar a este mundo y nunca he olvidado quién soy. Pasé por la noche oscura del alma terrena para así saber de primera mano cómo se siente un ser cuando atraviesa el desierto de la desdicha, la ignominia, el fracaso o el olvido de otro corazón. Me gusta ser humana, y me gusta vivir a mi aire. Respeto y admito (incluso me gusta) que haya gente que discrepe de mi pensar o de mi misma. Confieso que hay mucha gente –del CdR– a la que le resulto insoportable, pues mi luz pone en evidencia su mediocridad y eso es «demasié» para sus miserias redileras. Los hay que han tratado, y tratan, de igualarme hacia abajo, ¿cómo? Comparándose conmigo, y con ellos… a la baja. Eso se nota cuando alguien cuya vida es puro desastre de diadema floja me compara con ella… Supongo que te habrá pasado muchas veces. A veces, se nos iguala a la baja cuando se nos piropea, halaga o reconoce una habilidad, y a continuación la persona alega tenerla también, por ejemplo: «Eres muy inteligente. Pero, no te vayas a creer, ¡eh! Yo también lo soy». No les hagas caso, pasa de ellos, eso sí, después de haberles hecho un corte de corona.

Estoy empeñada en contribuir a que esta Tierra sea un lugar amable donde desarrollar nuestros destinos humanos bajo la protección de nuestra divinidad.

NOTA: Este artículo es el prólogo del libro “El secreto está en el genio”. Publicado con autorización de la editorial.


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