Emoción, no estado anímico

Foto: Linknin(LCC)

Por Mary Rouke

Como era de suponer ya contamos entre nuestros diccionarios con indefinidas definiciones que tratan de acercarnos un poco más al significado exacto de la palabra emoción. Algo que sin duda alguna no resulta nada sencillo. Generalmente se ha tenido la tendencia de definirlo como un claro obstáculo que nos impide pensar con claridad.

Además de considerar, que el cerebro emocional y el racional eran dos estructuras completamente diferentes.

Si nos fijamos en su origen etimológico lo primero que vemos es que está formada por dos elementos diferentes: por un lado está “mocion”, algo que etimológicamente evoca movimiento, y si a esto le añadimos el prefijo “e” lo que nos da es un movimiento que se dirige al exterior.

Se trata de una sensación que nos conecta con el exterior, ya que es un movimiento que nos impulsa hacia fuera, aunque su origen se encuentre en nuestro interior.

Nuestra capacidad emocional está íntimamente relacionada con nuestra capacidad relacional, ya que cuando compartimos con alguien nuestras emociones lo que conseguimos es sentirnos más unidos o más cercanos a los demás.

Aunque en cada cultura la manera de expresar y exteriorizar una emoción pueda variar notablemente, todos los hombres compartimos los síntomas fisiológicos de la misma.

Ya sea con un aumento del ritmo cardíaco, cierta sequedad bucal e incluso contracciones estomacales.

El principal papel que desempeñan las emociones consiste en señalar los acontecimientos que en cierta manera resultan significativos para el individuo, y a partir de aquí será él quien decida mediante qué comportamientos manejarlos.

No debemos confundir emoción con estado anímico. La primera durará unos segundos o incluso puede llegar a alargarse hasta ciertos minutos, pero si eso se alarga más en el tiempo entonces estaremos hablando de estado anímico.

A lo largo de nuestra vida cotidiana nuestro organismo tiende a manejar una serie de emociones de sobra conocidas por todos nosotros, pero que no son tan sencillas de expresar cuando lo tratamos de hacer mediante palabras.

La tristeza es una emoción constante a lo largo de nuestra vida, nunca debemos confundirla con depresión. El llanto que puede acompañar a la tristeza es corto y por supuesto debe servir para aliviarnos.

La alegría nos sirve para liberar tensiones acumuladas, así se traduce en comunión con el propio entorno, uno se siente integrado, unificado.

La cólera por su parte es una reacción por la injusticia. Lo que nos ayuda a defender lo que consideramos son nuestros derechos.

El miedo por otro lado lo que consigue es agudizar nuestros sentidos, preparándonos para huir o bien para enfrentarnos a dicho peligro con todas nuestras armas listas para entrar en acción.

Lo que el miedo garantiza es nuestra propia protección.

Todos los sentimientos y las emociones mantienen en definitiva una estrecha relación que se traducen en elementos que dan color a nuestra existencia.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia
Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.


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