Lo que esperamos de nuestros hijos

Por Leonor Rivera

Cada padre tiene consciente e inconscientemente una serie de expectativas en relación a sus hijos. Estas preferencias comienzan por desear tener un niño o una niña, por el color de sus ojos, porque sea rubio o moreno, porque se parezca a él, a ella, a su abuela materna o a cualquiera de sus tíos…

Si una madre quiere fervientemente una niña rubita y con los ojos azules como su abuelo y más tarde da a luz un niño moreno con los ojos marrones sentirá la decepción y posiblemente el niño no dejará de oír durante toda su vida los reproches de su madre por no haber sido la niña deseada.

Lo mismo puede ocurrir con un padre que desea que su hijo primogénito se haga cargo del negocio familiar, como si este se tratara de un reino, y siente la decepción de que a su hijo no le interesa en absoluto el futuro que su padre le depara y se inclina más bien por la poesía o la veterinaria.

Es lógico que los padres tengan una serie de ilusiones y preferencias a la hora de esperar cómo quieren que sean sus hijos, pero no debe en ningún caso esperar que esto se cumpla y menos hacer responsable al niño de sus propias frustraciones.

Los padres quieren que sus hijos sean siempre más de lo que han conseguido ser ellos mismos. Muchos esperan, a través de sus hijos, alcanzar aquellas metas que han sido incapaces de lograr, superar mediante ellos las frustraciones almacenadas durante toda su vida.

Por todo esto esperan que sus hijos no cometan sus mismas equivocaciones, esperan ingenuamente ahorrarles esas experiencias de fracaso cuando todos sabemos que cada uno debe cometer en su vida sus propios errores.

Todos esperamos que nuestros hijos tengan mayores oportunidades en la vida para que sean mejores y más felices que nosotros.

En algunas ocasiones estas expectativas se rompen en mil pedazos en el mismo momento del nacimiento o a los largo de los primeros meses o años de vida del bebe, cuando por la causa que sea el niño no se desarrolla como el resto y tiene cualquier tipo de minusvalía tanto física como psíquica.

En otras ocasiones la desesperanza se debe a detalles más sutiles pues el niño no está a la altura de las expectativas deseadas. “No hay quien haga carrera con él.” “No me hace ni caso.” “Este niño es muy torpe.” “¡Es tan tímido!” “Con lo alto y fuerte que es su padre…” “¡Mira que es feo el condenado!” “¡Hombre…simpático si que es!”

Sea como sea nuestro hijo no debemos olvidar que es nuestra responsabilidad darle no solo nuestro cariño, sino también reforzar su autoconfianza y la seguridad en sí mismo. Cualquier comentario negativo, despreciativo, incluso cualquier tipo de palabra que intente clasificarlo y calificarlo como ser humano ( listo, tonto, guapo, feo, gordo, pequeño, simpático, antipático, etc…) estará posiblemente marcándolo indeleblemente para toda su vida.

Debemos intentar respetarlo en su manera de ser y de comportarse. Cada niño es distinto y se comporta de distinta manera ante un mismo estímulo. Unos lloran y otros ríen, unos no paran quietos y otros se muestran tranquilos y se despistan con cualquier cosa, a unos les gustan los camiones y a otros las muñecas, unos trepan por los árboles y otros tienen miedo a la oscuridad…

 

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2 Comentarios

  • gracias leonor por esta herramienta maravillosa que nos srvira a nosotros como padres para ser mas comprensivos con nuestros hijos

  • En mi caso, mi mamá siempre me ha reprochado el que no fui alto como mi padre, mi padre mide 1.85 y yo 1.70, pero mi mamá es baja de estatura 1.50. Bueno, hasta la fecha tengo casi 30 años y sigo ilusionandome con crecer un poco más, o pensar que algo geneticamente esta mal en mi por el hecho de que no saque la estatura de mi padre. Cuando muy pocos de ambos lados tanto paterno o materno superan el 1.75. Pero aun no me puedo sacar la cabeza de que algo hice mal y por eso no creci mas.

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