¿Qué digo?

3d people partner

Foto: 3d people partner(LCC)

Por Bárbara Skutz

Cuando nos encontramos por primera vez con una persona no es tan importante qué le decimos y sí las miradas y la forma en la que lo decimos. Las palabras que decimos no contribuyen mucho los primeros minutos, solamente lo hacen en un 7% del significado.

Si se fija muchas veces cuando nos presentan o conocemos a alguien no nos quedamos con su nombre o cuando nos enumeran un número de ideas la primera de ellas se nos escapa. Esto sucede porque estábamos interpretando la comunicación no verbal y en analizar la cualidad de su voz y perdemos el significado de lo que nos dice en los primeros minutos.

El mejor comunicador con el que podemos dar es aquel cuyas habilidades verbales se adaptan al público, a la situación y al tema que trata, y que presentan una nítida coherencia entre el lenguaje corporal, la voz y sus palabras.

Los primeros minutos son los más críticos en cuanto a la impresión inicial. En un primer momento el foco de atención se lo va a llevar la expresión corporal y los atributos vocales. Tras esos primeros minutos la atención de nuestro interlocutor se va a centrar en lo que decimos, y es entonces cuando tenemos que utilizar un lenguaje lo suficientemente poderoso como para ser capaz de mantener la atención de nuestro interlocutor.

Cuanto más poderoso sea nuestro lenguaje corporal y lo que decimos, mejor resultado obtendremos a nuestra intervención. Esto hay que adaptarlo a todo tipo de situaciones que se nos pueden presentar en el día a día: una entrevista de trabajo, la presentación en casa de los suegros, una exposición oral en una reunión, cuando nos presentan a una persona nueva, etc.

Sin lugar a dudas ahí puede estar la diferencia entre una impresión negativa y una impresión positiva; entre una comprensión clara o una comprensión que induzca a error.

En este caso como nos vamos a centrar en qué es lo que tenemos que decir, vamos a tener en cuenta 3 pautas indispensables:

  1. Características de un lenguaje poderoso
  2. Ordenación de nuestras ideas
  3. Argumentos y pruebas que lo apoyen

Nuestro lenguaje debe ser lo más correcto y directo posible. Si lo rellenamos con palabras que no quieren decir nada (este…bueno…mmm…) nuestro interlocutor empezará ponerse nervioso, se aburrirá y terminará por desconectar. Así que en lugar de esas coletillas haga uso de los silencios. Silencios que tienen mucha más fuerza y aportan ritmo a nuestro discurso.

En cuanto a la forma de organizar nuestras ideas, cuanto más sepamos sobre nuestro interlocutor, más adecuadamente podremos adaptar nuestras ideas a él/ella. Si expresamos las ideas de una forma organizada mucho mejor, ya que nuestro interlocutor podrá seguir el discurso con mayor facilidad y captando un mayor número de ideas.

El discurso que demos en cada momento debe estar fundamentado en algo (una experiencia, conocimiento, dato, etc.). Eso permite que aquello que contamos o transmitimos tenga una base y resulte interesante y creíble a nuestro interlocutor.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia
Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.
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