Procesos psíquicos en el cerebro Parte II

Por J. Switchwerg

También encontramos una serie de investigadores que denuncian los excesos del localizacionismo cerebral y afirman la equivalencia de todas las partes del cerebro formando un todo, es decir, lo que se conoce como holismo.

II. Las teorías holísticas

Uno de los fisiólogos experimentales que más aporta al conocimiento del sistema nervioso central – su embriología, las funciones de los canales semicirculares, el crecimiento del cráneo, la acción del éter como anestésico, etc. – y que más se opone a la frenología es Pierre Fourens (1794-1867).

Contra lo enseñado por Gall, Flourens mantiene que al alma, la inteligencia, es una función global de todo el hemisferio cerebral, al igual que el cerebelo se reserva las funciones motoras y la médula oblongada las funciones vitales del organismo. Entresaquemos algunas de sus propias palabras: “la memoria, la vista, el oído, la volición, en una palabra todas las sensaciones desaparecen con los lóbulos frontales. Los lóbulos cerebrales son por tanto el único órgano de las sensaciones… Los animales privados de lóbulos cerebrales no tienen más sensación, juicio, memoria o volición; es así que sólo hay volición si también hay juicio, y juicio si hay memoria, y memoria si ha habido sensación; luego los lóbulos cerebrales son la sede exclusiva de todas las sensaciones y de todas las facultades intelectuales… Todas las diferentes partes esenciales del sistema nervioso tienen propiedades específicas, funciones apropiadas y acciones distintas; y a pesar de esta maravillosa diversidad de calidades, funciones y acciones, constituyen un solo sistema”. Así pues la pérdida de inteligencia no depende de lesiones en parte específica del córtex, sino más bien de la cantidad de tejido destruido. Conclusiones todas ellas que durante décadas son aceptadas universalmente.

Años después, Hermann Munk (1839-1912), es uno de los primeros neurofisiólogos experimentales que nieva una localización concreta de la inteligencia: su sede es toda la corteza cerebral y no ninguna zona en particular. La inteligencia es la resultante de todas las imágenes. Todas las representaciones traídas por la percepción sensorial y sostiene que si parece existir un paralelismo entre los grados de inteligencia y el volumen del lóbulo frontal, se explica porque al aumentar la inteligencia se aumenta también el movimiento del dorso, el cual desarrollo a su vez dicho lóbulo.

Toda lesión cortical afecta a la inteligencia, tanto más cuanto más extensa sea, pues impide la agrupación de imágenes o de representaciones. Más aún, la ceguera, la sordera o la parálisis psíquicas producen, cada una por su cuenta, una disminución de la inteligencia hasta llegar, en los casos más avanzados, a la imbecilidad o demencia.

Aun cuando Hitzig llega a aceptar su tesis de que las representaciones de ideas deben buscarse en todo el cerebro, insiste en que el pensamiento abstracto debe tener un órgano particular: el lóbulo frontal; no comprende, en otras palabras, que una gran masa cerebral, como es dicho lóbulo, se limite a ser centro de los movimientos de la nuca y del cuello.

Munk se opone absolutamente a. esta idea: para él el cuerpo entero está representado en el cerebro entero.

El mismo año 1881, en el Congreso Médico internacional de Londres, Friedrich Leopold Goltz (1834-1902) ataca experimentalmente la tendencia a localizar la inteligencia en el lóbulo frontal. Según la doctrina localizacionista, si se aislasen las áreas funcionales del córtex por estimulación eléctrica y se confirmasen sus funciones por ablación, la eliminación de grandes partes de los hemisferios cerebrales produciría graves defectos de movimiento, sensación e inteligencia. Pues bien, Goltz, experimentando en perros a los que ha extirpado la corteza fronto-parietal, demuestra que no ocurre así: Junto a las alteraciones de movimiento y de sensibilidad general, observa tres tipos de fenómenos conectados entre sí y diametralmente diferentes a los que siguen a la ablación de la corteza posterior 1) excitación general; 2) falta de control y de autodominio; y 3) movimientos reflejos, violentos e irresistibles, por falta de función inhibidora. Su causa parece estar en la sección de las fibras que unen el bulbo raquídeo y la médula espinal con esta zona cortical, suprema reguladora de los reflejos; se disminuye su potencia inhibidora, y la solución continua de los haces se opone a que el resto del cerebro actué inhibiendo. Concluye que es precisamente la corteza cerebral en toda su extensión el órgano de las funciones psíquicas superiores, especialmente de las que constituyen la inteligencia, entendiendo por tal la facultad de reflexionar sobre las percepciones sensitivas en vista a actuar de manera adecuada para conseguir un fin.

Toda lesión cortical ataca las funciones superiores, en proporción directa con la cantidad de superficie afectada aunque añade que los desórdenes intelectuales son incomparablemente mucho más serios tras extensas lesiones de ambos lóbulos occipitales, que de la ablación de los dos frontales. Así pues, todo el cerebro es para Goltz punto de partida en esas manifestaciones elevadas de la vida psíquica que denominamos inteligencia, pensamiento, sentimiento, pasión, voluntad, etc, y es imposible localizarlas en partes determinadas porque son funciones de conjunto.

Las ideas expresadas por Goltz parecen confirmadas en 1884 por J. Loeb quien defiende la teoría de que es todo el cerebro en su conjunto el encargado de las funciones psíquicas superiores. La parte anterior se encarga de inhibir voluntariamente los estímulos que van a los músculos, mientras que la posterior se dedica a la dinamogenia o a la inhibición de estímulos provenientes de los órganos sensoriales. De ahí que los animales sin lóbulo frontal presenten un enorme aumento de las actividades musculares y genitales, mientras que los animales con ablación de la corteza posterior permanecen extraordinariamente tranquilos.

Polimanti, tras poner de manifiesto la poca exactitud de muchos experimentos — o no extirpan todo el lóbulo frontal, o lesionan también otras partes cerebrales – y lo atrevido que resulta aplicar sin más el hombre hechos observados en animales inferiores, especialmente sobre sus manifestaciones intelectuales y psíquicas, cuando varía incluso la misma estructura anatómica cerebral, presenta sus resultados: “al menos en los monos”, los lóbulos frontales no tienen una influencia tan destacada sobre las manifestaciones psíquicas, como para autorizarnos a concebirlos como la sede de las manifestaciones psíquicas superiores.

Entiende por inteligencia la suma o resultado de las actividades senso-motrices de todos los elementos nerviosos que forman el SNC, de todo el cerebro en funcionamiento armónico regular, y concluye que “al menos en los monos”, las condiciones de su producción se encuentran no sólo en él, sino en todo lugar de la economía animal; todo centro o ganglio del mielencéfalo es al mismo tiempo inhibidor e inhibido.

Las alteraciones de la inteligencia se deben más a la falta de armonía en el funcionamiento cerebral, que a que haya zonas cerebrales restringidas como órgano de la inteligencia.

Fourens y lo que llegó a ser su teoría holística de la equivalencia de todas las partes del cerebro, predominante allá por 1870, fomenta la aparición de investigaciones que denuncian los excesos del localizacionismo. Hace un momento hemos hablado de Goltz; ahora nos vamos a referir a Constantin von Monakow (1853-1930) quien, tras estudiar las conexiones tálamocorticales y fundamentar morfológicamente las observaciones de Munk, se dedica a investigar la localización cerebral y sus posibles implicaciones filosóficas, éticas y morales.

Respecto al problema de la localización cerebral, introduce un nuevo elemento: la importancia del factor tiempo en su análisis; lo llama localización cronogénica de funciones, para distinguirla de la localización geométrica de los síntomas. Nos deja la teoría de la diásquisis, o shock nervioso transitorio, que reemplaza la inhibición de Goltz: insiste en la distinción fundamental entre los síntomas transitorios producidos por la diásquisis que producen efectos remotos en lesiones cerebrales y los síntomas residuales, mucho más importantes en el diagnóstico regional del cerebro. Rechaza la localización de funciones en áreas bien determinadas, aunque
admite la localización de síntomas. Duda sobre la posibilidad de localizar procesos mentales, opinando más bien que son actividades de toda la corteza cerebral.

Por lo que se refiere a la inteligencia, está de acuerdo con la teoría de Munk, según la cual las propiedades corticales, en vez de distribuirse a través de la corteza, como defendía la doctrina holística, se distribuyen separadamente.

Por último, von Monakow intenta conocer las bases biológicas de la conciencia moral y de otras facultades humanas y las incluye dentro de las manifestaciones fundamentales del organismo viviente.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies