Factores en la obesidad

Por John Moreau

Existen multitud de factores que influyen en la mayor o menor facilidad del individuo para engordar o adelgazar. Sin embargo, vamos a centrarnos en aquellos que nos parecen más determinantes. Comenzaremos por los factores genéticos, pues es indudable que genéticamente existen personas con mayor tendencia a la obesidad que otras. No existe “un gen de grasa” específicamente hablando ,aunque estadísticamente está demostrado que un alto porcentaje de obesos lo es porque uno o sus dos progenitores (especialmente la madre) también lo era.

Esta herencia se puede manifestar en una mayor cantidad de células adiposas, con tendencia a almacenar grasas, en el individuo. Muy ligado a este primer factor se encuentra el factor hormonal. Básicamente podemos decir que el cuerpo de la mujer es mucho más propenso a la obesidad que el del hombre.

Esto se debe a que el cuerpo de la mujer tiene de ya de por sí, constitucionalmente, un porcentaje mayor de grasa que el del hombre. Además durante la fase premenstrual el cuerpo femenino produce una hormona (la progesterona) que produce mayor sensación de hambre.

Pero, además de las propiamente sexuales, el cuerpo humano produce otra serie de hormonas en distintas situaciones que pueden alterar la sensación de hambre y la acumulación de grasas en el cuerpo como, por ejemplo las relacionadas con el aparato digestivo, hormonas de crecimiento y tiroides.

Otro de los factores que intervienen determinantemente en la obesidad son los psicológicos, muy ligados al modo como esa persona es tratada desde su más tierna infancia.

Unos padres obsesionados por la alimentación o tremendamente ansiosos ante el llanto de su bebe pueden estar fomentando un futuro obeso ya que, de alguna manera, pueden estar alterando la función de termostato del hipotálamo, encargada de regular las sensaciones de hambre y apetito en el individuo.

Además, unos padres que ante cualquier manifestación de su bebe intenta calmarla a base de alimentarlo, están igualmente fomentando que esa persona ya esté llenando todas sus carencias a base de comida. Una buena educación alimentaria debe comenzar desde la misma niñez.

La propia alimentación es, por tanto, un factor importantísimo en el desarrollo o no de la obesidad.

Una buena alimentación debe contener poca grasa y aportar niveles adecuados de proteínas e hidratos de carbono. Además, debe contener abundante fibra, sin olvidar las correspondientes vitaminas y sales minerales. Podríamos decir que existe una dieta equilibrada para cada individuo, siempre en función de su actividad y de la cantidad de alimento que “queme ” en ella.

El ejercicio físico ayudará de manera fundamental a equilibrar la cantidad necesaria de alimento necesario para cada cuerpo. El ejercicio físico “quema” ese exceso de grasa, pero siempre y cuando lo practiquemos con regularidad, con continuidad, sin excesos.

Un factor de riesgo importantísimo es el estrés. El estrés desequilibra a nuestro organismo desarrollando la segregación de un exceso de adrenalina que provoca una bajada en el nivel de insulina en la sangre y haciendo que el cuerpo demande una mayor cantidad de alimentos azucarados (calorías rápidas) que fomentan la obesidad.

Estos son, a grandes rasgos, los principales factores desencadenantes de la obesidad en la mayoría de las personas, aunque en casos concretos pueden existir otro tipo de desencadenantes que sería conveniente estudiar de manera individualizada.

 

 

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