El preplay consiste en hacer que la imagen haga algo e inmediatamente seguido hacerlo nosotros. El futbolista ve la imagen de su jugada unos instantes antes de hacerla, y después la pone en práctica, es decir, imita su propia jugada.
El replay consiste en volver a ver las imágenes de situaciones o jugadas que hemos hecho alguna vez.
Esto parece muy fácil, imaginar algo antes de hacerlo. Pero no es nada fácil. No es lo mismo permitir que ocurra, que hacer que ocurra. No es lo mismo fijar la atención en los medios para conseguir un resultado, que fijarse en el resultado conseguido. No es lo mismo imaginar que se mete un gol, que pensar en todo el proceso que hace que al final se consiga un gol. Es ver el resultado y, además, ver todo el proceso que ha llevado a ese resultado.
Todos los deportistas hemos tenido fracasos. Y éxitos. El recuerdo de los fracasos nos bloquea. El recuerdo de los éxitos nos motiva. Si hacemos un replay de un fracaso lo más posible es que repitamos el fracaso. La mente es tan ágil, que muchas veces se nos quedan grabadas secuencias de fracasos que se repiten cada vez que queremos hacer algo. Recuerdo un jugador de la selección inglesa de hace unos años que se quedaba cortado, aturdido, cada vez que se encontraba con una jugada determinada: un saque de
córner izquierdo alto y él situado, para rematar, entre dos contrarios que defendían su portería. Sin embargo, si se situaba un poco más atrás, dos metros más atrás, no ocurría nada. Estuvimos revisando qué pasaba y su sorpresa fue cuando descubrió que ese mismo bloqueo se estaba repitiendo desde que jugaba en un equipo juvenil. Al fijarse en qué pasaba por su cabeza, se dio cuenta que era una película, un replay, de un partido que jugó con quince años.
Le pedí que volviera a revisar la película que pasaba por su mente, que se centrara en la sensación que le producía. Y se quedó atónito porque la película de aquella jugada le seguía produciendo miedo, angustia, temor, igual que la primera vez que ocurrió. Le pedí que cambiara la escena, que se viera con más luz y color, con más brillo y movimiento. Al hacer aquella imagen del recuerdo en tres dimensiones, su cuerpo se relajó.
Cuando hacemos un replay de un éxito, todo nuestro organismo adopta la misma fisiología que tuvo en aquel momento. Y si todo nuestro organismo adopta la misma fisiología, es mucho más fácil que volvamos a realizar la misma exitosa jugada. Respiramos igual, tensamos los músculos de la misma manera, hacemos un esfuerzo similar. El pensamiento y el movimiento andan de la mano.
También podemos hacer películas de lo que ocurrirá en nuestro próximo partido. Esta película puede estar basada en el éxito o en el fracaso. Si las basamos en el fracaso, lo más probable es que el fracaso vuelva a ocurrir. Si nos imaginamos el éxito, es muy probable que hagamos que ocurra. Es muy importante sentir lo mismo que sentiríamos si lo obtuviéramos. No se trata de fantasear por fantasear, sino de sentir la jugada tal como queremos que ocurra.
En nuestra cabeza disponemos de un poderoso equipo de edición de películas. Podemos revisar las películas antiguas y podemos crear nuevas películas. Somos el guionista, el director y el actor. También manejamos la cámara y hacemos el montaje. El resultado final es aquel que nosotros hayamos decidido.
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