Paradojas

Foto: Stefano Corso(Licensed Under Creative Commons)

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Por Ricardo Ros

La utilización de paradojas ha sido una constante en casi todas las escuelas psicológicas, desde el psicoanálisis hasta el conductismo, pasando por la psicologís humanista o la terapia sistémica. También han sido muchos los detractores de la utilización terapéutica de las paradojas, basándose en que podría existir una manipulación dificil de asumir éticamente. Pero, en general, la gran mayoría de los psicoterapeutas valoran muy positivamente su uso. En este artículo vamos a analizar en qué consiste y qué tipos de paradojas hay.

Watzlawick definió la paradoja como “una contradicción que se sigue de una deducción correcta a partir de premisas coherentes”. Diciéndolo de forma más clara, una paradoja es una comunicación que está insertada en otra comunicación enmarcadora que la contradice, de modo que se produce un dilema, de tal forma que para obedecer a una de las comunicaciones es inevitable desobedecer a la otra. La paradoja más conocida es pedirle a alguien que haga algo de forma espontánea. “Quiero que salga de ti”, por ejemplo, es una comunicación que pide ser espontáneo, pero que está insertada en otra comunicación enmarcadora que reclama obediencia, por lo que se produce una confución de la que es muy dificil salir, excepto si somos conscientes de la propia paradoja.

Las intervenciones paradójicas pueden ser de varios tipos:

1. Redefiniciones: Se modifica el significado o la interpretación que el cliente atribuye al problema o los sintomas que le preocupan. Por ejemplo, decirle a una persona con un proceso de ansiedad tras un infarto de miocardio que, en realidad, haber tenido el infarto ha sido un regalo del cielo, puesto que a partir del infarto puede ver el mundo desde otra perspectiva, hace que esa persona cambie el significado del infarto y que pase de atribuirle una idea negativa relacionada con la muerte a una idea relacionada con un cambio positivo en su vida.

2.Reorientaciones: Se cambia algún aspecto del síntoma, pidiéndole que realice precisamente las conductas que le llevan normalmente hacia el síntoma. Darle instrucciones precisas a una persona que tiene fobia a subirse al bus sobre cómo tiene que hacer para desmayarse en el próximo bus al que se suba, sería un ejemplo de este tipo de paradoja.

3. Prescripciones del síntoma: Con efectos diagnósticos, se le pide al cliente que provoque el síntoma (la frecuencia o la intensidad), ya que al hacerlo obtendremos más información sobre su problema. Lo más probable es que sea incapaz de conseguir el síntoma voluntariamente.

4. Restricciones: Se desaconseja el cambio o se niega la posibilidad de que pueda producirse todavia. “Tengo que pedirle que no haga nada todavía” o “es necesario que vayamos muy, muy despacio” o “es muy probable que haya pronto una recaida”, son ejemplos de restricciones.

5. Posicionamientos: Se aceptan o se exageran las afirmaciones que el cliente hace sobre sí mismo o sobre el problema. “Realmente, no había visto nunca a nadie tan feo como tu, no me extraña que la gente se vuelva por la calle a mirarte”. Lo más probable es que sea el propio cliente quien redefina la situación: “Hombre, tan feo, tan feo, no soy. La gente no se me queda mirando”.

En general, podemos decir que existen paradojas de obediencia, en las que se le pide al cliente que continúe adelante o incremente sus síntomas, y paradojas de desafío, en las que se espera que el cliente se enfrente a las prescripciones, pero al hacerlo se salga de las respuestas que hasta ese momento había estado dando al problema.

Algunas investigaciones (Rohrbaugh y otros), basándose en la teoría de la reactancia de Brehm, llegaron a la conclusión de que cuando el cliente ve sus síntomas fuera de su control, las prescripciones deben basarse en la obediencia, y cuando el cliente ve los síntomas como potencialmente controlables, las prescripciones deben estar basadas en el desafío. Las intervenciones paradójicas no son aconsejables cuando la oposición del cliente es baja y considera los síntomas controlables. Cuando la oposición es alta y los síntomas son considerados como incontrolables, el trabajo terapéutico se vuelve dificil en sumo grado, a no se que se consiga un mínimo de obediencia por parte del cliente. No hay que confundir las intervenciones paradójicas con la técnica de la confrontación o del desafío, que consiste en obligarle al cliente a demostrar que el otro está equivocado.

La utilización de paradojas provoca cambios de segundo orden que implican la reorganización del propio sistema en el que vive el cliente y también sus reglas de funcionamiento. Las paradojas tienen también una consecuencia poco grata para los terapeutas engreídos, ya que los clientes no relacionan el cambio producido con la paradoja introducida por el terapeuta, sino como consecuencia de sus propios esfuerzos, es decir, no hay reconocimiento del trabajo realizado por el terapeuta.



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