Déficit atencional en niños hiperactivos

Foto: Haiger(Licensed Under Creative Commons)

Por Margarita Soto

No resulta tan extraño hoy en día llegar a encontrarnos con niños incapaces de estar sentados más de cinco minutos, y los que difícilmente mantienen la atención ya sea en sus tareas o durante las explicaciones realizadas tanto por sus padres como por sus profesores. Generalmente se trata de niños muy impulsivos, que presentan una actividad motora excesiva y aunque normalmente no presentan déficit intelectual, sí que obtienen un rendimiento inferior al esperado debido a su déficit atencional.

Este déficit atencional afecta a todas las áreas en las que el niño entra en contacto con el mundo exterior.

Podríamos destacar tres características más marcadas que generalmente están presentes en todos los diagnósticos de hiperactividad.

Por un lado se encuentra ese déficit atencional que afecta al niño en su relación con el mundo circundante. Por lo que ese déficit de atención repercutirá obligatoriamente en su rendimiento académico y en su adaptación social.

Como segundo punto deberíamos hablar de su impulsividad, que los lleva a actuar sin pararse a pensar en las posibles consecuencias de sus acciones, lo que así mismo les impide planificar acciones futuras.

Además se le debe añadir esa actividad motora excesiva que no tiene en muchas ocasiones una finalidad concreta.

Esa dificultad para controlar sus movimientos se subraya especialmente en esos momentos en los que tienen que estar parados por un largo período de tiempo y les resulta totalmente imposible.

A estas características que podríamos llamar fundamentales, podríamos añadir otras de tipo secundarias, que generalmente podemos encontrar en este tipo de casos.

Por un lado se encontrarían esas dificultades de aprendizaje ya mencionado, que se produce como consecuencia directa de ese déficit en su capacidad atencional, la capacidad para crear mecanismos compensadores y por supuesto los refuerzos ambientales a los que se encuentren “sometidos”.

Por otro lado, se encuentra su dificultad para funcionar en clase, ya que las metas que ahí se plantean son, en general, a largo plazo.

Algo que les resulta bastante complicado ya que tienen dificultad para demorar las gratificaciones.

A todo esto queda añadirle la baja autoestima con la que suelen contar estos niños, algo que en muchos casos podría evitarse o por lo menos minimizarse, con una actitud no tanto de reprimenda y sí de apoyo y comprensión.

Como resulta lógico cada caso debe ser estudiado concienzudamente, ya que aunque puede que se repitan ciertas características, es importante prestar atención a las peculiaridades que cada caso presente.

Cada persona es un mundo y como tal deben ser estudiadas sus puntos y comas.


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