Niños disléxicos

Foto: Tim Kwee(Licensed Under Creative Commons)

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Por Thomas Barret

Dos de los signos que puede que sean más representativos  a la hora de detectar una dislexia o cualquier otro tipo de trastorno del lenguaje, son sin duda alguna, la escuela y su comportamiento en casa.

En casa tienden a mostrarse moviditos, es decir resulta prácticamente imposible conseguir que el niño permanezca sentado tranquilamente viendo la televisión, y mucho menos compartiendo por ejemplo un juego de mesa.

Esto suele chocar a los padres que observan que sus hermanos o compañeros permanecen como verdaderas estatuas sin perder detalle. Mientras que ellos se levantan una y otra vez ya sea a beber agua o a hacer pis, hacen preguntas con poco o ninguna relación con lo que están viendo, etc.

Por otro lado suelen acostumbrar a moverse con cierta torpeza, caminan y saltan sin ninguna habilidad.

Se muestran descoordinados en sus movimientos, tropezándose muy a menudo, derribando objetos con facilidad y con dificultades para distinguir entre la derecha y la izquierda o entre arriba y abajo etc.

En lo que a la escuela se refiere, suelen mostrar una notable diferencia, entre algunas de las actividades realizadas a lo largo de la jornada, en las que puede seguir el ritmo de la clase como el resto de sus compañeros; y las actividades relacionadas con la lectoescritura.

Este sin duda puede llegar a suponer un importante problema para desarrollar una vida plena, ya que el mundo actual es el mundo de la comunicación, en la que la información que recibimos en el día a día nos suele llegar a través de carteles, señales, indicaciones que tenemos necesidad de conocer.

¿Pero realmente qué es la dislexia?

Etimológicamente la dislexia se refiere al trastorno que dificulta el aprendizaje de la lectura. Sin embargo hoy en día se emplea más concretamente para referirse a los problemas que afectan simultáneamente a la lectura y a la escritura.

También es cierto que no existe una única causa que origine los problemas de lenguaje y escritura, y es por eso mismo, por lo que se deben ir descartando otras posibles causas como pueden ser problemas de agudeza visual.

En definitiva se hace muy complicado poder dar unas una única causa aplicable a todos los casos.

En ciertos casos estos trastornos pueden darse a ver o conocer en su totalidad, sin embargo en otros casos estos se muestran o aislados o con una clara preponderancia sobre otros.

Los casos más frecuentes son sin duda los que están relacionados con el conocimiento y el control de su propio cuerpo, el tiempo y el espacio, así como los de percepción auditiva y visual.

Como consecuencia de todo esto resulta bastante común que los niños con trastornos de este tipo tengan la necesidad de recurrir a un especialista que les ayude y apoye con sus deberes diarios.

 


Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.
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