Nadie me hace caso

Foto: GrowWear(Licensed Under Creative Commons)

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Por Michael Laubscher

Si te ocurre algo parecido al enunciado de este artículo es hora de que replantees ciertos aspectos sobre el tipo de comunicación que mantienes con los demás.

Lo primero que se nos ocurre es que la culpa es de nuestro interlocutor.

“Parece mentira que no me escuche”- pensamos-. “Quizá está cansado o distraído. ¿No me he expresado con suficiente claridad? ¿Quizá no me ha oído? ¿Estará dotado suficientemente intelectualmente para entenderme? – continuamos con nuestras elucubraciones -.

No sólo es importante “qué” dices sino “cómo” lo dices. La manera de enfocar y de presentar las cosas es la noción más importante a la hora de comunicarse.

Existe gente con una facilidad especial para la comunicación con los demás. Tienen lo que se denomina ” el don de la palabra “. Saben encontrar siempre la palabra adecuada para cada situación concreta. Siempre dicen aquello que parece más correcto.

Estas personas parece que han nacido con ese don innato, pero como todos los seguidores de la PNL sabemos, todos podemos desarrollar esos dones mediante una serie de estrategias. Cualquier persona puede conseguir cualquier meta si así se lo propone.

Algunas de estas reglas son tan sencillas como evidentes y posiblemente algunas ya las apliquemos a nuestra vida cotidiana de manera intuitiva sin necesidad de que nadie nos las haya formulado expresamente nunca.

En este artículo hablaremos sobre tres tipos de estrategias que es imprescindible cuidar para que exista una correcta comunicación.

Una de esas primeras estrategias es la que nos dice que no siempre es el momento de hacer las cosas. Hay que saber esperar a que la oportunidad sea la más propicia, a que nuestro interlocutor este en una postura receptiva.

Todos conocemos por propia experiencia que hay ocasiones en las que los seres humanos “no estamos para nada”. Cualquier cosa que nos digan nos parecerá negativa, cualquier proposición que nos hagan nos parecerá desacertada.

En otras ocasiones, sin embargo, nos encontramos eufóricos, optimistas. Todo lo que nos dicen nos parece bien, cualquier proyecto nos parece factible.

A nuestro interlocutor le sucede lo mismo. Es fundamental saber cuando es el momento adecuado de solicitar algo, de hacer una sugerencia, etc…

Otra de las reglas que debemos tener presentes siempre para que nuestras palabras no caigan en saco roto y tengan influencia en los demás es intentar alcanzar “un consenso”, un acuerdo.

Se trata de ponernos en la posición de nuestro interlocutor e intentar hallar aquellos puntos que podamos tener en común.

Aún en situaciones en que parece que los interese pueden ser contrapuestos, podemos hallar muchos puntos en común puesto que en el fondo nos relacionamos en ámbitos parecidos, con problemas similares y sólo una serie de soluciones posibles.

Intentar llegar ese acuerdo sólo es posible si empezamos por respetar la posición del otro.

Todos tenemos nuestras propias opiniones e ideas, y todos pensamos que las nuestras son las mejores. Por eso nos duele cuando alguien intenta imponerse a ellas sin respetarlas. El único comienzo posible para la comunicación es el respeto mutuo.

Una última regla básica para la comunicación es intentar establecer qué es lo que significan realmente las cosas para los demás.

En ocasiones damos las cosas por sabidas, por obvias, cuando precisamente el lenguaje está lleno de imprecisiones, y las palabras están llenas de diversos significados y de connotaciones para cada uno de nosotros.

Tratar de establecer qué significa algo realmente para cada uno es una tarea, ardua, pero el resultado bien vale la pena. Evitaremos de esta manera malos entendidos que a lo único que nos llevan es a la incomunicación.

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