Niños: Cuanto más tienen, más necesitan

Foto: John Gring(Licended Under Creative Commons)

Por Maite Jimeno

Cuanto más tienen, más necesitan. Cuanto más tienen, más se aburren. Cuantas más opciones tienen a su disposición, menos las utilizan. Los niños de las sociedades opulentas no saben qué hacer con su vida. Lo tienen todo y es como si no tuvieran nada. “Mamá, me aburro” me dijo mi hijo de doce años, dejando el mando de la videoconsola a un lado. En su habitación tiene un PC conectado a Internet, un TV de plasma con conexión a 80 canales de televisión, la Xbox 360 con veinte juegos, cientos de libros y cuentos, juegos de construcción, juegos didácticos. Y dice que se aburre.

Yo hablo mucho con mis hijos, les atiendo, les escucho. Alguien seguro que ha pensado que en vez de comprarles cosas podríamos atenderlos más. No es el caso. Yo y mi marido estamos muchas horas con los niños, jugamos, estudiamos con ellos. No están abandonados. Estamos siempre con ellos. Les transmitimos cariño, les damos valores. Pero el niño de doce años dice que se aburre.

Esto me ha hecho reflexionar mucho. ¿En qué estamos fallando con este niño? El mayor, que ya tiene quince años, se divierte con su propia sombra. Siempre está ocupado haciendo algo. La pequeña, que tiene ocho años, está desbordada de fantasía y juega constantemente. ¿Pero qué ocurre con el de doce años?

Hemos enseñado a todos nuestros hijos a sacar rendimiento de las pequeñas cosas de la vida cotidiana, a disfrutar de la compañía de los demás, de una conversación, de una comida, de un paseo. Les hemos enseñado que hay que agradecer a los demás cuando hacen algo por nosotros, les hemos creado una atmósfera familiar llena de amor, a expresar los sentimientos sin culpa, a aceptar los puntos de vista distintos de otras personas. Hemos incentivado el lado humorístico de la vida, las risas, los chistes. Hemos generado en ellos la solidaridad, la necesidad de colaborar con los demás, de ser desprendidos. Hemos trabajado para que sean respetuosos, a ser fuertes ante las adversidades.

Cristian tiene también asumidas todas esas características, pero dice que se aburre. He llegado a la conclusión de que a mi hijo Cristian le falta motivación. Primero pensamos que podía ser debido a que su hermano mayor es extraordinario en todo lo que hace. Pero no existen celos ni rencillas entre ellos. Es más, se adoran y se ayudan.

La motivación se puede dividir en dos: la motivación externa y la motivación interna. La motivación interna es la que proviene del interior de la persona, mientras que la motivación externa es la que proviene de fuera. Nosotros, ahora me doy cuenta, hemos desarrollado en él la motivación externa, pero no hemos hecho suficiente esfuerzo en enseñarle a desarrollar la motivación interna. Tanto la motivación interna como la externa tienen que ir de la mano para conseguir que la persona sea responsable.

Mi hijo Cristian está motivado para no hacer nada. No tiene interés por las cosas. Todo le cuesta un gran esfuerzo, incluso las cosas más sencillas. Pero el otro día me dio la clave. Le pregunté por qué no había querido ir a patinar. Me dijo: “Soy tan bueno, que ya no necesito entrenar, ya lo hago todo bien” Entonces me explicó que ya no le interesaban los videojuegos porque ya los había acabado todos, que no le interesaba jugar al ajedrez porque ganaba a todos los niños de su clase. Eso me hizo pensar que mi hijo necesita tener siempre retos.

O sea que, junto con el tutor de su Colegio, hemos comenzado a plantearle retos, cosas cada vez más difíciles. No le interesaban las matemáticas, hasta que su profesor le empezó a poner problemas muy difíciles. No le interesaba jugar al baloncesto, hasta que su entrenador lo puso a jugar con niños más altos. No le interesaba hacer las tareas escolares, hasta que su padre le empezó a exigir muchos mejores resultados.

Cada niño, cada persona, tiene distintos tipos de motivación. La clave está en encontrar la motivación más adecuada.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia
Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.
Más información

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies