El montañero y el guía

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Por María Clavel

La congruencia es un valor en virtud del cual las personas alcanzamos vivir la vida con plenitud y nos muestra ante los demás  como modelo de personas que se relacionan armónicamente con su entorno.

Una madre llevó a su joven hijo al Mahatma Gandi y le suplicó:
-Por favor Mahatma, dile a mi hijo que deje de comer azúcar.
Gandhi se quedó pensativo y le respondió:
-Tráeme a tu hijo dentro de dos semanas.
Perpleja la mujer se lo agradeció y se alejó diciéndole que así lo haría.
Dos semanas más tarde ella volvió con su hijo. Gandhi miró al jovencito a los ojos y le dijo:
-¡Deja de comer azúcar!.
Agradecida y desconcertada, la mujer le preguntó:
-¿Por qué me dijiste que lo trajera de nuevo al cabo de dos semanas?. Le podrías haber dicho la misma cosa entonces.
Gandhi le respondió:
-Hace dos semanas yo también comía azúcar.

Todos poseemos la capacidad de modificar nuestros comportamientos y solamente uno mismo puede auto transformarse. Podemos resolver cualquier problema, porque disponemos de la fuerza y el potencial para hacerlo y, aunque las aptitudes se hallen en estado latentes, la aventura de desvelarlas para poderles sacar partido, puede ser fascinante.

Para esta tarea tal vez necesitemos la ayuda de alguien que nos acompañe en la travesía y elegir un terapeuta congruente ya es garantía de que el camino del autoconocimiento que hemos emprendido con él va a ser todo un éxito. Más que exigir del terapeuta que nos libere de nuestros fantasmas, estaría bien comprobar si se trata de una persona que sabe gestionarse los suyos propios.

La relación entre terapeuta y cliente ha de ser semejante a la del guía y el montañero. ¿Cómo elegirías un guía para hacer montañismo en un terreno desconocido?.

Imagínate que decides ir a la montaña con un grupo de excursionistas a un lugar un tanto especial para el cual se precisa un guía. Si se trata de un guía congruente sabrá dar unas consignas bien claras para que la excursión sea todo un éxito , más o menos en estos términos:

1.Revisar el contenido de las mochilas, evitar peso innecesario, hay que agilizar la marcha. Llevar también un buen equipo, así como ropa y calzado adecuados para ir bien protegidos.
2.Cada cual se ocupará de llevar su cantimplora con agua y cargará con su propia mochila y equipamiento.
3.Cada uno es libre de continuar o abandonar cuando lo desee. Si elige esto último esperará en el refugio hasta que el grupo esté de vuelta y lo recoja para el descenso, si te perdieras pondrías en peligro la expedición.
4.Pensad que si cada uno se ocupa de sí mismo ya está ocupándose del grupo. El pedir por lo que se necesita ya es una buena forma de hacerlo
.

Está amaneciendo un día muy prometedor, comienza la aventura y estás dispuesto a sacarle el mejor partido. Mientras piensas esto te fijas en el equipamiento del guía, te das cuenta de que lleva una mochila un poco más grande que los demás y que incluso su calzado, aunque un tanto usado, está en perfecto estado y tiene el aspecto de estar bien cuidado, como si lo mimara incluso cuando no tiene previsto usarlo.

El guía emprende el camino mezclándose inicialmente con el grupo y, un poco más tarde, observas cómo aparece y desaparece casi continuamente, lo mismo al frente del grupo como atrás del todo, como mezclado en él.

Avanzada la jornada puede ser que se llegue a un estrecho barranco u otro accidente del terreno donde hay que saltar si se quiere continuar adelante. El guía, nadie se explica cómo lo ha conseguido, ya ha saltado y está en el otro lado sujeto al tronco de un árbol con una cuerda desde su cintura, con la mano izquierda se coge a la rama más gruesa y más cercana, sus pies están firmemente fijados sobre el suelo mientras extiende su mano derecha hacia los demás para facilitar, al que quiera hacerlo, el salto hasta donde él se encuentra.

Algo que jamás hará un guía congruente es:

a) Ponerse él mismo como pasarela para que tú andes seguro pisando sobre su espalda y cruces el barranco. Tampoco consentirá que lo hagan los demás del grupo. Del mismo, modo un terapeuta congruente no se permitirá hacer el trabajo que sólo a ti te corresponde hacer.

b) Ofrecerte una mano para saltar sin estar bien apostillado y seguro; ya que flaco favor te haría si, por no hacerlo, tú resbalaras y le arrastraras contigo. Un terapeuta acepta la congruencia como estilo de vida y está dispuesto a entrenarse continuamente y así revisar sus recursos y reajustar sus destrezas como persona y como guía.

c) Obligarte a saltar ni abandonarte en el refugio si decides no hacerlo. Un terapeuta congruente respetará,- y no sólo por la legitimidad del secreto profesional-, tus decisiones sobre cómo quieres construir tu propia vida a partir de ese momento, dejándote, como compañero de viaje y como amigo, su puerta abierta.

d) Probablemente, en ciertos momentos, te sientas frustrado al comprobar que tus quejas no le hacen desistir de que siguas avanzando, puesto que siempre confía más en tus capacidades que tú en ti mismo, te será difícil seducirle para que te permita rendirte. Así pues, un terapeuta congruente está dispuesto a entrenarte a tomar conciencia de lo que se oculta tras de tus quejas aunque ello te incomode.

Tanto si te consideras guía como si te consideras montañero, te felicito al decidir entrenarte tanto para ser cada vez mejor guía o mejor montañero. Al fin de cuentas, ¿Quién guía a quién?.

 

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3 Comentarios

  • M’agrada retrobar-me amb tu i llegir esta metàfora quasi com si t’escoltara a tu contar-la. Felicitats!

  • Muchas gracias Ricardo por este artículo. No soy un guía, soy un montañero malo, pues, a lo largo de mi vida, he tropezado y caído muchas veces. Mi autoestima se ha resentido, y me ha costado mucho levantar la cabeza. No aspiro a ser un guía, pero si me gustaría ser una buena montanera ¿Cómo se consigue eso? Saludos.
    Laura

  • Felicitats pel teu article i metafora, aixi com la vinculacio rogeriana de la congruencia. Tens un admirador Maria, com a profesional i com a dona.Salut i una forta abraçada.

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