Miedo a vivir la vida

Por Denis H. Lee

Para muchas personas enfrentarse cada día a la realidad es un tormento, una asignatura pendiente que todavía no han aprobado. Los miedos a enfrentarse a los problemas cotidianos que a la mayoría de las personas no parecen afectar se convierten en un obstáculo insalvable. Hay muchas personas que eligen la huída como solución para no abordar situaciones que para ellos resultan estresantes o les producen ansiedad.

Son muchos los casos de personas que consideramos inteligentes y competentes que no han sabido o no han querido asumir la responsabilidad de sus propia vida. Enfrentarse a la vida es un esfuerzo demasiado grande para ellos.

Recientemente coincidí con un antiguo compañero de instituto al que hacía mucho tiempo que no veía. Había sido una persona perfectamente capaz en el colegio, buen estudiante, brillante incluso, que se relacionaba bien con el resto de los compañeros y profesores. Una persona perfectamente normal en suma.

Su aspecto seguía siendo el mismo de antes pero algo extraño en su comportamiento me indicó que algo raro le ocurría.

Después de mucho insistir consintió en acompañarme a almorzar y entonces es cuando me confesó que esa misma situación le resultaba muy incómoda.

Rápidamente me di cuenta de que era lo pasaba ya en mi consulta había tratado algunos casos similares, así que, con gran delicadeza y esfuerzo por mi parte, seguí indagando.

No sabía qué decir ni qué contar de su vida. Se sentía un poco avergonzado por no tener un empleo estable ni fijo e incluso haber dado insólitos saltos de unos trabajos a otros siempre evitando comprometerse.

Recientemente había cambiado de trabajo a uno peor pagado y de menor consideración simplemente porque le habían propuesto un ascenso que, claro está, implicaba una mayor responsabilidad.

Pensaba que si la asumía y fracasaba sería un duro golpe para su autoestima.

También había eludido las relaciones con los demás, había roto con sus amigos de siempre para evitar justificar su vida ante ellos, tampoco se había casado ni había tenido hijos y alguna novia que había tenido la había dejado por los mismos motivos: evitar el compromiso.

Todas estas situaciones le producían un insoportable malestar, una ansiedad que rápidamente intentaba solucionar huyendo, una y otra vez.

En el trabajo evitaba cualquier tipo de roce personal con el resto de sus compañeros, no almorzaba nunca con ellos, ni siquiera tomaba un café para no implicarse en sus vidas y, por tanto evitar que los demás no se involucrasen en la suya.

Si alguna vez le invitaban a una fiesta o una excursión de fin de semana siempre ponía excusas para no ir.

Todo su esfuerzo se dirigía a evitar cualquier situación comprometida a corto plazo que pudiera dañar su autoestima. Se sentía una persona muy frágil, como de cristal y cualquier cosa le daba miedo porque podía romperse.

El propio miedo le atrapaba y le hacía sentirse un fracasado y, sin embargo, esa situación parecía cada vez más irreversible. Cuanto más se aislaba más miedo tenía al compromiso y por tanto cada vez le resultaba más difícil romper con su aislamiento.

Su falta de compromiso a lo único que le llevaba es a sentirse más y más frustrado y a crearle cada vez mayor ansiedad, precisamente aquello que pretendía evitar.

El camino del aprendizaje está lleno de fracasos, de derrotas, que es necesario asumir. El camino no es fácil. Por eso es más importante saber encajar un fracaso que el hacerlo siempre todo bien. Quizá esta es la única lección que no aprendió bien este antiguo colega: para plantarle cara a la vida hay que saber aprender a asumir nuestras limitaciones y nuestros fracasos.

Si evitamos cualquier situación de riesgo también evitamos la posibilidad de fallar y por tanto de aprender a aceptar nuestro error.

Las personas muy tímidas suelen intentar evitar este tipo de situaciones, pero con ello también dejen de experimentar y de conocer nuevas experiencias, sensaciones o simplemente gente interesante con quien relacionarse.

Para gozar más de nuestras vidas es necesario tener un poco de valor, asumir un poco más de riesgo en nuestras decisiones, procurando aprender tanto de nuestros éxitos como de nuestros fracasos.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia

Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.

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1 Comentario

  • hola DR ricardo que sera lo que me pasa me da miedos las alturas, los lugares que no conosco y a estar lejos de casa y a veces enfrentarme algo sin embargo lo ago pero despues queda un vacio no se porque gracias

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