Meterla… en el hoyo (golf), por Rafael Sábat

Los perros de Pavlov y el putt de 30 centímetros
Hace poco, vi a una jugadora de 4 de handicap pasarse 20 centímetros del hoyo en un putt de apenas 30. Caminando hacia el tee del próximo hoyo, me comentó que justo antes de pegarle a la pelota “le vino a la cabeza” la imagen de un putt similar que erró en un reciente torneo nacional, “por pegarle débil a la pelota”. Y así fue que le pegó a ésta última con el doble de la fuerza necesaria.

Qué curioso, pensé yo. Esta mujer debe jugar hace más de veinte años al golf. En su carrera debe haber embocado varios miles de putts desde esa distancia, y errado menos de cien. Y justo en el momento de pegarle elige pensar en uno de los que integran ese 1 o 2% de putts errados. Sí, dije bien: elige pensar en ese putt errado. No por difundida, la costumbre deja de ser ridícula, y enteramente a elección del usuario.
Sin embargo, es cierto que pasa seguido, cualquiera sea el nivel del jugador. Una idea, un pensamiento equivocado en el instante equivocado y el birdie se vuelve par, el par se vuelve bogey, y el score que anotamos en ese hoyo ya no nos gusta tanto. Por no decir nada de la bronca, que a veces nos dura un par de bogeys más. Como si no fuera suficiente castigo. “¿Así que te gusta pensar en los que erraste? Pues aquí van un par más, para que tengas de dónde elegir”, parece decirnos nuestra voz interna.


Surgen varias preguntas

Pregunta 1: ¿Somos realmente tan estúpidos como para elegir decirnos cosas que nos perjudican?
Respuesta 1: No, pero Einstein decía que sólo dos cosas son infinitas, el Universo y la estupidez humana, y no estaba tan seguro acerca de la primera.

Pregunta 2: ¿Cómo hacer, entonces, para resolver esta situación?
Respuesta 2: Pronto discutiremos un mecanismo, una aplicación de la Programación Neurolingüística, que puede resolverla.

Pregunta 3: ¿Qué demonios es la Programamación Neurolingüística?
Respuesta 3: La Programación Neurolingüística (PNL) es un modelo de la comunicación humana, aplicable tanto a la que realizamos con otras personas como a la que mantenemos con nosotros mismos.

Está basado en la integración de los recursos de la mente y el cuerpo humanos, y tiene gran aplicación en varios campos, con resultados casi mágicos en algunas situaciones (los terapeutas que usan PNL pueden curar fobias en una sola sesión; en negociaciones y persuasión los efectos son increíbles). En el mundo del golf su empleo es reciente; uno de los más fervientes propulsores de su uso es el galés Ian Woosnam, quien le adjudica su retorno al círculo de los ganadores desde 1996.

La comunicación interna
Vamos ahora a analizar la situación en detalle. Me voy a tomar la libertad de pedirle que se ponga de pie. Sí. Usted. De pie, y encima dos veces, aunque todavía no. Antes un par de instrucciones más. Qué atrevido que soy ¿no? Ocurre que la PNL, como el juego de golf, no se aprende leyendo sino haciendo.

Muy bien, el ejercicio es el siguiente. Antes de ponerse de pie por primera vez, dígase a sí mismo “soy débil… nadie me quiere”. Y luego párese. Vuelva a sentarse.

Ahora, antes de pararse por segunda vez, dígase “soy fuerte y poderoso”, y póngase de pie. Vuelva a sentarse. ¿En cuál ocasión le resultó más fácil pararse?

La diferencia entre ambas acciones es lo que usted se dijo antes de pararse, el contenido y el tono de su diálogo interno. Como puede verse, produce el mismo efecto debilitante o fortalecedor que la imagen de un putt errado, o de miles de putts embocados. Nuestra comunicación interna es responsable, en gran medida, de los resultados de nuestras acciones.

En las artes marciales se da tanta importancia a los efectos negativos del diálogo interno que se realizan complicados ejercicios de meditación para detenerlo. Los seguidores de Carlos Castañeda y la tensigridad emplean algunas técnicas que son más sofisticadas todavía para lograr silenciarlo.

Pero como nosotros lo único que queremos es jugar al golf, vamos a hacer algo mucho más sencillo. Vamos a tener a nuestra comunicación interna de aliada, vamos a evocar buenos pensamientos, los mismos que Peter Pan necesitaba para poder volar, para poder embocar siempre esos putts supuestamente fáciles. Para eso, vamos a usar algo llamado un anclaje, que es un desarrollo de los trabajos del investigador ruso Pavlov.

Los perros de Pavlov
Pavlov registró las experiencias que tuvo con un grupo de perros. Solía hacer sonar una campana cada vez que les daba de comer. Como todo mamífero que se precie, al oler la comida los perros segregan saliva. Lo que Pavlov observó es que luego de un tiempo, con sólo hacer sonar la campana podía hacer que los perros segreguen saliva, sin oler la comida.

La experiencia es muy conocida en el campo de la psicología, y la corriente de pensamiento que deriva, entre otras fuentes, de este famoso relato, llamada conductismo, es quizás una de las más denostadas, ridiculizadas, y, paradójicamente, útiles, de este siglo que termina. En PNL, se dice que lo que Pavlov hizo fue instalar un anclaje, en el que la campana es el ancla para el comportamiento de ‘salivar’.

Y además, nos interesan tres cosas que los libros no suelen citar acerca de los trabajos de Pavlov: la primera, que si los investigadores insistían con la campana sin hacer aparecer comida los perros terminaban por morderlos, la segunda, que Pavlov reemplazó el sonido de la campana por una toda una serie de distintos estímulos, entre ellos apretarles zonas del cuerpo, y la tercera, que usted puede ser su propio perro de Pavlov para embocar más putts.

Procedimiento de anclaje
1) Vaya a la cancha de práctica o al putting green.
2) Busque en su archivo mental algún putt memorable (por lo bueno, se entiende).
3) Cierre los ojos y reviva el instante lo más completamente posible: vea lo que usted veía, oiga lo que oía, tanto afuera como adentro suyo, y sienta lo que sentía en aquella ocasión.
4) En cuanto note que la sensación está llegando a su máxima intensidad, aprétese la uña y yema de un pulgar entre las falanges de los dedos índice y medio de la misma mano (como si metiera la punta del pulgar entre los otros dos dedos y los apretara).
5) Abra los ojos, y prepare un tiro similar al que usted eligió revivir.
6) Antes de tirar, vuelva a apretarse el dedo. Si ha hecho bien su trabajo, usted debería recuperar la sensación de aquél momento. Si no es así, vuelva al paso 2.
7) Golpee la pelota.
8) Repita el tiro varias veces, usando el anclaje en cada caso, y anote cuántos acierta (descarte los putts errados). De acuerdo a la distancia elegida, su tolerancia debería modificarse (debería ser mayor cuanto mayor sea la distancia).

Cómo usar el anclaje en la cancha
Como usted bien sabe, en la cancha su ocupación principal debería ser jugar al golf. Por lo tanto, lejos de mí recomendarle que se pare en el tee del hoyo 1 pensando en usar su anclaje. Sin embargo, sí le recomiendo que lo use en cuanto su diálogo interno le juegue una mala pasada antes de ejecutar un putt.

Las únicas condiciones para que le de un buen resultado son las siguientes:

  • El putt que usted eligió al “instalar” su anclaje debe ser similar al que usted está por jugar. Un anclaje de un putt de 90 centímetros suele ser inútil para un putt de 9 metros.
  • El anclaje debe ser sencillo, preciso y discreto. Por ello yo sugiero usar la yema del pulgar: es mucho más sencillo que tocarse el tobillo derecho con la mano izquierda, mucho más preciso que acertarle a una difusa área de la espalda, y mucho más discreto que meterse el dedo meñique en la oreja.

 

Los anclajes pueden usarse también para otras situaciones. En artículos subsiguientes comentaremos algunas. Por cierto, me interesa saber cómo le va con esta técnica, y conocer otras inquietudes que usted pueda tener. Si así lo desea, me alegrará recibir sus comentarios.

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