Metafóricamente hablando: “Tu Fiel Servidor”

Por María Clavel

Imagínate que un buen día, sin previo aviso, un hombrecillo con gafas y de  aspecto entre cansado, aliviado y un tanto indiferente, llama a tu puerta. Lleva un portafolios bajo el brazo y después de presentarse  muy solemnemente te comunica el motivo de su visita. Te trae un acta notarial de gran envergadura que reza más o menos en estos término:

“Muy Sr/a nuestro/a:
Esta notaría tiene el deber de comunicarle que la casa que consta en nuestros registros como de su propiedad, desde el mismo día en que Vd. nació, se encuentra en un estado de deterioro y precisa con máxima urgencia que Vd., como único dueño y responsable de esta casa, se haga cargo de los cuidados que prescisa….

En el caso de que Vd. se negara y quisiera renunciar a la misma, ésta pasará a ser propiedad del Estado, para siempre jamás.

La decisión de hacerse cargo de su casa o de cederla al Estado ha de ser inmediata y a través del portador de la presente…. “

¿Qué decides hacer?. ¿Te quedas cómodamente donde estás o te vas a conocer aquella casa que ni recordabas que tenías?. ¿Cederías al Estado una casa tuya sin darte la oportunidad de reconocerla?.

Imáginate que decides ocuparte de tu casa y como dice la orden has de hacerlo a partir de este momento, de ¡YA!. No hay tiempo que perder, ya que corres el riesgo de que te la expropien y no tengas nunca más la oportunidad de recuperarla. Te pones en marcha, el hombrecillo te acompaña y te va poniendo al corriente, a grandes rasgos, de lo que allí te puedas encontrar.

Teniendo en cuenta que es una casa que tiene tu misma edad cronológica, que en todo este tiempo la has mantenido prácticamente cerrada y oculta, que incluso te habías olvidado de ella, ¿Cómo te imaginas que la vas a encontrar?.

Cierra los ojos si te es más fácil y céntrate en unos pocos detalles, tales como:
– El estado de la estructura, suelo, paredes, techo.
– El estado funcional de sus instalaciones: tuberías, tendido eléctrico, cañerías y tuberías, instalación telefónica y gas, etc.
– El estado de limpieza: si existe polvo, insectos y alimañas.

De repente te emerge una pregunta, y dirigiéndote a tu acompañante le dices:
¿Quién se ha ocupado de atender la casa en todos estos años?
A lo que él, algo azarado y tras un carraspeo embarazoso, te responde:

Existe un sirviente, un mayordomo, que nació cuando tú lo hiciste, que en la medida en que tú te ibas olvidando de cuidar la casa, él lo ha estado haciendo por ti. El habita la parte más alta de la casa, en una especie de bohardilla desde donde se supone controla la casa.

Esta respuesta te hace reflexionar y de nuevo preguntas:

¿Cómo se las ha arreglado, un servidor, por muy mayordomo que sea, para mantener una casa que no es suya?.¿Cómo ha hecho para controlar todo esto?.
Al hombrecillo se muestra aliviado, en este preciso momento os encontráis en la puerta de la casa dispuestos a entrar, desvía tu atención y ya no se ve obligado a responderte.

Tus emociones son muy extrañas: mezcla de curiosidad, inquietud, asombro, diversión, etc. Algo bulle dentro de ti desde los pies a la cabeza, como burbujas que suben y bajan, que cosquillean en tu interior. De repente es como que vuelves de una amnesia prolongada y empiezas a recordar: “Es mi casa”

Y empiezas a tomar conciencia de lo que hay a tu alrededor. Tu entusiasmo va en aumento sustituyendo al temor. Rápidamente vas anotando en tu mente todo cuanto puedas necesitar para una puesta a punto de esa tu casa. Y tan ensimismado estás que apenas percibes la presencia de un desconocido que se presenta ante ti.

Imagínatelo: ¿Qué aspecto tiene: humilde pero digno, harapiento y enfermo, arrogante y temerario?. ¿Es joven o viejo? ¿Hombre o mujer?. ¿Qué sentimientos despiertan en ti: desprecio, rencor, ternura, compasión?.

Mientras tú vas recuperando de esas emociones, tu compañero de viaje ya se ha marchado, apenas has prestado atención cuando te ha presentado al desconocido como tu mayordomo, tu fiel servidor

Pero has olvidado qué nombre te dijo. Quieres acordarte porque quieres ser cortés. Así pues, recuerda: ¿Qué nombre tiene tu mayordomo?. Si no lo encuentras, no importa, ponle uno nuevo, uno que te agrade y lo identifiques con facilidad, él te servirá igualmente. (Yo conozco gente que les llama: Félix, Carmen, Fernando, Rosa, Ambrosio, Bautista, etc, elige uno que realmente te agrade a ti.).

Suponte que le llaman Félix, y él mismo te cuenta su propia historia:

“ Nací el mismo día que tú. Lo primero que aprendí es que soy tu fiel servidor. Mi vida no tiene sentido sin ti. Y aunque tú te puedes olvidar de mi presencia en tu vida, tú no puedes vivir sin mí. De tal manera, que cuando tú no estás dispuesto a velar por ti y tus bienes, mi misión es hacerlo yo. Te alejaste de tu casa al poco tiempo de nacer y has estado fuera todo este tiempo. Yo he estado aquí, esperando que este día llegara, pues aunque soy muy buen sirviente, no soy tan buen amo. Jamás podré sustituirte a ti. Tú eres el dueño y señor, tú das las órdenes y yo las ejecuto.

Puede que llegado a este punto sientas una punzada de indignación en tu pecho y le preguntes:

¿Quieres decir que yo te he ordenado que dejes la casa en este estado?.

Félix responde: Quiero decir, señor/a, que cuando te fuiste me diste unas órdenes buenas para aquél momento, que nunca cancelaste y por tanto se han mantenido vigentes Equivocadas o acertadas, señor/ra, son tus órdenes y aunque tu me ordenaras que las cambiara es lo único que yo no puedo hacer por ti.

La franqueza y la honestidad de Félix puede que te haya dejado desconcertado, pero reconoces que esa es una verdad que has de empezar a aceptar: tú eres el máximo responsable de tu vida , de cómo quieres vivirla y lo que quieres dentro y fuera de ella. Tu vida presente es el resultado de las decisiones tomadas en el pasado, algunas de ellas están totalmente obsoletas y desfasadas, necesitas elaborar nuevos planes, con nuevas órdenes para nuevos proyectos que te lleven a un futuro más pleno que el presente.

Y aquí se te presenta un gran reto: has decidido ocuparte de tu vida. Sabes que nadie empieza de cero, siempre tenemos recursos, que el que no los reconozcamos, no significan necesariamente que no los poseamos. En principio cuentas con un poderoso aliado: Tu fiel servidor. Félix. Para ser un excelente mayordomo, para ayudarte a que tu tengas una vida de excelencia, Félix necesita:

1. Saber lo que tú quieres.
2. Que le des una trayectoria por donde tú quieres que te lleve.
3. Tenerle informado cuándo tú quieres cancelar unas órdenes, dónde, cuándo, con quién sí y también con quién no.
4. Recibir tus nuevas órdenes en sustitución de las anteriores, si son contradictorias, o bien añadirlas si son complementarias de forma clara, precisa, oportuna e inequívoca, en cada ocasión.
5. Premiarle por los resultados obtenidos con reconocimiento y gratitud.

(Si se te ocurre alguna más seguro que la querrás añadir a la lista.

Yo te deseo mucho éxito en esta nueva empresa, sólo dos sugerencias más:
1. Ten paciencia para aprender a dar órdenes a Félix. Recuerda que has estado muchos años sin ejercer este derecho, dejando en sus manos esta responsabilidad.
2. Ten paciencia para que Félix aprenda a obedecer. Si bien está deseoso de servirte, y de servirte bien además, él está acostumbrado a hacer siempre lo mismo y tener que hacer cosas diferentes le venga un poco cuesta arriba.

De todos modos no se lo tomes en cuenta si las cosas no te “salen” mejor que antes, y en lugar de pensar que Félix te esté saboteando, piensa que es muy probable que esté ocurriendo alguna de las dos cosas:

A) Que algunas órdenes antiguas estén todavía vigentes y sean incongruentes con tus nuevos propósitos. Sugerencias: Cancélalas y sustitúyelas por otras renovadoras y congruentes. Dispones de todos los recursos para lograrlo.

B).- Que hayas omitido dar una nueva orden con todos los requisitos arriba indicados. Disfruta experimentando, te lo mereces.

Desde aquí yo te animo a que vivas esta aventura. ¿Acaso hay otra más estimulante y motivadora?.

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