Metafóricamente hablando: La segunda oportunidad de dios

Por María Clavel

Si bien el ser humano es limitado, su gran reto consiste en  reducir las limitaciones al máximo, no sólo en cantidad, sino en intensidad.  Nuestra forma acomodaticia de vivir ha contribuido a todo lo contrario, a que cada vez nuestro círculo de influencia sea más estrecho y angosto, dando como resultado el adormecimiento de nuestra chispa creativa que nos permite agudizar nuestros sentidos y nos estimulen a “darnos cuenta” de las oportunidades que, inevitablemente y constantemente la vida nos ofrece.

No recuerdo exactamente en que momento leí una historia parecida a ésta, que puede ilustrar esta idea:

“En un tiempo no muy lejano, en otras tierras no tan distantes y de costumbres no tan diferentes, vivía un hombre que un día decidió ir a quejarse a Dios, porque siendo un joven bueno, honrado, bien plantado y trabajador, no lograba hacer fortuna, ni conseguía que ninguna mujer quisiera casarse con él.

Un buen día, hizo un modesto hatillo y se puso en camino. Anduvo por ríos y valles hasta llegar a un bosque donde un lobo solitario le detuvo preguntándole:

– ¿ Dónde vas tan decidido?.
– Voy a quejarme a Dios. – Le respondió el joven, explicándole sus razones.
– Entiendo – dijo el lobo – Por cierto, ya que vas a verle, ¿podrías preguntarle a Dios, por qué voy solitario, corriendo todo el día, buscando comida? ¿Por qué ha creado al lobo para dejarlo morirse de hambre?.

El joven le prometió que lo haría y emprendió el camino. Pasado algún tiempo se encontró con una hermosa joven que le preguntó:

– ¿ Dónde vas tan resuelto?.
– Voy a quejarme a Dios. – Le respondió el joven, explicándole sus razones.
– Te quiero pedir un favor – le respondió la joven – Ya que vas ante Dios, háblale de mí. Dile que siendo joven, hermosa y rica me siento melancólica y triste. Pregúntale qué he de hacer para sentirme feliz.
– Así lo haré – Respondió el joven y se marchó.

Un poco más tarde se sentó a la sombra de un árbol a descansar, Era un árbol muy pobre de hojas y algo desaliñado, comparado con los de su alrededor que eran grandes y frondosos, y tras preguntarle al joven a dónde se dirigía y escuchar sus razones, el árbol le dijo:

– Si ves a Dios ¿podrías hablarle de mi?. Dile que no entiendo cuál es el sentido de mi existencia, ya que viviendo en un lugar tan hermoso, con luz y agua abundantes y una tierra tan fértil, ¿Qué he de hacer para llegar a ser como los demás árboles?.
– Te prometo que le contaré a Dios lo que te ocurre.– Respondió el joven al despedirse para seguir su camino.

Aún tuvo que andar unas cuantas jornadas hasta llegar a presencia de Dios y poder decirle:
– Sé que tratas a todos los hombres por igual, pero mírame, trabajo incesantemente día y noche, soy honrado y trabajador, y pese a todo no consigo hacer fortuna ni mujer que quiera casarse conmigo. ¿Dónde está tu justicia?.
– Te doy una segunda oportunidad para que seas rico, consigas una mujer que quiera casarse contigo y logres ser feliz. ¡Vuelve a casa!.

El joven se sintió profundamente agradecido y antes de emprender la marcha le expuso a Dios las preguntas del lobo, la joven y el árbol. Dios le respondió y el joven se emprendió entusiasmado el camino de regreso.

Cuando llegó al pie del árbol. Le transmitió la sabiduría de Dios:

-Dios me ha dicho que no puedes hacerte grande, robusto y frondoso como tus vecinos porque debajo de tus raíces se haya escondido una gran cantidad de pepitas de oro que te impiden alimentarte adecuadamente. Que te quiten ese oro y te desarrollarás debidamente.
-¡Magnifico! – dijo el árbol – ¡Cava bajo mis raíces, quítame ese oro que me impide crecer y llévatelo lejos de aquí!..

El joven respondió:
– No puedo, he de volver a casa porque Dios me ha dado una segunda oportunidad.

Y dejando al árbol con su problema se fue raudo en dirección por donde vino hasta que se encontró con la rica joven desdichada.
– ¿Qué te ha dicho Díos para mi?.- le preguntó ésta.
– Me ha dicho que teniéndolo todo, juventud, belleza y riqueza, sólo precisas un marido, desear casarte con alguien con quien compartir tanta ventura.
– ¡Cásate conmigo!¡Eres buen mozo y honrado, déjame que lo comparta contigo!.
– ¡Ni hablar! – respondió el joven – ¡Me vuelvo corriendo a casa, que Dios me ha dado una segunda oportunidad y quiero aprovecharla!.

Y siguió su camino hasta encontrarse de nuevo con el hambriento lobo, quien le preguntó:
– ¿Qué te respuesta te ha dado Díos para mi?.
– Antes de contestarte te contaré lo que me ha pasado desde que te dejé.

Y después de describirle con toda suerte de detalles sus encuentros con la joven y con el árbol, antes y después de las respuestas de Díos, el lobo impaciente le preguntó:

– Pero, ¡Dime! ¿Qué solución te ha dado para mi?.
– ¡Ah, sí!. Díos me ha dicho que es tu destino, el de alimentarte de los idiotas que se crucen en tu camino.”

De este cuento se desprenden muchas conjeturas, a mi se me ocurren unas cuantas , pero creo que será más divertido para ti que tú saques las tuyas propias. ¡Disfruta con ello!.

Sólo un par de sugerencias de mi cosecha:
a) Procura no presentarte como un idiota ante lobo alguno, puesto que suelen estar casi siempre hambrientos y no son de los que dejan pasar las oportunidades.
b) Con esto no se pretende insinuar que si aprovechas las oportunidades que la vida te ofrece te vayas a convertir en lobo, pero, sí, tal vez, en una persona con la sagacidad del lobo, y, esto resulta, después de todo, una idea bastante interesante, ¿no crees?.

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