Metafóricamente hablando: “Cuestión de preferencias”

Foto: Safari Partners(licensed Under Creative Commons)

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Por María Clavel

Hubo un tiempo en que cada ser que poblaba este planeta: rocas, plantas animales y humanos vivían en estrecha convivencia. Cada cual  sabía que la finalidad de compartir, otorgaba la verdadera importancia a la propia existencia. Era un tiempo en que la confianza convertía en un juego de niños la tarea de construir: era apasionante investigar, misterioso el explorar, y divertidísimo el experimentar.

Todavía no se ha encontrado explicación a este cambio tan espeluznante. Poco a poco aquella sociedad,-hoy considerada como una utopía-, devino en algo tan complicado, difícil y advenedizo, como la que conocemos en la actualidad.

Hay quien dice que es porque se interpuso la culpa, otros dicen que por la falta de responsabilidad, no se sabe muy bien. Lo realmente curioso es que la culpa ha llegado a ser una artilugio de tortura desde que alguien la inventó para imponer un mapa único del mundo (el suyo, claro), y todos los que lo cuestionaba se les convertía en barbacoa.

El invento fue todo un éxito, pronto los humanos aprendieron de los “deberías”, los “tienes que” y otras perlas cultivadas de los tiranos, rompiéndose de ese modo la confianza y llenando el mundo de culpables.

Esta “tradición culpatriz” todavía prevalece en nuestra sociedad actual; se ha convertido en el deporte más reverenciado, todo el mundo y en todas las culturas lo practican, es el líder, (comparado con él, el fútbol no tiene nada que hacer, que ya es decir).

En realidad nadie ha visto jamás ni una sola culpa en su vida y pese a que la ciencia no ha encontrado ni rastro de su ADN, ni tampoco en el genoma humano, todos creen fervientemente en ella; parecen decir: “No sin mi culpa”.

Todo esto da que pensar, porque, al contrario de otras posesiones que dan prestigio, la culpa da prestigio a quien no la tiene. Entonces, digo yo, si no tener culpa da prestigio, lo mejor es no tomarla, así se evita uno encontrarse con la tesitura de tenerse que librar de ella “colgándosela” a los demás: al sistema, al gobierno, al jefe, al vecino, a la familia, al perro o al canario. Eso, además de resultar aburrido, -todo el mundo juega a lo mismo y de la misma manera -, es muy delatador, le pone a uno en evidencia, le desprestigia, porque al pasar la culpa a los demás es señal inequívoca de que se tiene.

En mi opinión, por mucha tradición que sea, no es nada rentable codearse con algo tan retorcido como la culpa. Se precisa un derroche innecesario de energía. Otra cosa, sin embargo, es la responsabilidad. Tampoco es que haya visto ninguna, pero sé que me gustan las personas responsables. Y si no fíjate en estas definiciones del diccionario:

Culpa: falta más o menos grave cometida voluntariamente.

Responsabilidad: de Respondere/Responsum = responder/respuesta. Y de Habilitatem= acierto, destreza, diplomacia, discreción, ingenio, maestría, pericia, sagacidad, soltura, tacto.

Así pues si Responsabilidad es la Habilidad de Respuesta, una persona responsable es aquélla que sabe dar respuestas con acierto, destreza, diplomacia, discreción, ingenio, maestría, pericia, sagacidad, soltura, tacto.

Según estas definiciones, mientras que la culpa esclaviza, la responsabilidad hace libre al ser humano. ¿No es fantástico este descubrimientio?.

Además, las personas culpatrices están demasiado ocupadas en autocastigarse por sus errores, que les impide emprender cualquier acción que repare o compense, los daños que éstos hayan causado, y, para protegerse de su propio castigo, suelen pasar “su culpa” a los demás, que, como pelota de ping-pong, no permiten que caiga al suelo.

Las personas responsables, por el contrario, lamentan equivocarse si con ello han lastimado a alguien, incluidos a ellos mismos, y siempre hacen algo en consecuencia para restablecer sin demora la confianza. Siempre aprenden de sus equivocaciones y a diferencia de aquellos otros, se consideran libres de decidir sobre su propio destino, corren riesgos y se entregan a la experiencia sacándole todo el jugo. No necesitan pasar sus responsabilidades a otros y tampoco asumen las que no les corresponde.

Si pudieras elegir, ¿con cual de los dos grupos querrías que se te asociasen?. ¿Te imaginas un mundo sin culpables y lleno de personas responsable? ¿Tú que harías? ¿Cómo querrías que la gente te reconociera como culpatriz o como responsable? Es cuestión de preferencias.



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