Máscaras listas para caer

Foto: Nima Khosravi(Licensed Under Creative Commons)

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Por Merlina Meiler

Atraes gente que no es la indicada para ti.  Ya te ha sucedido antes: conoces a alguien, te enamoras, y luego de un tiempo te preguntas, ¿qué hago aquí?  Huyes sigilosamente, desapareces sin dejar rastro… ¿no es hora que te quites la máscara de una vez?

Eres una persona a quien los que lo rodean describen de una manera que no te es demasiado familiar. O sea, parcializan tu personalidad y sólo destacan algunos aspectos que en realidad no son tan así, según tu punto de vista. Lo real es que eres hipersensible, a un grado tan extremo de volverte vulnerable. Ante tanta desprotección, las personas como tú y yo no nos mostramos tal cual somos: creamos un Yo enajenado, que tapa las partes demasiado dolorosas para reconocer como propias. Con este fin armamos una fachada que nos permite desarrollarnos en la sociedad sin correr tantos riesgos, llamado Falso Yo, para el que usamos máscaras (a mi también me gusta llamarla caparazón) que es bien distinto a como realmente somos: simples y vulnerables.

No solemos mostrarnos así, es lógico, ¡no podemos!, ya que si tú te mostraras a la gente tal cual eres, ¿tolerarías el altísimo nivel de vulnerabilidad que te conecta a la realidad en la que vives? ¿Podrías soportar que alguien rechace o no quiera a quien realmente eres? Por eso, tu defensa es mostrar máscaras, para paliar el efecto de un rechazo. Esta fachada levanta paredes infranqueables entre las personas, ya que antes de entablar una relación el boicot ya se ha activado, y las anclas correspondientes, también.

¿Qué sucede entonces? Tú eres el que hiere primero, antes que exista la remota posibilidad de ser herido, y abandonas, mientes, engañas. No es un mecanismo consciente, ya se ha instalado en tu subconsciente, y las anclas se disparan ante cada situación similar. Además, tu Falso Yo cumple otra función: atraes gente que se ve seducida por esta fachada, el Yo social que has inventado, y no por tu Yo Interno, tu persona real. Para peor, probablemente acostumbras buscar parejas para paliar la soledad que te abruma, gozando de compañía que llene el vacío que se produce al no poder mostrarte tal cual eres, y te relacionas desde este lugar y no desde el interés genuino en la persona con quien te conectas sentimentalmente. De este modo, ya sabes de antemano que nunca llegarás a nada concreto con tus parejas, sean ocasionales o con algún rasgo de estabilidad, y así sigues en la misma tesitura, tratando de minimizar la posibilidad de sufrir. El uso de máscaras te ayuda para este propósito, ya que provocan aceptación y rechazo, al igual que las personas que se muestran tal cual son, pero sin duda es más sencillo soportar un rechazo a la máscara que al Yo Interno.

¿Mas qué sucede cuando la máscara es aceptada? Se produce un vacío aún mayor y te frustras, ya que no te quieren a ti por quien verdaderamente eres, sino a la fachada que has pergeñado. Para peor, cada tanto aparece alguien que lee a través de todas tus máscaras, que logra una empatía muy especial contigo, y se conecta con tu vulnerabilidad y tu miedo al dolor aún a pesar tuyo, por lo que te sientes desprotegido e indefenso, y no sabes bien qué hacer o cómo reaccionar, ya que en este caso tus mecanismos de defensa inconscientes que se venían activando ante las situaciones descriptas no sirven.

A esta altura, déjame decirte que quien hiere primero, hiere dos veces: a la otra persona por el maltrato o el abandono injustificados, y, por consiguiente,… a ti mismo, ya que sientes que has herido a quien no lo merecía, y además de esto, caminas por un sendero muchas veces transitado. Parece un círculo cerrado, ¡pero no lo es!

Puedes deshacerte de tus máscaras, solo si tú verdaderamente lo deseas y sientes que ha llegado el momento de hacerlo.

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