El mecanismo del chupete

Por Mari Paz Senante

Todos necesitamos aliviar nuestras tensiones de la vida cotidiana. Algunos lo hacen a través del tabaco, otros se toman una copa, otros se desahogan chillando, otros haciendo deporte, otros masticando chicle, otros toman drogas, otros haciendo algún esfuerzo físico, otros mediante la meditación o el yoga, etc. Los niños pequeños también necesitan aliviar la tensión de alguna manera. En los primeros años de vida les suceden tantas cosas nuevas que necesitan tener algún tipo de medio para superar el miedo a lo nuevo, a lo desconocido o para combatir su inquietud.

Una de las maneras más frecuentes para hacerlo es chupar. Mediante el hábito de la succión el niño experimenta un verdadero placer que le ayuda a superar sus miedos y a relajarse casi en cualquier circunstancia. Es impresionante comprobar como algunos bebés que atruenan con sus lloros a todo el vecindario dejan radicalmente de llorar cuando se les ofrece el chupete.

Tanto si se trata de chuparse el dedo como de depender del chupete es una necesidad que irá remitiendo conforme transcurran los años que el niño se haga mayor y vaya madurando.

No obstante, y a pesar de que esto es algo más que probado, también habrá momentos de regresión en los que el niño mayor se sentirá más cansado, inseguro o malhumorado y volverá esporádicamente a chuparse el dedo.

En este sentido la dependencia del dedo es mucho mas recurrente que la del chupete ya que mientras el primero siempre está siempre a su disposición, el segundo no. Además a los niños mayores les resultaría mucho más embarazoso y ridículo ir al colegio con chupete que es algo considerado para pequeños.

Algunos niños alargan esta costumbre incluso hasta la edad escolar, aún cuando se suele considerar “normal” y se consiente esta práctica hasta que el niño tiene entre tres y cuatro años.

Podemos estar seguros de que la dependencia del chupete es algo pasajero que va a desaparecer por sí solo conforme el niño vaya creciendo. Además el niño comenzará a emplear otros medios para relajarse o tranquilizarse e irá paulatinamente sustituyendo al chupete.

Las verdaderas razones que suelen impulsar a los padres a forzar este proceso suelen estar ocultos en temores que estos albergan con respecto al chupete.

Los padres son los que deciden que su hijo debe abandonar el chupete basándose en razones como que éste dificulta el desarrollo del lenguaje o que deforma la dentadura del niño.

Los especialistas no consideran que el uso del chupete sea perjudicial para los dientes durante los primeros tres años de vida, por el contrario chuparse el dedo sí que puede llegar a deformar el paladar u ocasionar la aparición de inflamaciones, infecciones o deformaciones en los dedos. (En este sentido podríamos decir que es más “sano” depender de un chupete que chuparse el dedo).

En cuanto al lenguaje, es tan sencillo como indicarle al niño que no debe hablar con el chupete en la boca puesto que así no se le entiende. No cabe ninguna duda de que si el niño quiere hacerse entender lo hará sin el chupete.

Si los padres estiman que el uso del chupete es ya tan solo un hábito en el niño, y que este ya tiene la suficiente madurez emocional como para prescindir de él, es el momento de estudiar el mejor método para conseguirlo.

No existe una única estrategia, y cada niño es distinto, lo que sí es importen es que sea él el que decida dejarlo voluntariamente: acordar con él una fecha para dejarlo, como por ejemplo el día de Navidad, el de las fiestas patronales o el de su cumpleaños, quitárselo gradualmente, dejárselo únicamente para dormir, etc…

No olvidemos que se trata de un paso más en su proceso de maduración y que debe ser por tanto algo acordado con él voluntariamente. Si le forzamos en exceso desahogará su tensión con otras prácticas quizá menos inocuas como comerse las uñas, los mocos, mordisqueando cualquier juguete o volviéndose más agresivo.

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Nuevos enfoques en educacion
Varios autores – Nuevos enfoques en educación

Podemos utilizar una analogía para explicar la forma en que podemos aumentar nuestros estilos de aprendizaje. Cuando vamos a pescar no se nos ocurre ir con un sólo anzuelo, seria absurdo algo así, porque si lo perdiéramos estaríamos desperdiciando todo el día. Igualmente, si fuéramos con un sólo anzuelo tampoco podríamos pescar diferentes tipos de peces, ya que hay distintos anzuelos apropiados para cada tipo de pescado. Tendremos más posibilidades de éxito cuantos más tipos de anzuelos llevemos en nuestra bolsa. Esto, que es algo evidente para ir a pescar, parece que no lo es tanto para bastantes estudiantes a la hora de ponerse a utilizar sus estilos de aprendizaje.
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