Lo desconocido: un maravilloso mundo

Foto: Cemark(LCC)

Por Juan Soto

Todos conocemos o incluso nosotros mismos puede que seamos de ese tipo de personas que se consideran expertas en seguridad. ¿Con esto qué quiero decir? Que evitamos lo desconocido en beneficio de saber siempre dónde vamos y a qué podemos atenernos. Este tipo de vida es en cierto modo insano e imposible de mantener, ya que el simple hecho de tener que asistir a un nuevo curso o conocer a nuevas personas nos descoloca y provoca temor.

En muchas familias, escuelas, relaciones desde muy pequeños se nos entrena para tener una actitud de cautela y precaución mediante la prudencia y evitando desarrollar nuestra curiosidad.

Es una manera de evitar lo dudoso y movernos en un mundo de lo conocido y lo seguro. Pero estas recomendaciones y educación se acaban convirtiendo en barreras psicológicas que entorpecen marcadamente nuestra realización personal en los momentos presentes.

Digamos que la exploración de lo desconocido puede ser fuente de crecimiento, animación y estímulo constante. En vez identificar lo desconocido con peligro como palabra negativa, como fuente de chascos, como lugar de riesgo innecesario, tómala como fuente de riqueza y aventura positiva.

Esto lo “mamamos” desde la más tierna infancia, empieza en familia con mensajes que buscan evitar todo aquello que sea experimentación y continua con la sociedad y los educadores: “no te pierdas”, “recuerda las respuestas adecuadas”, “permanece cerca de la gente como tú y evita a los desconocidos”.

Si este tipo de afirmaciones te acompañan y han acompañado en estos años de tu vida, es hora de desecharlas y liberarte de ellas.

Lo importante y vital en estos casos es creer en uno mismo, en nuestra propia capacidad para resolver y salir airoso de nuevas situaciones. Se trata de atravesar áreas dónde los demás no se atreven a poner el pie. Se trata de abrirse a nuevas experiencias y desenterrarnos de todas aquellas que nos han ido ahogando sin opción a desarrollar nuevas posibilidades.

Otra de las costumbres que tenemos es la de hacer las cosas solamente por alguna razón, de otro modo no las hacemos. ¿Y por qué no hacer las cosas simplemente por que queremos hacerlas? ¿En que nos beneficia tener que tener un motivo concreto y estudiado para todo? En nada, simplemente nos coarta a la hora de buscar nuevas experiencias y estimulantes.

Es bueno también hacer las cosas por hacer, sin ningún motivo aparente. Es lo mismo que cuando de pequeños nos podíamos estar dos horas jugando con una babosa simplemente por jugar, sin ninguna razón aparente.

La espontaneidad está muy relacionado con todo esto. Se trata de tomar la decisión de hacer algo en un momento, simplemente porque es algo que te gusta, que te apetece hacer.

La rigidez nos impide crecer. Nos hace hacer las cosas siempre del mismo modo, de la misma manera que lo hemos hecho siempre.


Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia

Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
– miedo a tener una Crisis de Pánico y crees que no vas a tener posibilidad de recibir ayuda.
– miedo a estar solo fuera de casa, a mezclarte con mucha gente, a hacer cola, a pasar por encima de un puente, por debajo de un túnel, subir a un ascensor, montarte en un avión, etc.

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