El orden piramidal

Por José García Vega

Como suele formularse, desde distintos campos de la ciencia: el universo tiende hacia la entropía, hacia el caos. Esto es una verdad fácilmente demostrable, puesto que no tenemos más que observar lo que sucede a nuestro alrededor. Sin una fuerza que mantenga el orden y la disciplina, en contra de la propia naturaleza de las cosas, el desorden y el caos se van adueñando de todo.

Esto ocurre de la misma manera dentro de las organizaciones humanas.

En cualquier organización humana, (asociación, institución, empresa, etc…) la propia complejidad de las relaciones entre sus miembros, de los distintos niveles y estamentos que los forman y de la propia comunicación entre ellos nace una incontrolable tendencia hacia el desorden.

Cuando esto ocurre no hay más remedio que “parar y echar el resto”, de la misma forma que lo haríamos en nuestra vida cotidiana cuando en la cocina el lavaplatos está lleno a rebosar, los cacharros se almacena con retos de comida por todas partes, no cabe nada más en el cubo de la ropa sucia, la ropa para planchar se apila en cualquier rincón de la casa, todos los muebles están cubiertos de polvo y las pelusas campan a sus anchas debajo de las camas.

Para poner orden en el mundo de las organizaciones humanas, y más concretamente en el empresarial, se encuentran las denominadas “funciones de gestión”: planificar, organizar, dirigir y controlar.

Planificar se podría definir como diseñar el camino que se va a seguir en el futuro.

Organizar es concretar cómo se va a conseguir .

Dirigir es conseguir que todos los mecanismos tanto mecánicos como humanos funcionen en la línea diseñada con anterioridad, favoreciendo que cualquier subordinado asuma la parte de responsabilidad que le corresponda.

Controlar es mucho más que medir los resultados estableciendo unos parámetros.

Dentro del control se puede hablar también de evaluar los datos y corregir aquello que no sea adecuado para corregir el rumbo sobre la marcha hacia el objetivo deseado.

En una empresa no debe haber nadie imprescindible, aunque todo el mundo debe ser necesario. Esto significa que el nivel de responsabilidad puede variar de unos puestos a otros en función de la influencia que la toma de decisiones de un puesto o de otro pueda desempeñar dentro de la organización.

Todas las organizaciones humanas están estructuradas de acuerdo con el nivel de responsabilidad de sus componentes.

La promoción de una persona de un puesto a un nivel de superior responsabilidad irá incrementado en la necesidad de que esa persona destine más tiempo y esfuerzo a tareas de gestión dentro de esa empresa.

Cuando una persona es ascendida dentro de una organización esta debe asumir nuevas responsabilidades dentro de la misma y ejercer en la medida de sus posibilidades un mayor poder y autoridad sobre sus subordinados.

El poder es otorgado en función de un puesto, de una posición dentro de la jerarquía de la empresa. Una persona tiene poder en virtud de su cargo. Ejercerlo con mejor o peor tino esta en la habilidad que ésta tenga en castigar o premiar a los demás.

Precisamente una buena utilización del poder asegura el mantenimiento del orden dentro de esa organización.

Otra cosa bien distinta, pero muy relacionada con el poder es la autoridad.

La autoridad no la concede la empresa o la organización sino aquellos a quienes se dirige, que libremente aceptan las reglas impuestas por su superior de acuerdo con el buen ejemplo, el buen hacer o el prestigio, por ejemplo, de quienes les dirige.

Los principios de jefatura, responsabilidad, poder y autoridad son claros ejemplos de cómo las organizaciones humanas se defienden contra la tendencia inequívoca de todas las cosas hacia el desorden.

Stop a la Agorafobia

Ricardo Ros – Stop a la Agorafobia

Segunda Edición

¿Qué es la agorafobia?
– ansiedad cuando te encuentras en lugares o situaciones en los que es difícil escapar si ocurre algo (o te resulta embarazoso).
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