Objetivos en una pareja

Por Merlina Meiler

Cada miembro de una pareja tiene dos objetivos diferentes: uno personal y otro en común. Se generan conflictos cuando se trata de armonizar estos dos objetivos, ya que muchas veces no coinciden en absoluto y una de las dos personas se ve obligada a ceder o, en el peor de los casos, a deshacer el vínculo aún en contra de sus sentimientos. El objetivo individual se relaciona con la satisfacción de las necesidades genuinas de cada integrante de la unión. El objetivo de pareja tiene que ver con lo que uno espera de la relación, con la idea preestablecida que cada miembro trae al vínculo acerca de los roles que deben cumplir las mujeres y los hombres. Las expectativas de que el compañero o la compañera asuman tal o cual rol (muchas veces, basado en lo que uno de los padres hizo o debió hacer, en presiones culturales o sociales, etc.) tratan de enmarcar la conducta de la otra persona, suelen ponerle límites o desaprobar deseos genuinos del otro, lo que en muchos casos llega a transformarse en materia de discusiones y desavenencias.

Hay sectores del ámbito de la pareja que pueden compartirse por completo, y algunos en los que es mejor que tomemos determinaciones solos con nuestra alma. Hay áreas personales que lógicamente se pueden conversar con quien comparte nuestra vida, como la toma de algunas decisiones cotidianas o importantes. El pedir puntos de vista o consejos alimenta el intercambio y la posibilidad de llegar a un terreno en común para que las dos partes se sientan integradas. Si nuestro compañero o compañera se siente excluida, probablemente tomará de peor manera los cambios o las decisiones individuales que queramos encarar.

En la formación de una pareja se va llegando a acuerdos inconscientes que determinan cierta manera de interactuar y complementarse. Estos acuerdos sostienen la manera en que funciona la estructura de la pareja. A veces uno de los integrantes decide (de manera consciente o inconsciente) no mejorar para no ser más que el otro, no alcanzar más metas, no ganar más dinero. Trata de que todo siga funcionando de la misma manera que cuando se creó el vínculo, bajo los mismos patrones de conducta, para que no se produzca un cambio con consecuencias imprevisibles. Las modificaciones que se producen en esta clase de acuerdos inconscientes (cambios de roles, por ejemplo) sacuden y hacen tambalear al vínculo si una de las dos personas no se adapta a los cambios individuales que el otro va teniendo, o no los acepta como lógicos del devenir de la vida y del tiempo.

Asimismo, el freno al desarrollo personal también provoca un impacto imprevisible en la pareja, a corto o largo plazo. Por ejemplo, una mujer que deja su estructura de vida para dedicarse a su esposo y a sus hijos puede llegar a experimentar una frustración muy grande con este cambio de objetivo individual si ella no está completamente de acuerdo con este rol, y si lo aceptó por patrones familiares, sociales o por imposición o acuerdo inconsciente con el marido. Asimismo, el no aceptar un puesto mejor o incluso no terminar estudios para no eclipsar de algún modo a quien comparte nuestros días es una manera de limitarnos en nuestra vida personal o profesional y en nuestras capacidades, y esto, nuevamente, en algún momento hará mella en el vínculo ya que provoca resentimientos, angustias, desvalorización, dependencia y otros sentimientos similares que sólo aportan desasosiego e incomodidad.

El relegar nuestros propios deseos en función de otros y el suponer que tiene absoluta prelación la satisfacción de las necesidades de los demás antes que las nuestras impide que identifiquemos nuestros anhelos y deseos reales, y les demos su justo lugar.

Esto genera un conflicto intrapersonal (que ocurre dentro del individuo, la persona consigo misma) que lógicamente de traspasa a un conflicto interpersonal (con el otro individuo),


 

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en este caso con la pareja, que puede traer aparejada indiferencia, malos tratos, enfermedades de toda índole, infidelidad. De este modo, este conflicto repercute negativamente en la relación. Es sustancial que los dos integrantes de la pareja se sientan contentos y satisfechos como seres humanos individuales y en lo que respecta a su vínculo con el otro. El no intentar alcanzar la realización personal o relegarse muchas veces tiene un efecto tan potente que pone en juego el bienestar e incluso la continuidad del vínculo.

Quien cree que no tiene objetivos personales y toda su vida está enfocada en otros, se equivoca. Estos objetivos están reprimidos y en algún momento harán eclosión, de una manera impensada. Todos precisamos contar con un objetivo individual propio, elegido por nosotros mismos, de acuerdo con nuestros gustos, deseos, expectativas o necesidades, por más pequeño que nos parezca, ya que esto nos dará ese aire extra que resulta esencial para seguir sintiéndonos seres únicos, que nos desarrollamos dentro de un marco de pareja y de familia. Tomar decisiones tiene un costo, no hacerlo tiene un costo mucho más elevado: la pérdida de la individualidad y todo lo que esto atañe.

Cada persona tiene el control de las riendas de su vida, y la facultad de realizar elecciones saludables. Cada persona es responsable de su destino y de determinar qué hacer y cómo vivir en el futuro, qué aceptar y qué rechazar. Asimismo, cada persona necesita alcanzar sus propios objetivos y poner sus propios límites. Si uno de los miembros de la pareja no lleva las riendas de su propia vida, el otro lo hará. Y podrá escoger a su antojo lo que hacemos y lo que no, hasta niveles impensables.

En muchos casos no resulta sencillo diferenciar entre los pensamientos, los objetivos y las aspiraciones que pertenecen a uno y aquéllos que pertenecen a la pareja. Esto está relacionado con la manera en que delimitamos nuestras fronteras como individuos y en el tiempo que hace que formamos parte de este vínculo. Si se genera confusión con respecto a lo de uno y a lo del otro, uno o ambos se ven desdibujados en lo individual y esto genera fricciones y desentendimiento, sería conveniente poner límites y ver qué parte es de cada uno y qué parte es la común en la pareja.

Es que después de un tiempo de estar juntos, los límites se entremezclan y cuesta separar el bagaje original que cada uno aportó al vínculo. Los miembros de una pareja se mimetizan en ciertos aspectos, en lo relativo a características que originariamente sólo uno poseía. Esto que puede parecer una forma de orden en la modalidad vincular y de acoplamiento a la otra persona, enmascara un caos subyacente ya que muchas de las cualidades en cuestión no le pertenecen a quien las ha incorporado, tan solo reflejan al otro. Se puede desencadenar crisis de distinta índole, y que la persona se sienta sin rumbo y no se reconozca.

De igual modo, es usual que nos encontremos con dos tendencias contradictorias y dudemos al momento de tomar una resolución si cumplir con los requerimientos individuales o los de la relación. Para elegir qué hacer, tengamos en cuenta nuestro propio bienestar y el del vínculo que deseamos preservar, sin relegar aspectos de nuestra personalidad. Al estar en sintonía con nuestro yo interno, podremos reconocer más fácilmente qué necesitamos y qué buscamos lograr en los dos ámbitos. Ser fiel a estas dos variables es la meta a alcanzar y el desafío a resolver.

 

2 Comentarios

  • Saludos, Tengo casi 10 años de casado y he pasado por muchas cosas, y en verdad te digo que este articulo es muy bueno, yo me case muy joven y hemos tenido que crecer personalmente muy rapido para poder ostentar la relacion que hoy tenemos mi esposa y yo.

  • Me ha gustado mucho, me veo identificada a mis 47 años. Muchas gracias. Un abrazo.

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