Los Estantes

olvidar

 

 

 

 

Por Merlina Meiler

Seguramente tienes un novio o un marido.  Un padrino, una amiga del alma, una ex compañera de la escuela.  Trabajas y allí se hallan tu jefe, compañeros de trabajo, el que limpia y la que prepara el café.  Te relacionas también con el vecino, la empleada del banco… Solemos encasillar a la gente y asignarle rótulos. Tal vez sea mejor no hacerlo, ya que las relaciones humanas son dinámicas y quien hoy es tu compañero de estudios, mañana quizá sea quien te lleve al altar. Pero la naturaleza humana nos predispone a encasillar a la gente y muchas veces colocamos a nuestros semejantes en “estantes” estancos sin posibilidades de expansión, y sin permitir que el vínculo crezca.

Hilando aún más fino, creo firmemente que cada uno de nosotros tiene “estantes” para las distintas áreas de necesidad de nuestra vida. Los estantes varían de tamaño y de cantidad según nuestras preferencias. Por ejemplo, el estante “amistad” para algunos tiene solamente dos separaciones, mientras que para otras personas, muchas más. Esto no está bien ni mal, son formas personales de desarrollar nuestras relaciones interpersonales.

Cuando deseamos algo, es absolutamente necesario que haya lugar en el estante correspondiente, ya que por ley física dos cosas no pueden ocupar el mismo espacio. El problema se suscita cuando no hay posibilidades de lograr algo que queremos porque el estante ya está ocupado… y no nos damos cuenta. Los adultos solemos colocar en nuestros estantes interiores sustitutos para seguir funcionando de alguna manera. En realidad, lo mejor que podríamos hacer es producir un vacío para que el objeto de nuestra necesidad sea quien lo llene, y no algo “parecido”.

Vayamos a un ejemplo concreto: si no tienes niños y tratas a tu hermana menor como niña, (aunque haya dejado los pañales hace décadas), sobreprotegiéndola y haciéndote cargo de ella y de todos los problemas y vaivenes de su existencia, es muy probable que no haya lugar en tu vida para que el anhelo de tener tu propio bebé se concrete, y por ende no te relaciones con parejas cuyo proyecto de vida sea éste.

Entonces, siguiendo la línea de nuestro ejemplo, si deseas tener una pareja pero has desarrollado una relación demasiado cercana (simbiótica) con alguien, sea familiar, amigo o mascota, y tal vez hasta además de esta situación te conformas con una relación sin compromiso, a disgusto tuyo, o en un vínculo desgastado y sin amor, el estante “pareja” está lleno, y, para peor, no de la manera que tú deseas. Que no esté vacío trae como consecuencia que tú no sientas la necesidad visceral y genuina de tener a tu lado la persona que tú mereces y con la que anhelas compartir el futuro.

¿Por qué tantas veces nos conformamos con menos, o con lo que no queremos? Es probable que no le des ningún crédito a lo que te estoy comentando, ya que es el subconsciente el que realiza estos reemplazos y no tu mente consciente. Por este motivo, tal vez consideres que muchos aspectos de tu personalidad están cubiertos, cuando en realidad con sólo una mirada puedes darte cuenta que no es así. La sensación de completud, aunque sea ficticia, provee cierto grado de bienestar efímero. Otro mecanismo muy habitual es atribuirle la no-concreción de tus anhelos a razones tales como “a mí no me toco”, “tengo mala suerte”, “ya es tarde” y otros comentarios similares, sin ningún asidero racional.

Si tienes la sensación (o la certeza) que en alguna área de tu vida no tienes lo que deseas o mereces, te propongo un juego: El Juego de los Estantes.

1. Identifica el estante de tu vida con el que no estés del todo satisfecho y ponle un nombre (por ejemplo, pareja).
2. Visualízalo. Está frente a ti. ¿Qué tamaño tiene? ¿De qué color es? ‘Qué textura? ¿Qué más te dices al pronunciar el nombre del estante? Trata de describirlo en detalle, con todos los significados que el nombre del estante connoten para ti. ¿Qué sensación física percibes al describirlo?
3. Fíjate qué hay adentro, y rotula cada cosa que encuentres en él. Si no se ajusta a la descripción del estante, crea un estante nuevo con este rótulo y visualmente coloca lo que había ahí (siguiendo nuestro ejemplo, en el estante “pareja” apareció “ex novio celoso”, crea un nuevo estante llamado “ex novio celoso” y deposítalo allí.)
4. Repite este procedimiento con cada cosa que encuentres en el estante, rotúlalas y crea tantos estantes nuevos como lo requieras, hasta que quede completamente vacío. Algunos hallazgos te harán reír (tal vez halles a “mascota tirana” o a “actor de cine que me desvela” en el estante del ejemplo) y ten en cuenta que también pueden aparecer rótulos que no te den sensaciones placenteras: crea un estante aparte para cada uno de ellos.

El estante quedó vacío, ¡bien! Tienes varios estantes nuevos que te harán compañía desde sus flamantes ubicaciones, de distintas maneras. En el futuro, cuando aparezca un nuevo reemplazo para el estante vacío que tan bien definido está ahora, (y créeme que esto sucederá más de una vez), automáticamente verás cómo creas un nuevo rótulo y un nuevo lugar, así el estante seguirá vacante hasta el momento en que ¡sin pensarlo! Te darás cuenta que ya ha sido ocupado por aquello que tú bien te mereces.

 

 


El niño que iba a resolver los problemas del universo


Ricardo Ros – El niño que iba a resolver los problemas del universo

Es fácil soñar. Para poder modificar algo primero hay que reconocer que existe. Para poder modificar la realidad, primero tenemos que centrarnos en la realidad. Si negamos la realidad nunca vamos a poder cambiarla. Puedes soñar, pero si no trabajas en contacto con la realidad, la realidad te superará y te absorberá. No estar bien psicológicamente significa no saber distinguir entre nuestros sueños y la realidad. Tienes que soñar, pero es necesario que sepas que eso no es la realidad, es sólo un sueño, un deseo, una fantasía, una ilusión. Por un lado está la imaginación, y por otro lado está la realidad.

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1 Comentario

  • Hola: He recibido este regalo de un amigo, al abrirlo he encontraro un mueble personal lleno de estantes. Mi vida, me dispondré poco a poco a mirar que tengo en ellos. Por lo pronto aquí en mi trabajo mi responsabilidad es gestionar el archivo de expedientes personales de 1700 personas. Mejor no multiplico por la de años que llevo en la empresa (39 años), más de la mitad han sido una dedicación a este tema. Siempre les comento a mis compañeros que las etiquetas deben coincidir con el nombre de la persona en cuestión, pero el contenido de sus vida es otra etiqueta y otro estante. Cambiarlos de sitio más de una vez es necesario y preciso. Lo llevaré de nuevo en estas vacaciones conmigo para renovar mis archivos personales. Gracias por esa maravillosa explicación. Un saludo

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