Los cambios psicológicos en la vejez

Por Sergei Munih

El perfil psicológico del anciano ha sido descrito siempre desde una perspectiva negativa. El declive físico que el adulto comienza a padecer cuando se acerca a la edad senil, parece corresponderse también con su deterioro psicológico. La melancolía, el egoísmo, la falta de memoria para los hechos recientes, la tozudez, el autoritarismo, la desconfianza, son rasgos que aparecen comúnmente en muchos de nuestros ancianos, pero no todos ellos pueden atribuirse únicamente a la edad.

Es cierto que con la edad algunos de los rasgos que nos han caracterizado durante toda nuestra vida parecen salir a relucir con más fuerza, por que de hecho cada uno tiene la vejez que le corresponde conforme ha sido su vida.

Nada se improvisa.

El viejo huraño ha sido sin duda un joven desconfiado y poco sociable. El viejo egoísta lo ha sido también en mayor o menor grado de joven.

No podemos ocultar el declive físico tiene una gran relación con esa evolución de las personalidades en la vejez.

Las modificaciones físicas, intelectuales y sociales que comporta modifican así mismo la percepción que cada uno tiene de sí mismo. “Las fuerzas ya no me acompañan como antes.” “Hacer cualquier cosa me cuesta cada vez más”. “No contéis conmigo ya para eso. No estoy para esos trotes”.

Esto incide a una mayor inseguridad de la persona y que se produzca una cierta ansiedad en su personalidad si ve con angustia ese cambio.

Algunos de los rasgos comunes que acompañan a muchos de los ancianos es la rigidez en sus conductas cada vez más incapaces a adaptarse a los cambios, y la consiguiente introversión que esto produce.

El anciano “desconecta del presente”, se refugia en el pasado donde fue feliz y renuncia si quiera a ejercitar su memoria más reciente. No presta atención, no le interesa.

A la mayoría de los ancianos solo les preocupan algunos temas concretos como son los religiosos, la muerte, el paso del tiempo, la salud y…el dinero.

Es conocido el amor de los ancianos por el dinero. Es comprensible. Ante una sociedad percibida cada vez como más agresiva por ellos y paralelamente una debilidad física más patente, el dinero da al anciano seguridad.

El que no tiene dinero lo vive con angustia: “¿Qué será de mí el día de mañana?”

El que tiene un poco, lo guarda con avaricia como un seguro de vida.

El que tiene mucho juega con él, para conservar su poder sobre los demás. La literatura está llena de viejas ricas que juegan con su dinero haciendo y deshaciendo testamentos, legando sus bienes a instituciones religiosas y desheredando sobrinos.

En general, el sexo femenino es consciente más pronto de su envejecimiento que el masculino. Muchas mujeres viven con angustia los cambios físicos y estéticos que el envejecimiento produce en su organismo. Estos mismos cambios son percibidos, en general, más tarde por el sexo masculino.

De todas maneras todo esto no son sino generalizaciones que poco tienen que ver con la vejez en cada persona concreta. Cada cual es de una manera distinta y vive su envejecimiento de una manera diferente.

 


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2 Comentarios

  • Es verdad, pero yo tengo 54 años y me siento a veces que todavía puedo hacer mucho y al siguiente me siento muy limitada en varios aspectos, pero lo que más me ha ayudado es el ejercicio tanto físico como mental para contrarrestrar lo terriblemente que me siento cuando creo que ya estoy envejeciendo. Gracias por su artículo en verdad me hizo que reflexionara sobre la manera de pensar acerca de la vejez.

  • Excelente reflexion, para analizar en la edad adulta.

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