Libro: Last, Cynthia G.: 5 razones por las que comemos en exceso


Ediciones Urano, Barcelona. Titulo Original: The 5 Reasons Why We Overeat. ISBN: 84-7953-361-7 PUBLICACIÓN: Marzo 2001 FORMATO: 13,5 x 21,5 cm. PÁGINAS: 210

Otros comen para sentirse con energía. Y otros, cuando se sienten estresados, no pueden parar de comer. Algunos, finalmente, utilizan la comida para escapar de los problemas cotidianos.

Es fácil reconocerse en alguno de estos ejemplos: son los cinco perfiles psicológicos que conducen al exceso de peso.. Y cada uno tiene un tratamiento psicológico distinto.

El problema del exceso de peso no sólo se resuelve controlando los alimentos que se ingieren. Si no se afrontan los problemas emocionales y conductuales subyacentes, una dieta no servirá de nada. Porque, aunque de momento nos haga adelgazar, no logrará mantenernos en el peso deseado.

Extracto

Introducción:
Por qué una dieta no resulta conveniente para todos

A sus cuarenta y nueve años, Gail ha padecido exceso de peso durante más de treinta años. Ha visto imponerse y pasar de moda muchas dietas diferentes y ha probado la mayor parte de ellas: bajas en grasas, altas en proteínas, bajas en hidratos de carbono, la «dieta del pomelo», la «dieta de la col», la «dieta del agua», las dietas que llevan el nombre del médico que las diseñó, las que llevan el nombre de distintas ciudades…

Pero independientemente del método que utilice, Gail siempre recupera el peso que ha perdido. Por este motivo tiene tres tipos de vestuario: el que lleva cuando está delgada y la aguja de la balanza marca el extremo más bajo (talla 12), el que tiene que ponerse cuando está «llenita» y ha recuperado parte del peso que había perdido (talla 14), y el de cuando está gorda y ha recuperado todo lo que había adelgazado (talla 16).

Y aunque, en estos momentos, Gail tiene problemas para que le quepa la ropa que utiliza cuando está gorda, se niega a comprar nada más. No es capaz de enfrentarse al hecho de que, a pesar de todos sus esfuerzos, todavía pesa más que antes.

Pero el caso de Gail no es único. Millones de hombres y mujeres tienen una historia de pérdida de peso similar, con altos y bajos, cimas y valles. Para estas personas —y probablemente también para ti— el control permanente del peso, en el que se consigue y se mantiene el peso ideal, parece que es algo que las elude.
Quizá la parte más difícil de mi trabajo con las personas que sufren sobrepeso sea convencerlas de que concentrarse en lo que comen no es la solución a su problema.

La industria de los productos de régimen cuenta con una larga historia en lo que respecta a promocionar cambios en la dieta y en la nutrición como medio fundamental para perder peso. Y así, influidos por esta idea, la mayoría de nosotros hemos pasado de una dieta a otra, seguido religiosamente las modas y esperado un milagro: hallar el régimen especial que nos permitirá perder el exceso de peso y no volver a recuperarlo jamás.

Si no lo conseguimos con la dieta baja en grasas, tal vez lo hagamos con la dieta baja en hidratos de carbono. Y si la baja en hidratos de carbono no funciona, mejor decidirse por la alta en proteínas. Pero aunque algunas de estas dietas nos hayan ayudado a perder unos cuantos kilos, o incluso algo más, ninguna nos ha permitido mantenernos permanentemente en ese peso.

No existe la menor duda de que casi cualquier tipo de dieta baja en calorías nos ayuda a adelgazar. Por otra parte, las «circunstancias que rodean a la comida» en la actualidad deberían facilitar el seguimiento de un programa de pérdida de peso basado en una dieta baja en calorías. En los supermercados tenemos a nuestra disposición todo tipo de productos bajos en calorías, desde entrantes congelados a pasteles de chocolate, capaces de satisfacer incluso los antojos de los más ardientes adictos al cacao. La mayoría de los restaurantes, por su parte, también ofrecen platos bajos en calorías, y las personas que viajan con frecuencia hasta pueden solicitar que en los aviones les sirvan este tipo de comidas.

Ahora bien, a pesar de tantas comodidades modernas, como nación no estamos más delgados, sino más gruesos que nunca. De hecho, a excepción de unos pocos pueblos de las islas del Pacífico, los Estados Unidos albergan a la gente con mayores problemas de sobrepeso de la Tierra. Algunos expertos argumentan que quizá seamos la sociedad más gorda que haya existido jamás en la historia del mundo.

Las investigaciones científicas demuestran que sólo un pequeño porcentaje de los adultos con exceso de peso que intentan adelgazar mediante una dieta baja en calorías, consigue alcanzar su peso ideal. Además de estos decepcionantes resultados respecto a la pérdida de peso a corto plazo, a largo plazo las nuevas sobre el mantenimiento del peso perdido todavía resultan más desalentadoras: con el tiempo, las pocas personas que consiguen su objetivo recuperarán casi todas lo que habían perdido. En otras palabras, en la batalla contra la obesidad, la recaída es la norma y no la excepción.

Al parecer, somos incapaces de ceñirnos a una dieta baja en calorías a largo plazo. De un modo u otro, inevitablemente volvemos a nuestros viejos hábitos alimentarios, en algunas ocasiones con rapidez y en otras con mayor lentitud, pero lo hacemos. ¿Por qué no somos capaces, sencillamente, de comer menos?

Pese a que casi cualquier tipo de procedimiento alimentario que se base en el control de las calorías resultará exitoso para el control del peso, para que sea verdaderamente efectivo es necesario seguir el plan. Esta afirmación quizá parezca demasiado obvia y algo simplista; por desgracia, las razones por las que la gente tiene dificultades para limitar el consumo de comida durante un periodo largo de tiempo resultan, en realidad, bastante complejas. Existen otros factores, al margen de lo que comemos, que sabotean los esfuerzos que hacemos para perder peso.

Estos factores son psicológicos y difieren según las personas.

Mientras nos sigamos concentrando en lo que comemos, en lugar de hacerlo en por qué lo comemos, continuaremos siendo una nación con sobrepeso. Para controlar nuestra alimentación y nuestro peso, debemos aceptar las verdaderas razones por las que comemos en exceso.

Si lo hacemos así, el sistema de la única dieta, efectiva para todos, dejará de tener sentido, y se reconocerá que el tratamiento para la sobrealimentación debe hacerse a medida y diseñarse específicamente para cada individuo; se necesitan distintos métodos para tratar a cada persona individualmente. Además, la naturaleza de los tratamientos debe ser psicológica y programarse para incidir de manera directa sobre los factores psicológicos específicos que originan dicha sobrealimentación.

El planteamiento de los tratamientos psicológicamente individualizados para la pérdida de peso, difiere drásticamente de la idea de que «un régimen es válido para todo el mundo», idea que ha dominado el campo de las dietas y la pérdida de peso durante casi un siglo. Además, esta manera de ver las cosas es la responsable de tu incapacidad actual para alcanzar un control de peso a largo plazo, ya que no sólo resulta imposible conseguir controlar el peso permanentemente mediante las dietas, sino que no existe un único método para perder peso que funcione para todas las personas.

Pero pese al hecho de que las «dietas milagrosas» a menudo son ilógicas o claramente peligrosas, este tipo de programas se han venido vendiendo muy bien. Observa las portadas de los libros más vendidos en la sección de dietética de cualquier librería. Los títulos dan a entender que podemos perder mucho peso en un periodo de tiempo ridículamente breve (por ejemplo, en pocos días), o que podemos comer toda la comida que queramos, y aun así, perder peso.

Como personas inteligentes sabemos que ninguna de estas afirmaciones es verdad.

No es físicamente posible perder mucho peso en un periodo muy corto de tiempo, y tampoco lo es ingerir más calorías de las que necesita nuestro cuerpo y aun así perder peso, independientemente del tipo de comida que se coma. Pero pese a todo, compramos el libro aferrados a la esperanza de que esta será la dieta que resolverá nuestro problema de una vez por todas y para siempre.

Y, mientras tanto, la industria de los productos dietéticos consigue pingües beneficios a costa de nuestros fracasos. Un negocio que prospera por nuestra incapacidad de mantenernos delgados, ya que, después de conseguir bajar de peso, seguimos siendo ansiosos consumidores, de nuevo desesperados y dispuestos a probar otra vez (léase: comprar) la próxima cura milagrosa.

Yo era una de estas personas. Quería hallar ese algo mágico que me convertiría en un ser delgado para siempre. Pero al final fue la ciencia, y no la magia, la que me rescató.

Mi historia
De algún modo supongo que fui afortunada. No me engordé hasta la adolescencia, así que me libré del ridículo y el tormento con que los niños de las escuelas primarias suelen martirizar a sus compañeros gordos. (Espero, retrospectivamente, no haber sido yo misma una de esas criaturas, aunque no lo podría asegurar.)
En el instituto nadie criticó mi apariencia de un modo abierto, pero sufrí de todos modos. Mi amor propio estaba por los suelos. Me odiaba a mí misma y me sentía consumida por la envidia; quería ser como las otras chicas, las delgadas y atractivas. Pero independientemente de la dieta que probase, y créeme, las probé todas, no conseguía ningún éxito. Necesitaba comer, aunque no era capaz de explicar exactamente el porqué.

Cuando comprendí que mi apariencia no iba a ser nunca mi punto fuerte, calculé que, si quería tener éxito, lo mejor que podía hacer era desarrollar mi intelecto. Fui a la universidad y me especialicé en psicología. Me interesé en particular por la ciencia y la terapia de la conducta; tras dos años de estudio, desarrollé un programa de pérdida de peso para mí misma basado en estos principios científicos.

Hoy, todavía son esos mismos principios los que conforman la base de mi método para perder peso.

Sorprendentemente, el programa funcionó y en seis meses me quedé delgada. Y cuando digo delgada, lo digo de verdad, ya que de la talla 11 pasé a la 5. Y no sólo perdí peso, sino que me mantuve en él. Veinte años más tarde, puedo decir con orgullo que, aunque ya no tengo la figura de una jovencita, la talla 6 me cabe a la perfección.

Por lo tanto, después de seguir este programa durante quince años, he decidido poner este método de pérdida de peso a tu disposición. Cuando utilices lo que dice este libro, en la comodidad e intimidad que te proporciona tu propio hogar, te convertirás en tu propio terapeuta. Aprenderás a identificar, a desafiar y a cambiar los factores psicológicos que te llevan a sobrealimentarte. Por medio de este método psicológico e individualizado, diseñado para evitar que comas en exceso, al final conseguirás el control de peso a largo plazo que has buscado durante tantos años.

Reemplazar la mitología por la psicología
Los hechos cantan: las dietas no funcionan. Necesitamos plantear el control de peso de un modo enteramente distinto, que resuelva el problema por completo en lugar de aportar una mejoría corta y temporal.

El enfoque psicológico para tratar la excesiva ingestión de comida ofrece una solución a largo plazo para el control de peso permanente. Este enfoque se basa en tres principios esenciales, todos ellos enraizados en la ciencia de la conducta.

Principio número 1:
Comer en exceso es un síntoma que tiene unas causas psicológicas
Antes ya he hablado del escaso éxito que los métodos tradicionales para la pérdida de peso tienen a largo plazo. Aunque reducir el número de calorías, con ayuda de todos los productos bajos en calorías que hoy tenemos a nuestra disposición, nos hace adelgazar y nos mantiene delgados, a la larga no somos capaces de mantener esta propuesta.

El procedimiento de comer menos a fin de perder peso fracasa cuando se intenta controlar el peso a largo plazo, ya que se centra en los síntomas en lugar de hacerlo en los problemas fundamentales que causan esos síntomas. Es como utilizar una venda para resolver problemas: tal vez ofrezca una mejoría a corto plazo, pero casi nunca conduce a una curación a largo plazo.

Si la sobrealimentación es el punto central del cambio, como ocurre con todos los programas de pérdida de peso existentes, la pérdida de peso será casi siempre temporal. Como sucede con cualquier problema psicológico, si los síntomas del problema son tratados sin prestar atención a la causa que los origina, con el tiempo se repetirán.

Esto explica el «síndrome del yoyó», es decir, las repetidas fluctuaciones de peso que experimentan la mayoría de las personas que están a régimen constantemente. Las dietas que se centran en lo que comes nunca son efectivas para el control de peso a largo plazo, porque, para conseguir el cambio, apuntan al blanco equivocado. Y la ingestión exagerada de comida continúa porque no se ha tratado la causa que la origina.

Los profesionales de la industria de la salud son muy conscientes de la importancia de identificar y tratar las causas originarias de los síntomas. Mediante exámenes físicos y pruebas de laboratorio, deducen qué trastorno específico es el responsable de los síntomas manifestados, y entonces, prescriben un tratamiento en conformidad.

Tomemos por ejemplo un dolor de cabeza, un problema físico corriente que puede tener gran variedad de causas posibles. Un dolor de cabeza puede ser una manifestación de estrés o un síntoma que acompaña a la gripe, puede acontecer tras un golpe en la cabeza o tras una conmoción, o en las circunstancias más extremas, estar originado por un tumor u otra anormalidad en el cerebro. Dado que los dolores de cabeza pueden provenir de distintas causas, y que esas distintas causas requieren tratamientos diferentes, resulta de la mayor importancia identificar correctamente cuál es el factor responsable del síntoma.

Imagínate que los médicos no procediesen de este modo. Supón que tratasen a todos los pacientes que se quejasen de dolor de cabeza de la misma manera y que ignorasen la etiología de los síntomas. Si esto fuese así, muchas personas no responderían al tratamiento: algunas continuarían sufriendo dolor, y otras, las más gravemente enfermas, hasta podrían llegar a morir.

La sobrealimentación, como el dolor de cabeza, es un síntoma que refleja una patología implícita. Pero en el caso de aquellas personas que tienen un exceso de peso, la patología asociada a esa condición es, por lo general, psicológica.

Nos resulta muy fácil aceptar la posibilidad de que nuestro exceso de peso esté causado por un desorden médico. Muchos de nosotros hemos esperado que el problema en cuestión fuese el resultado de un metabolismo poco activo (hipotiroidismo) y que pudiese corregirse fácilmente con una medicación. Sin embargo, la realidad es que sólo un pequeño porcentaje de la gente con sobrepeso tiene problemas médicos que contribuyen de un modo significativo a que engorden.

Para el resto, la inmensa mayoría, son los factores psicológicos implícitos los que los llevan a comer en exceso y a ganar peso.

En Charlotte podemos ver un ejemplo interesante de un síntoma físico de origen psicológico; Charlotte es una mujer casada de 55 años que tenía problemas para andar desde hacía quince. Después de numerosas pruebas y exámenes médicos, todos negativos, no se halló ninguna causa neurológica o médica que explicase su problema. Por eso me la enviaron a mí para que iniciase un tratamiento psicológico.

El matrimonio de Charlotte fue siempre un auténtico horror, pero aun así la asustaba abandonar a su marido y quedarse sola. Después de trabajar con ella, me pareció evidente que su incapacidad de andar estaba muy relacionada con el conflicto existente en su matrimonio. Sus síntomas tenían una función psicológica importante: resolvían su dilema sobre lo que debía hacer con su matrimonio porque, en las circunstancias actuales, se consideraba incapaz de abandonar a su marido ya que no podía andar.

En realidad, el verdadero problema de Charlotte eran los sentimientos de dependencia y de desamparo que la hacían permanecer en un matrimonio enfermo. Su problema para andar era tan sólo un síntoma, un reflejo, y de alguna manera, una solución a su conflicto psicológico (si no podía andar, no podía marcharse).

Si yo me hubiese concentrado en los problemas que Charlotte tenía para andar y hubiese ignorado su situación marital, le hubiese hecho una gran injusticia y ella no hubiese experimentado ninguna mejoría. Era necesario resolver las cuestiones psicológicas que originaban sus síntomas físicos a fin de que fuese capaz de andar por sí sola de nuevo.

Aunque comer en exceso y tener sobrepeso se consideren síntomas, son el reflejo de problemas psicológicos que deben ser atendidos. En ocasiones estos problemas son complejos, como en el caso de Charlotte, mientras que, en otras, se trata sencillamente de conductas improductivas y hábitos que se han aprendido y que deben desaprenderse.

La variedad de las causas psicológicas que conducen a comer en exceso nos lleva a nuestro siguiente principio.

Principio número 2:
Las causas psicológicas que originan la sobrealimentación son distintas para cada persona
Comer sin sentir hambre física no es natural. Los animales salvajes sólo lo hacen en respuesta al hambre, y lo dejan cuando están saciados. Lo mismo vale para los recién nacidos, que comen sólo hasta que han recibido una cantidad adecuada de alimento. De la misma manera, si observas a las personas que son naturalmente delgadas, comprobarás que la mayoría de ellas siguen la misma regla que los animales y los recién nacidos: comen cuando tienen hambre, paran cuando están satisfechas.

Si comer en ausencia de hambre no es un comportamiento natural, ¿por qué hay tanta gente que lo hace? ¿Por qué la gente come cuando en realidad, en el verdadero sentido fisiológico de la palabra, no está hambrienta?

Muchas personas que comen en exceso dicen que el sabor es la razón por la que comen en demasía: la comida sabe demasiado bien para resistirse a ella. Pero lo cierto es que el sabor tiene un papel bastante pequeño en el desarrollo de la sobrealimentación. Más bien, como en muchos otros comportamientos adictivos, la ingestión exagerada de alimentos se desarrolla debido a los efectos físicos (neuroquímicos) y psicológicos que esta conducta nos produce. Comer provoca cambios bioquímicos concretos en el cuerpo que resultan agradables. Y a su vez, estos efectos físicos tienen unas consecuencias psicológicas poderosas.

En el tratamiento de la sobrealimentación, la primera línea de ataque suele ser la de reducir la cantidad de comida que ingerimos. Sin embargo, esta estrategia nunca funciona a largo plazo, porque ignora la función psicológica que esta alimentación exagerada tiene en nuestra vida.

Los factores psicológicos que precipitan y perpetúan el consumo exagerado de alimentos deben ser tomados en cuenta si se quiere adquirir un control permanente sobre lo que se come. El enfoque psicológico, al prestar atención a las razones por las cuales la gente come en exceso, es decir, a la función psicológica originaria de esta conducta, elimina las verdaderas causas de la sobrealimentación y conduce a un control de peso permanente.

¿Cuáles son los factores psicológicos que nos llevan a comer en exceso?

Muchas personas que tienen este problema utilizan la comida para disminuir los sentimientos asociados a las emociones desagradables. Pero aunque esta regla general es cierta en muchas de ellas, las emociones negativas particulares, que son el resorte de la sobrealimentación, son diferentes en todas ellas.

Hay quien come para animarse cuando se siente triste. Otros utilizan la comida para relajarse cuando están tensos. Algunos individuos con exceso de peso lo hacen para aumentar su nivel de energía cuando se sienten cansados, mientras que otros comen para distraerse cuando se aburren. También hay personas que emplean la comida como un medio para no pensar en sus problemas. Y otras que comen para estar ocupadas cuando se sienten incómodas o cohibidas en situaciones sociales.

Y, por último, están los que utilizan la comida para intentar impulsarse o ayudarse a hacer algo que, en realidad, no quieren hacer.

En otras palabras, aunque muchos de nosotros nos esforzamos por cambiar nuestras emociones con la comida, los sentimientos específicamente negativos que experimentamos con frecuencia, y que resultan problemáticos para nuestro peso, discrepan.

Tomemos el ejemplo de Betty, que utiliza la comida a fin de reducir el estrés y la ansiedad; cuando está tensa o intranquila se acerca a la nevera para hallar alivio. Margaret, por el contrario, no es capaz de comer nada cuando está estresada (su estómago se resiente), pero no puede dejar de comer cuando está deprimida. Y Roberta es como ambas, Betty y Margaret, a la vez: come en exceso como respuesta a los sentimientos de ansiedad y de depresión.

Betty utiliza la comida como si fuese un tranquilizante, cuando se siente estresada; Margaret como un antidepresivo, cuando está deprimida, y Roberta lo hace por ambas razones.

Para complicar la cosa todavía más, muchas personas que comen en exceso tienen factores de conducta que contribuyen a su sobrealimentación. Si tuviésemos que hacer un cuadro de todas las combinaciones posibles de razones psicológicas que se esconden tras el consumo exagerado de alimentos, veríamos que existe una miríada de perfiles o tipos de personas que comen en exceso.

Dado que la gente difiere en el particular conjunto de emociones y de comportamientos que dan origen a este problema, el enfoque del tratamiento para superarlo también debe diferir. Esto nos conduce al principio número 3.

Principio número 3:
El control permanente del peso se consigue mediante la utilización de métodos de tratamiento psicológicos que se corresponden directamente con las causas específicas que originan el problema en cada individuo
Como la sobrealimentación es un síntoma que refleja factores psicológicos que no han sido atendidos, nos resultará imposible comer menos durante un periodo prolongado de tiempo hasta que eliminemos las causas psicológicas que provocan esta conducta.

Para manejar con éxito los factores psicológicos que originan este desorden en la alimentación, necesitamos utilizar métodos de tratamiento psicológicos. Pero, ¿qué es un tratamiento psicológico? Tu respuesta inmediata a este término quizá sea imaginarte un despacho, débilmente iluminado, en el que un señor algo mayor (tal vez con barba) sentado tras su escritorio, con bolígrafo y papel, atiende a un paciente reclinado en un diván y de espaldas a él. Aunque esta imagen sea un reflejo fiel de la terapia psicoanalítica tradicional, no representa los tipos de procedimientos que hoy utilizan comúnmente la mayoría de psicólogos.

En la actualidad, el punto central del tratamiento psicológico se basa en enseñar a la gente las destrezas específicas que puede utilizar para mejorar su vida. Además, las técnicas deben resistir el escrutinio científico, igual que ocurre con los tratamientos médicos.

Cuando hablo de utilizar procedimientos psicológicos para tratar los problemas de sobrealimentación, me refiero a ese tipo de técnicas de autoayuda. No existe ninguna magia ni misterio en estos métodos. Se trata de unas habilidades adquiridas que casi cualquier persona es capaz de comprender y aprender con facilidad. Las destrezas científicas de autoayuda que se utilicen deben relacionarse directamente con los factores psicológicos que conducen a la sobrealimentación de cada persona en particular. En otras palabras, el tratamiento debe corresponderse con el problema, y por lo tanto su enfoque debe ser individualizado.

Esta orientación es muy distinta a otros procedimientos para perder peso. La mayoría de las dietas y de los programas de control de peso mantienen que su método particular es el único medio adecuado para combatir la obesidad. La noción inherente a este enfoque es que todas las personas con exceso de peso están gruesas por la misma razón y que, por consiguiente, responderán de forma similar y con éxito al mismo y único método de tratamiento. Pero, sencillamente, éste no es el caso.

Hace poco tiempo recibí una llamada telefónica de Harry, un paciente al que había tratado hace ahora nueve años. Harry comía en exceso por ansiedad. Utilizaba la comida para reducir el estrés y para relajarse. Cuando le vi por primera vez, estaba muy grueso. Por otro lado supe que, además de su problema de peso, atravesaba por un momento de dificultades tanto en el trabajo como en su matrimonio.

Entonces, Harry y yo nos pusimos a trabajar con unas técnicas psicológicas específicamente diseñadas para reducir el estrés y la ansiedad. Cuando fue capaz de utilizar estas nuevas destrezas con éxito, empezó a perder peso. Como ya no necesitó usar la comida para relajarse, esa conducta suya tan improductiva desapareció. Y para postres, como su ansiedad también había tenido consecuencias negativas en su matrimonio y su empleo, experimentó a la vez cambios radicales en ambos campos.

En la actualidad, Harry sigue estando delgado, mantiene una magnífica relación con su mujer y tiene un gran éxito en la dirección de su propio negocio. Es un ejemplo excelente de los múltiples efectos positivos que es posible experimentar cuando se trata el problema psicológico que da origen a la sobrealimentación, en lugar de tratar la ingestión exagerada de comida en sí misma. Su ansiedad tenía un papel negativo en muchas áreas de su vida, como su peso, su matrimonio y su trabajo. Por lo tanto, una vez eliminada, experimentó una mejoría en todas ellas.

Aunque las personas que comen en exceso como Harry necesitan aprender técnicas de reducción del estrés a fin de superar sus problemas de ansiedad, también hay tratamientos apropiados para resolver problemas de sobrealimentación en otro tipo de personas.

Veamos unos cuantos ejemplos más: Nancy comía en exceso para no pensar en su fracaso matrimonial. Aprendió a afrontar y resolver sus problemas maritales y perdió más de 13 kilos. Susan utilizaba la comida como un entretenimiento.

Aprendió a disfrutar de otras actividades y perdió 11 kilos. Beverly comía para combatir la depresión. Aprendió a mejorar su ánimo sin utilizar la comida y perdió 27 kilos. Matt se sobrealimentaba para no pensar en un trabajo que no le permitía realizarse. Cuando tomó el control de su vida y cambió su posición, perdió 10 kilos. Barbara tomaba tentempiés a fin de aumentar su nivel de energía. Cuando se enfrentó a su aburrimiento y a su cansancio, perdió 7 kilos.

Años más tarde, todas estas personas todavía siguen estando delgadas, ya que cuando identificaron los problemas psicológicos específicos que las llevaban a comer en exceso, y después aplicaron los métodos de tratamiento psicológico adecuados, finalmente lograron triunfar donde antes habían fracasado.

El primer paso
A fin de disfrutar de un control de tu peso para toda la vida, lo que tienes que hacer, en primer lugar, es abandonar algunas de las creencias e ideas que has mantenido durante mucho tiempo y que obstaculizan tu camino. Deja de considerar que comer en exceso es el problema y empieza a comprender que es un síntoma de otro problema. Deja de contar las calorías y los gramos de grasa y céntrate en los factores psicológicos, tanto emocionales como de conducta, que te llevan a comer exageradamente. Es necesario que dejes de medir tu progreso por lo que te dice la balanza (al menos por el momento) y que, en lugar de ello, te concentres en el desarrollo y la práctica de nuevas destrezas. Así, al dirigir tu atención a los factores psicológicos que te llevan a comer en demasía, perderás peso. Y lo que aún es más importante, mantendrás tu nuevo peso porque habrás eliminado para siempre los problemas originarios que te hacían sobrealimentarte.

El programa en el que estás a punto de embarcarte no es una dieta. No te ofrece comidas especiales, ni menús que hay que seguir, ni tampoco recetas que probar.

Pero sí que tiene todas las herramientas psicológicas que necesitas para identificar y tratar las causas originarias de tu problema de peso.

Estás a punto de empezar un viaje que alterará de forma permanente tu peso y cambiará tu vida. Da igual que tengas que perder 5 kilos o 50, este programa te capacitará para alcanzar tu objetivo. Experimentarás, como cientos de personas más, la alegría y la libertad que se siente cuando se superan las conductas y emociones destructivas y se obtiene el control permanente de tu lo que se pesa y la vida que se lleva.

Juntos pondremos fin al en apariencia inacabable ciclo de pérdida y recuperación de peso y convertiremos la frustración y la desesperanza en victoria y alegría.

¡Ahora es el momento!

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